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Ser un asocial





Leo en el Babelia de El País una entrevista de Octavi Martí a Pascal Quignard y me quedo admirada de la inteligencia preclara de este escritor francés, con más de veinte obras publicadas y premio Goncourt en 2002. Ahora se publican en España sus obras Villa Amalia y Las sombras errantes. La entrevista me impulsa a planear una excursión a la Fnac, para leer a este autor que además escribe poesía en latín, es un reconocido músico y habla de literatura, vida y música con magnífica propiedad.

Me voy bebiendo la entrevista, se me hace corta, y al final me quedo imantada con el último fragmento, que reproduzco aquí, y sus palabras se me aparecen cercanas y conocidas:

"Cuando escribo una novela me siento como un ciervo que se aleja y busca la paz en el corazón del bosque. Hoy parece difícil comprender eso, pero hay un placer muy intenso en el gesto de marchar, de alejarse de cierta cotidianeidad. Hace 13 años que dejé la seguridad de un trabajo y corté con el mundo editorial. Los primeros meses, el primer año, es extraño: no tienes citas, comidas, cenas, entrevistas organizadas. Nadie te llama. Hay una cierta forma de venganza, que es lógica, porque si tú has querido alejarte, los demás sienten eso con cierta agresividad. La sociedad tiende a comportarse de manera mafiosa. Mire, en el siglo XVII, un comerciante o un magistrado, cuando cumplía los 50, tenía derecho a consagrar el resto de su vida a Dios. Ahora la obsesión es mantener los vínculos sociales hasta el último minuto, entretener a los jubilados o hacerles trabajar de nuevo. No te dejan escapar hacia una relación más vertical, como la que podían buscar los eremitas o quienes se refugiaban en un convento. Eso permite tener una mirada distinta sobre lo que es tener una vida plena, sobre lo que es la felicidad. Creo que una de las cosas más tristes, más siniestras que le pueden ocurrir a uno es tener que simular alegría y felicidad todo el tiempo, como esas personas que viven de salir en la pequeña pantalla: me suicidaría si tuviese como oficio el ser feliz por obligación. ¡Qué suplicio!"

La creatividad tiene eso, de vez en cuando te retiras a tu santuario y sí, hay algo de solitario, íntimo y hermoso en el hecho de escribir. Y cuando te preguntan ¿cómo estas?, hay que contestar como decía uno de los hermanos Ozores: "yo muy bien: vivo conmigo". Hay que saber estar solo, entretenerse con uno mismo.
La entrevista de Pascal Quignard me ha hecho acordarme de una antigua amiga que se cansó del Protocolo. Estudió tres años de Protocolo en una prestigiosa universidad y su vida se convirtió en una vorágine de actos, eventos, cenas, compromisos...Pues llego el día en que se hartó, y lo dejó todo. Ahora es muy feliz en un trabajo de 8 a 3 y entiende que cenar en su casa con su familia es el mayor de los premios posibles.
En realidad siempre he admirado a la gente que necesita retirarse para crear, porque sé que luego vuelven trayendo entre sus manos cosas muy hermosas. Y hay algo de pernicioso en la excesiva sociabilidad, porque uno no tiene tiempo de estar a gusto consigo mismo, a menudo. Si eso es ser un asocial...pues será verdad.

2 comentarios:

Anónimo

Magnífico post, Carmen. La soledad elegida, el aislamiento elegido, aunque sea por unas pocas horas al día, son muy enriquecedores ya que nos permiten "vivir contigo misma". Se trata de encontrar un grado de descanso interior, de bienestar, que se convierte sin buscarlo en un manantial de ideas y decisiones. Somos seres sociales, pero no es preciso estar en el candelero todo el tiempo. Es mejor buscar el equilibrio interior y si tuviera la obligación de ir de sarao en sarao, de foto en foto, con una sonrisa de oreja a oreja, porque la ocasión lo requiere, creo que me sentiría fatal. Hace cierto tiempo tuve un accidente que me ha dejado secuelas. En cierto aspecto ha sido estupendo: se han ido los que no necesitaba, los que mermaban mi quietud. Se han quedado los que me quieren como soy, con mis virtudes y mis defectos. A todos, a unos y a otros, les doy las gracias.
Gracias sobre todo a los que respetan mi tiempo, mis tiempos.
Olga

Carmen M

Gracias por tu comentario, Olga, veo que compartes el espiritu del post. Como tu dices, somos seres sociales pero una cierta quietud es necesaria, la soledad elegida es un regalo a la hora de la creatividad.
Un abrazo

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