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Victoria...

Veo a Victoria Abril en la tele promocionando su última película Oscar. Una pasión surrealista y me confiesa, nos confiesa a todos, que su vida fue muy, muy dura y que salió de un orfelinato horrible a la edad de diez años. A los dos días la veo en la portada de una revista de psicología diciendo “soy de las cobardes que tiran para adelante”. Victoria vuelve a hacer honor a su nombre y se reinventa a sí misma ordenando los trapos sucios a la vista de todos. Gracias por eso.

Victoria Abril

Y con esta confesión estoy segura que esta dama del cine habrá llegado a un momento de su vida en que habrá necesitado contarlo para sentirse en paz consigo misma. Y es que estas cosas hay que contarlas y además yo ya la admiraba muchísimo, por su alegría, porque es una actriz como la copa de un pino pero ahora entiendo esa pasión entregada por la vida, ese “este día (y el otro y el otro) es un regalo porque nunca jamás creí que llegara a disfrutarlo”. Y ahí están esos días, Victoria…

Victoria Abril pasó no por un orfelinato sino por un campo de concentración, porque todo lo que contaba me recordaba mucho todo lo que he leído sobre personas que han pasado por esas horribles circunstancias.

Se te hiela la sangre cuando aún hoy dice que sigue pensando que “encuentra lógico” que no hubiera amor, pero que todavía no entiende por qué no había por lo menos ternura. Que cuando salio de allí la vida le pareció maravillosa, que se lo sigue pareciendo!, y que sigue flipando con su libertad, y que desde que salió de allí, decidió vivir siempre enamorada.

Las personas que han pasado por experiencias extremas, y que luego lo cuentan, me impactan. Nunca olvidan, no hay olvido para tanto dolor, pero deciden estrujar la vida al máximo, disfrutarla, saborearla y nos dan una gran lección a todos con su gran amor por la vida.

Victoria ha concedido siempre muy pocas entrevistas y las pocas que concedía, yo me las bebía. Aún me ando riendo con una de hace años en la que confesaba que su madre siempre le andaba recriminando por decir tantas palabrotas. Y a mí me encantaban sus palabrotas, y que fuera tan cáustica. A día de hoy, las entiendo mucho mejor.

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