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Final de curso





Hoy Marga ha venido fritita del instituto. La verdad es que lleva quemada varias semanas porque ahora a final de curso se le junta todo: corregir, evaluaciones, presentar memorias y programaciones didácticas, atender la progresión de los alumnos que están haciendo prácticas en las empresas audiovisuales… en fin, no ve el día de coger las vacaciones.

Que el resto de los profesores también anda tenso por la presión del trabajo y surgen fricciones inevitables, y como dice Marga: con quien te has llevado mal todo el curso, ahora te llevas peor.

Para colmo el Tamagochi, nombre popular para el sistema informático de control de las faltas de asistencia, se ha descuajaringado del todo, el informático no aparece, los alumnos están encantados, fumándose todas las clases posibles, y la directiva de los nervios.

Que los niños, veinteañeros en este caso, (este curso todos los alumnos futuros técnicos de sonido son chicos, y el año pasado sólo había una chica) están ya pasados de rosca. Están cansados de todo el curso, hace más calor y para colmo andan con las hormonas revoloteadas ante tanta piel femenina emergente después de meses de jersey y les cuesta concentrarse.

Y me ha hablado de un alumno que ya nos llamó la atención a principio de curso, cuando Marga pasó un cuestionario para la evaluación inicial y les hizo a los alumnos una pregunta básica para detectar deseos y anhelos: ¿Qué es lo que más ilusión te hace en esta vida? Y va el tío y suelta: llegar a mi casa y que no haya nadie. Qué ocurrencia. Todavía nos andamos riendo con eso meses después.

El caso es que el chico no hace más que llorarle a Marga con que la empresa en la que está realizando las prácticas le hace trabajar los sábados y los domingos. Y mi amiga no hace más que decirle: Vamos a ver ¿tú que has estudiado?. Y el chico le contesta con los ojos muy abiertos, como si no entendiera bien la pregunta: Técnico de televisión. Ah, ¿y tú ves que la tele se apague los sábados y los domingos? no, verdad? espabilaaaaaaaaaaaa.

Así que Marga no anda muy allá estos días y no hace más que someterse a tratamientos anti-estrés y como no tiene tiempo para irse de compras, en cuanto puede se pone la mascarilla y se mete en el jacuzzi “aunque sean 10 minutos”. Para animarse, piensa en su próximo viaje a Cerdeña con las amigas y se pone fotos de playas maravillosas en el despacho para cuando levanta la vista de corregir.

Yo le digo entre risas: anda y revolotea todos esos papeles como si fueran cartas parlantes de Harry Potter y a los que caigan fuera de la mesa del despacho, apruébalos. Jaja, me dice Marga, ¿quién no ha pensado en hacer algo así?


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