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Por el camino amarillo





El Mago de Oz

Estoy volviendo a ver El mago de Oz, una película clave porque se rodó en 1939, justo a finales de la década en que llegó el color al cine, que tuvo que ser algo maravilloso para los espectadores de aquella época, después de años de dura crisis económica tras el crack de 1929.



La película empieza en blanco y negro (en realidad un sepia desvaído) y cuando Dorita llega al Reino de Oz se produce la explosión de color. Los realizadores de aquella época también estaban alucinados con el novísimo material plástico y por eso hay esa abundancia de plásticos en la película, las flores, los decorados, la muy plastificada corona del Hada Buena del Norte… El camino que siguen los protagonistas es rabiosamente amarillo (y se pintó enterito a mano) y los zapatos mágicos de Dorita, que iban a ser en un principio plateados, se convirtieron en rojos para darles un mayor protagonismo.



Llegó el color en la década de los treinta y se rodaron películas que abusaron del color, impresionados como estaban los creadores del cine por el descubrimiento. De 1939 es también Lo que el viento se llevó, y quién no recuerda los atardeceres rojos de Tara o los maravillosos vestidos de Escarlata. La llegada del color para creadores y espectadores, tuvo que ser una experiencia nueva y excitante, muy similar a la experiencia producida por la llegada del sonido en la década anterior.



Ciudad Esmeralda

Algo que me perturba sin embargo de El Mago de Oz es la presencia de los enanos, los Pequeños de la Ciudad Esmeralda. Viendo esa película me doy cuenta que a lo largo de la historia del cine los enanos han aparecido en múltiples ocasiones, pero que ahora ya no aparecen tanto…aparecen en La parada de los monstruos, en Buñuel, o Bergman, ahora los enanos ya no son tan políticamente correctos, pero a lo mejor están más faltos de trabajo.



También me perturba mucho que después de andar todo el camino amarillo y llegar a la Ciudad Esmeralda, donde todo es verde, el Mago de Oz sea una trampa impresentable. Acostumbrado mi rorro como está a los finales felices en los cuentos, no sé cómo explicarle esto. Quizás Dorita ya sabía de un modo inconsciente la forma de emprender el camino de vuelta a casa antes de empezar su gran aventura, sin necesidad de ningún Mago de Oz, pero de alguna forma necesitaba recorrer ese camino en compañía de otros para encontrar ciertas respuestas.



La banda sonora es estupenda aunque los protagonistas están “rompiendo a cantar” todo el rato, tal y como se estilaba en los musicales de la época, que todavía andaban flipando con las posibilidades del sonido. Me quedo sin duda con esta maravillosa canción, Somewhere in the rainbow, cantada por Judy Garland.



Un saludo


arco iris


2 comentarios:

Jose

A parte de la música, que a mi me recuerda a Rainbow, un grupo de heavy, que creo que tomó su nombre de la película, me hizo mucha gracia el comienzo.
Cuando directamente se carga a la mala de la película, la bruja del Norte, con lo que nos quedamos sin mala oficial, y además solo vemos dos zapatos de ella

Carmen M

Pero la mala tiene una hermana que defiende su honor, que también es bruja y que hace sufrir mucho a Dorita, que es todo candor e inocencia...pero sí, es moderno eso de cargarse al antagonista en los primeros minutos de la película. Besos, y gracias por venir por aquí..

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