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El bar de abajo








Me parece que ya nunca más volveremos a bajar al bar de abajo. Una pena, porque se había convertido en centro de reunión de los colegas del periódico, nos pilla súper a mano a Marga y a mí, el hombre se había convertido en nuestro 24 horas particular, y allí bajábamos raudas y veloces cuando a última hora nos faltaba el pan, la leche, las cervezas.

Marga al principio no quería bajar, porque dice que el bar es cutre, pero yo siempre quedaba ahí con mis colegas periodistas precisamente para no vaciarle la nevera a mi amiga con nuestras tertulias arregla-mundos hasta altas horas de la madrugada. El caso es que habrá bajado tres veces a lo sumo (la tercera contando la de ayer) y eso atraída por nuestras historias de periodistas, que le hacen reír.

El caso es que cuando fue a pagar, (baja poco pero paga ella, porque Marga se puede permitir esas gracias), había varias personas intentando hacerlo en la barra, y Marga se impacientó y dijo: tengo prisa, por favor. Y entonces va el tío y le espeta que ella tenía prisa como todas, para irse corriendo a ver la novela. Qué has dicho.

Y como si la escena se hubiera desarrollado a cámara lenta, como algo fílmico, externo a mí, y por lo tanto ajeno e inasible, Marga pegó un brinco del taburete, y muy cabreada, que yo veía que casi se subía a la barra para coger de la pechera al sujeto, e hincando con todas sus ganas su rodilla sobre el taburete para darse impulso, se dirigió al tío diciéndole que qué se había pensado, que ella era profesora, que se tenía que ir a trabajar, que ella no veía novelas, y que si a partir de ahora se tenía que colgar el curriculum vitae a la espalda para que así la tratara con un poco más de respeto.

Que tenía toda la razón, lo que pasa es que las tías muchas veces pactamos con nosotras mismas un principio de tranquilidad y no siempre respondemos a todas las tonterías que nos dicen, porque nos llevaría mucho desgaste de energía el tema. Que lo que le he dicho yo: Marga, mala suerte, pero relativa, imagina que te toca un energúmeno así, pero en el trabajo, esto, con no volver más, se acabó.

Así que, por solidaridad, no hemos vuelto a ir por el bar ni mis colegas ni yo. Ahora me ando tres manzanas y nos reunimos en el bar de una chica muy amable que no parece que vaya a salirnos con ninguna tontería por el estilo.

Y el caso es que en el bar de “no saber con quién te metes” nos poníamos morados a patatas a la brava, las mejores del barrio. Creo que el hombre, que de vez en cuando me saluda con la mano, sigue sin saber por qué no hemos vuelto nunca más por su local. En fin.




2 comentarios:

VeRo // C.S.

caí aquí como caen las gotas.. al azar, irremediablemente y satisfechas de haber caído aunque mojemos todo..

pero qué precioso blog.. me recuerda a mi amiga Carmen la españolita.. quien es maestra también y extraño mucho jaja supongo que el nombre me cautivó pero las letras, las letras me las llevo de tarea conmigo.


un beso.

V.

Carmen M

Bueno, muchísimas gracias por tus palabras, has caído aquí por casualidad y me alegro que te haya gustado mi blog, blog que hago con todo el cariño.
Gracias! Un beso

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