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Cosas horribles

mujeres iraníes
Hace poco murió apedreada una adolescente kurda, miembro de una secta de Irak, por haberse casado con un musulmán y haber cambiado de religión. Uno de los asesinos, o al menos un cómplice de este asesinato, grabó con un móvil un vídeo de esta muerte y este vídeo se puede ver en Internet. No he querido ver el vídeo y de hecho sólo leí prácticamente los titulares de la noticia, porque no quise leer más, y eso bastó para estremecerme. Desde la semana pasada la imagen y la historia de la adolescente me persiguen, incluso he tenido pesadillas. Cada asesinato de una mujer, cada muerte, significan para mí un poco como la muerte propia, como algo que se muere en mí y sé que esta muerte es sentida por muchas mujeres, con dolor. Porque nos recuerda cuántas de ellas viven bajo el miedo de ser aniquiladas de la faz de la tierra, sin poder luchar contra ese poder del macho asesino, y de los cómplices que los encubren.


Leo en El País que en Irán más de tres mil mujeres han sido detenidas por vestir "de forma indecorosa". Un simple mechón de pelo que se escape del pañuelo que cubre la cabeza puede ser motivo suficiente para ser detenida, multada y flagelada. La inmensa mayoría se visten de negro de pies a la cabeza, para evitar cualquier acoso policial, y muchas optan por salir de casa lo menos posible para evitar cualquier peligro. Cuando me entero de una noticia así, siento el dolor de estas mujeres, su falta de libertad como propia, y pienso que hay mucho que hacer y luchar sin tregua por los derechos de las mujeres, simplemente, tener el derecho a vivir, a vivir dignamente.


En este último viaje a Cuenca, mis acompañantes y yo pasamos por delante del penal de Chinchilla. Al comentar yo lo bonito que era, una de mis acompañantes me dijo: "sí, muy bonito, pero esconde una muy triste historia detrás".Y entonces me enteré que allí los presos morían de frío, que la II República lo cerró pero Franco, en una muestra de crueldad de las muchas que tuvo, lo volvió a abrir. La democracia cerró el penal definitivamente pero yo no puedo evitar pensar cuánta gente murió allí de una forma horrible.


Estas cosas horribles son las que impiden que hoy una persona pueda ser feliz plenamente. Tu entorno puede ser muy agradable pero en el fondo sabes que el mundo va muy mal, y esa angustia, esa conciencia de la maldad, nos acompaña a todos. Gracias a Dios hay mucha gente solidaria en el mundo que lucha por los derechos de los demás. Y todos debemos intentar acabar con esos monstruos que nos roban la felicidad y las ganas de vivir.

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