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Uff, señores, cómo está la justicia





justicia

Hoy me he ido a acompañar a mi compañera de guerrilla Loli a solicitar asistencia jurídica gratuita. Loli está que arde, trabaja en condiciones deplorables en un periódico de la competencia por 600 miserables euros al mes domingos y festivos, y además se ha enterado de que la quieren tirar a la calle. Líbreme Dios de caer en una empresa periodística de esa calaña, aunque en la mía tampoco es que aten los perros con longaniza.

Lo primero que te desanima ante esto de solicitar justicia gratuita es que la “salita” de espera está a tope de gente. Incluso madrugando bastante es posible que te pases allí tus buenas dos o tres horas, sin sillas para sentarse, pero con un rincón para fumadores, todo un detalle. Así que ahí está la clave de la justicia gratuita en este país: si aguantas las largas colas siempre que vas, siempre que llevas documentos, porque no hay cita previa ni reparten números como en la carnicería, pues te ganas un abogado de turno de oficio: premio.

Loli estaba con un estrés que no veas, y como quiérase que aquello parecía un pase de modelos de primera, que estas abogadas van todas dándole al tacón entre vista y vista, se ha dedicado a hacerle la ficha técnica a los respectivos modelos: ésta va de Versace, esta pobre, por mucho que quiera…, ésta parece Penélope Cruz, tacón quebrado: lo más.

Durante la larga espera hemos conocido a Lara, fantástica, que decía a voz en grito que casi todas las que estaban allí era porque sus ex las estaban puteando de lo lindo, a lo que una señora hispanoamericana no hacía más que asentir, y a un señor que se quería colar porque decía que se tenía que ir a Venezuela, a lo que nosotras contestamos muy campantes que nos teníamos que ir a la otra punta de la ciudad, “y no vea usted como está el tráfico”.

Como fuera que el hombre creyó que Loli y yo estábamos tan a gusto con su conversación, nos ha contado con pelos y señales todas sus cuitas legales con su comunidad de vecinos, enseñándonos uno por uno todos los recibos pagados. Loli, de los nervios, se mesaba los cabellos y no hacía más que decirle: eso, enséñeselo a su abogada, haga el favor. Detalle: las abogadas de turno de oficio son todas chicas.

Mi amiga ha salido contenta de allí, porque le han dicho que tiene posibilidades. Y yo me he venido pensando la cantidad de gente que necesita ayuda, porque hay mucho pillo engañando y estafando. Y que en el lapso de dos horas se puede aprender mucho sobre la condición humana cuando se encuentra sometida a circunstancias agobiantes y excepcionales.

A pesar del interesante análisis humano que procura la situación, espero no volver por allí excepto en calidad de acompañante, porque como dice una maldición gitana: que en juicios te veas y los ganes, que si no…

Lucía Scoop






2 comentarios:

Anónimo

Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeenísmo.
Y además es verdad.

Carmen

Gracias:D

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