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La piscina






El 2 de agosto Clara visitó por primera vez la piscina municipal, una piscina maravillosa, con la temperatura del agua perfecta. Pero pronto descubrió que la piscina era un microcosmos lleno de estrictas normas que no estaban escritas en ninguna parte.

Le amonestaban por todo. Cualquiera sin identificación que luego resultaba que era un monitor, y había muchos monitores. No cojas los juguetes de los cursillos de natación. Dúchate. No comas ni bebas, no fumes. Eso que llevas no son chanclas. Se te escapan los cabellos del gorro. No se pueden usar manguitos. No puedes entrar con ropa de calle (aunque ellos y ellas sí llevan ropa deportiva muy mona). Hoy tienes que pagar en la máquina (y la máquina nunca iba).

Al principio Clara se indignó y pensó en no volver más por allí. Pero el médico le había recomendado nadar y decidió acatar las normas durante todo el verano.

Un día salió de la piscina y sintió un leve mareo. Cuando llegó al coche, tenía una multa, pero no era una multa normal. Se le acercó un joven y le dijo que tenía que pagar la multa, pero no llevaba placa ni identificación ninguna. Le dijo que le llegaría la notificación por correo y se despidió. Una certeza temerosa se iba asentando en el corazón de Clara.

Fue al quiosco y la quiosquera le recriminó no haberse llevado la revista de cine que tenía encargada y que ella le guardaba celosamente durante un mes. Angustiada, se lo contó a su madre, que le montó un pollo impresionante por falta de civismo.

Se dirigió a su habitación y miró por la ventana: el parque, el parking de coches, el centro comercial, los edificios de enfrente, todos estaban rodeados de agua. Miró a su madre, apoyada en la puerta, que seguía recriminándola con la mirada.

Encendió la radio. Silencio absoluto. Al poco, el locutor dijo una frase. Una sola. Clara, ahora vives en la piscina.


2 comentarios:

Amalia

Hola Carmen, que miedo! me recuerda al Opus! con tantas normas y siempre descriminándote! Muy original, me ha gustado,
Besos.
P.D.: Tu blog lo voy leyendo como a trozos, no sigo un orden, por eso a verás que a veces comento algo antiguo...

Carmen

Ja,ja, muy buena comparación con el Opus. Pero bueno, siempre me han fascinado (y asustado, lo reconozco)los relatos sobre sistemas y estados opresivos: 1984, de Orwell, o "Meccania", una ciudad-estado donde sus habitantes viven sometidos a miles de normas estúpidas. Así que este post es un homenaje a todos esos relatos. Me alegra que te haya asustado un poquitín, ¡ése era el objetivo!, pero ya sabes que también escribo posts amables. Con tan buenos lectores, así da gusto. Gracias por venir. Besos.

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