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Procesiones y tortillas








Ufff, por fin me siento al ordenador. Hemos llevado Marga y yo una semana la mar de animada en casa. Hemos tenido a un grupo de holandeses, amigos de Marga, que se han visto todas las procesiones de Semana Santa habidas y por haber y yo me he estado encargando de la cocina, encantada, que Marga me trajo de todo y los holandeses andaban palmoteándome todo el día y haciendome la ola con mis tortillas de patata a granel . Qué buena gente.


Catherine es la que más nos ha podido preocupar en un momento dado, aunque nos pareció a Marga y a mí que ya al coger el avión de vuelta a Holanda iba descendiendo del estado de shock que le supuso ver su primera procesión.


Catherine vino muerta del susto el primer día cuando vio a los nazarenos con sus capirotes, que se pensó que venía el Ku-Klux-clan y que se fijó que casi todas las tallas de los pasos estaban salpicadas de sangre.


“Pero esto qué eeeessss?”, farfullaba en su débil español. Qué sangre, le contestamos nosotras, pero si esta Semana Santa mediterránea es suaveee, vete, vete para tierra adentro, que vas a flipar.


Y Marga apostilló: Pues si te vas a Filipinas, allí se flagelan que es un primor…


Los ojos de Catherine hacían chiribitas. Españoles muy fuertes, no paraba de repetir.


Y de pronto a Marga le dio un ataque de risa y empezó a contar de una mujer de su pueblo más roja que el tomate pero que sin embargo era un prodigio cosiendo mantos bordados en oro, se ganaba la vida muy bien cosiendo estos mantos para hermandades, y luegos los ponía a todos a parir, y no paraba de repetir que estaban todo el día rezando y que algunos eran más malos que el dolor. Marga se siguió riendo ella sola varios minutos más, y yo me reía de verla y porque la anécdota estaba muy bien. Los holandeses, angelicos, en esta ocasión, no se enteraron de nada pero se les veía muy contentos.


El resto del grupo excepto Catherine, encantados con las procesiones. Impresionante. Impactante, son los adjetivos que han usado. Han alabado los arreglos florales de los pasos, las ricas vestiduras, la iluminación nocturna y sobre todo el ambiente de respeto y devoción que se respiraba en la calle. Peter, que es músico, no hacía más que hablar de las saetas, de lo mucho que le habían gustado, y había pillado en la Fnac varios cd,s que no dudo en echar a la maleta.


Ahora que se han ido, tengo una mezcla de tranquilidad pero también de vacuidad en la casa. Miau ha vuelto a aparecer después de varios días, Marga se prepara con mimo para irse de fiesta esta noche y a lo lejos las luces tranquilas, urbanas, de domingo, se van encendiendo.


2 comentarios:

Anónimo

Pues, sí, debe ser un impacto de narices lo que le pasó a esa chica con nuestras procesiones. Aquí, como estamos acostumbrados, nos parece tan normal. Pero muy normal no es que sea la cosa. Yo también flipo con los filipinos y los que se autoflagelan por estos lares.
Menos mal que están Salzillo y Benlliure y la cosa se dulcifica.
Un cordial saludo.
Olga

Carmen M

Si, bueno, si impresiona a los que somos de aqui...no digamos al que lo ve por primera vez. Gracias por tu comentario, Olga.

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