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Lucía Scoop

Lucía
Lucía dejaba caer su lacia melena negra sobre el teclado del ordenador mientras meditaba un titular, sin percatarse de lo atractivo de su posición. Con su traje azul klein prestado por Marga, su compañera de ático, que presumía con razón de tener un armario de ensueño, Lucía Scoop estaba muy elegante. Tanto, que desentonaba bastante con el entorno pero Jorge, el redactor-jefe, siempre pensó que esta chica tenía algo…algo sexy e indefinible.

Ese domingo se celebraban en el casco antiguo de la ciudad las fiestas de las Cruces de Mayo. Como Lucía estaba de guardia en el periódico, y en domingo escasean las noticias, cogió su bloc de notas, su cámara y su grabadora. Cuando salía, se acordó de su profesor de la facultad que decía que siempre había que ir con la grabadora y con el bloc de notas. Recordó claramente como éste insistía que el bloc de notas es necesario para recoger el ambiente que no se puede grabar ni fotografiar: olores, sensaciones…

Serían sobre las once de la mañana y antes de realizar una rutinaria prospección del terreno, se dio cuenta que uno de los bares de marcha de la zona tenía la persiana medio bajada y en la calle se oía un poco la música disco. De repente salieron del bar dos conocidos de la noche, que le invitaron efusivamente a entrar, dándole grandes abrazos y comentándole lo guapísima que iba, pero es de Sybilla eso que llevas puestooooo…?.

El cambio de luminosidad al entrar en el local le dejó K.O., pero Lucía entró porque tenía curiosidad por ver cómo la gente se divierte a esa hora de la mañana, después de no haber pegado ojo en todo la noche. De pronto se vio inmersa en un ambiente oscuro, con la música demasiado alta, y todo le pareció muy surrealista, como de pesadilla. Para colmo, Javier y Pepa insistían en que se tomara una copa y Lucía sólo acertaba a farfullar tímidamente que lo único que le apetecía era un café y un croissant. En cuanto pudo, se escapó de allí para realizar su trabajo.

Se acercó a la plaza del Carmen y habló allí con los vecinos sobre cómo iban las fiestas. Como iba tan guapa, le contaron todas las actividades festeras con todo lujo de detalles: el pasacalle de pijamas, el adorno de las calles, los almuerzos populares, la verbena hasta altas horas de la madrugada…Sacó de ellos mucha información y se fue a visitar las hermosas calles floridas, cuajadas de geranios. Hizo varias fotografías y volvió al periódico. El artículo le quedó bien pero Lucía no hacía más que pensar en los amigos de la disco mañanera y en lo peligrosa que puede ser la noche…

En ese momento, pasó Jorge, el redactor-jefe, y con una sonrisa de oreja a oreja le pegó un soplido en la cara levantándole algunos cabellos. Lucía se rió a gusto con ese gesto tan inocente y le dijo: “ey, Jorge, déjame que haga un reportaje sobre la noche…”. Y su jefe respondió: “muy bien, muy bien, pero, ja, no se te ocurra perderte en ella”. Y con paso alegre y tan contento se fue a consultar una buena pila de faxes en su despacho. Lucía lo vio marchar y miró fijamente su anillo en forma de mariposa, meditó un momento y el perfecto titular apareció sin más.


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