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Crisis






El hombre mayor llevaba seis o siete cosas recogidas en una de las bolsas de plástico del supermercado. Pensé que quizás no cogió una cesta para no excederse así en la compra. Todos los productos eran marcas blancas, muy baratas, pero todo estaba muy bien pensado. Había cogido lo más barato de cada producto: dos yogures, una tarrina de sobrasada, un kilo de arroz, sardinas en aceite de girasol. Cuando el hombre ha observado que yo miraba la compra, la compra más digna que he visto en mi vida, el hombre me ha mirado como avergonzado, y yo lo he mirado y, en ese mismo instante, me he dado cuenta que su corazón era algo de altura, y que su compra era digna porque él la imprimía de dignidad. Me ha salido del alma pensar: “Dios te bendiga”. Y que te ayude en estos tiempos difíciles. Cuando el hombre se ha ido, y mirándome, ha dicho con un gesto educado:“hasta luego”. No sé por qué yo creo que él me ha percibido de algún modo a mí también. Yo le he devuelto el saludo de despedida inmediatamente, aun turbada y agradecida por haberme encontrado una persona tan bella en la cola de caja de un supermercado.

Qué curioso esto de andar encontrándote los personajes que amas, los que adoras, por la calle...

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