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La pecivendola





pecivendola
Sara, la amiga de Silvia, baila con los puñitos cerrados como si fuera la vendedora de pescado Sofía Loren en la película “Pan, Amor y….”, que sólo le falta gritar cuando baila soy una “pecivendola”. Sofia Loren estaba estupenda en esa película, película que vi hace años, pero muchos, y que me hace sonreir cuando la recuerdo.

Como la Loren, Sara aprovecha este movimiento de puños, con los brazos muy estiraditos, para realizar un giro certero sobre sus talones, muy graciosamente, dando un golpe con la cadera en el aire. Termina la pirueta tan profesional como una bailarina, con una gran sonrisa que le ilumina la cara, adonde asoman un montón de mechones rubios revoltosos.

La otra noche Sara y Silvia consiguieron arrancarme de las garras de Internet, que en eso cada día me parezco más a Enjuto Mojamuto (;D) y me fui de marcha con las dos. Previo a la marcha decidimos homenajearnos con un buen tapeo en un restaurante y comenzó la tertulia. Parloteábamos sin parar.

Silvia y yo nos quedamos de piedra cuando Sara nos sacó de su shopping bag un montón de mails impresos con las últimas cartas que había escrito a sus múltiples amantes. Estupefactas y ya con la risa floja, la animamos a leer. Sara nos leía y además apostillaba entre mail y mail: Bien, eh? Ahí le he dicho cuatro verdades. Al cuarto mail Silvia y yo decidimos que ya estaba bien, y muertas de risa le dijimos: pues tú vas a leer también, y yo le saqué las tarjetas de todos mis blogs y Silvia le habló de su último libro recién publicado. Nunca pensé que alguien me leería sus cartas de amor, de desamor, en una cena.

También hemos comentado las últimas noticias, (este verano está siendo pródigo en noticias, no todas buenas), entre ellas la del bebé que murió porque su padre lo dejó durante horas a pleno sol encerrado en un coche.

Mientras Sara leía sus mails con grandes aspavientos, Silvia garabateaba en una servilleta. A Silvia la noticia del bebé le ha inspirado un relato y nos ha leído las primeras líneas: La mujer le cruzó la cara y musitó por lo bajo: asesino. Él se derrumbó en el suelo y comenzó a llorar. La mujer le volvió a abofetear cuando él dijo: no me di cuenta, no lo pensé.

Desarróllalo. Es una muy buena historia, sobre las terribles consecuencias de una acción como ésa, muy triste pero buena.

Cuando fuímos a pagar, nos cobraron un montón de euros por tres tapas y una ensalada, ninguna novedad en estos tiempos de crisis económica e inflación galopante. Yo les comenté que si esto seguía así se acababa la cultura del tapeo popular, que eso es muy fuerte en un país como el nuestro, que nos encanta estar en la calle. Que en Noruega beben y comen en su casa, porque hace mucho frío y porque por una cerveza les cobran 12 euros, pero que nosotros pasamos mucho calor y es un gusto refrescarse en una terraza al caer la noche.

Después, nos fuímos a bailar. Sara ligó y Silvia y yo nos volvimos andando a casa en agradable charla. Mi amiga me dijo que fuera menos ermitaña y saliera más por la noche. Ah, no, ni hablar, a mí no se me ha perdido nada por ahí.

Me dio un beso y se despidió de mí. Eres incorregible, Lucía. Sí, sí.

Lucia Scoop

2 comentarios:

amor y libertad

yo peco también de adicto a internet, no salgo mucho, a veces sí, me gusta ver a la gente como es de verdad

bs

Carmen

Bueno, yo tengo mi particular conflicto con la sociabilidad, me encanta la gente pero tambien me gusta retirarme a escribir, soy bastante lobo solitario y no me parece mal, porque disfruto mucho con lo que hago. Pero todos necesitamos un contacto social con los demas, gente a la que apreciar y compartir buenos momentos, asi que la cuestion es encontrar un equilibrio entre la vida social y el necesario retiro voluntario para crear.
Gracias por venir, un saludo

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