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Sábado en la noche






Hace poco les hice un reportaje a una cuadrilla de albañiles de un pueblo de la provincia, que en medio de la actual crisis tuvieron suerte y se recolocaron en otra empresa después de hacerle frente al patrón y que éste les despidiera fulminantemente, cosa muy fácil de hacer cuando no hay papeles. Se lo comenté a mi jefe y él me dijo que si me atrevía a irme una noche de marcha con ellos a una macrodiscoteca muy conocida y escribir un reportaje sobre la noche. Sí, sí, insistía mi jefe, sobre la noche rural!


Por qué no, me dije.


Para el gran reportaje, mi jefe me ha mandado a Nico, uno de los fotógrafos del periódico. Claramente gay, era la mejor compañía posible. Se estuvo riendo toda la cena y echándole los tejos a todo el mundo, cabreando sin querer a muchos de los de la cuadrilla.


Durante la cena algunos hombres soltaron perlas por doquier. A mi mujer la veo con otro y la mato. Las mujeres tienen demasiada libertad. Si aún les pasa poco. Yo estrujaba nerviosamente una servilleta entre mis manos, mirando hacia el techo. Nico soltaba una carcajada histérica después de cada burrada que decían y yo ya no sabía dónde esconderme.


Al entrar a la macrodiscoteca aluciné con la puesta en escena. Tres pistas, montón de gogós y demasiado alcohol. Nico y yo nos pusimos a hablar con la gente para el reportaje, aunque Nico no pudo utilizar su cámara, que tuvo que dejar en el guardarropa. Mientras tanto nuestros amigos bebían como cosacos.


Así que la cosa se desmandó un poco y aquellos empezaron a decir tonterías como si estaba casada, y empezaron a entrar claramente en competencia por ver quién se llevaba la pava esa noche. Ya me estaba poniendo un poco nerviosa, porque desgraciadamente percibí que no iban a aceptar un no por respuesta.


De pronto, Nico, como un ángel, como un adorable Rupert Everett sacando a bailar a Julia Roberts en la ultima escena de La boda de mi mejor amigo, me cogió graciosamente de la mano, con la otra me agarró por la cintura y empezamos a ejecutar rápidos giros de vals en dirección hacia la puerta, en medio de una canción aberrante de absoluto bacalao.


Cuando ya estábamos en el parking, Nico volvió un momento y entreabrió la puerta de la discoteca un instante para comprobar si nos seguían. Sólo escuché: A correr. Corrí como alma que lleva el diablo siguiendo a Nico sin mirar hacia atrás, y conseguimos meternos dentro del coche y echar los seguros. Cuando ya salimos del parking en dirección a la ciudad, (y en los espejos retrovisores veíamos que nos dejábamos a la turba de machotes detrás) nos empezamos a reír histéricamente. Vamos, reír por no llorar.


Y el caso es que a los periodistas nos gusta bordear el límite, hacer cosas que otros no se atreven a hacer. Implica un riesgo pero también un subidón de adrenalina, por ejemplo, cuando un confidente te quiere pasar información sobre algo que investigas y tienes que ir a verlo al peor barrio de la ciudad. Si todo sale bien, hay una especie de orgullo y satisfacción por haber bordeado las normas sociales de algún modo. Pero cada vez me planteo más si vale la pena correr esos riesgos en pos de la verdad, o peor, en busca de drama o la noticia tonta del día que tu jefe te haya encargado. No se si me apetecerá todo esto cuando llegue a la treintena, cuando se supone, sentaré la cabeza.


El reportaje me ha salido bien. Varios colegas me han llamado para felicitarme. Marga se lo ha leído de arriba abajo y se ha partido de risa sabiendo mucho más que el lector sobre lo que había pasado realmente. ¿Con que una macrodiscoteca en medio de la nada rodeada de chicarrones de pueblo pasados de rosca y borrachos? Ja,ja, Lucía, eres la monda. Y me ha mirado muy seria: que no me entere yo que vuelves a hacer algo así. Deberías buscar trabajo en otro sitio. La verdad es que Marga tiene un montón de contactos, y si…?


Mi ángel protector Nico y yo nos estamos haciendo muy amigos y ya nos tomamos café fuera de la redacción para charlar y recuperarnos poco a poco de la impresión. Y es que estas cosas unen mucho.


Lucia Scoop

2 comentarios:

Fiorella

Que bun articulo, muchos saludos.

Carmen

Muchas gracias, Fiorella, celebro que te guste. Yo disfruto mucho escribiendo y si hago disfrutar a alguien con lo que escribo, mejor que mejor. Un abrazo

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