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Leo en El País un interesantísimo artículo de cómo Internet está cambiando nuestra forma de leer, leemos de una forma fragmentaria, a parches; se ve que ya no podemos con los textos largos. Ahora entiendo que mi forma de leer libros ha cambiado desde que Internet forma parte de mi vida y no me gusta un pelo todo esto. Dan ganas de quitarse de Internet, porque desde siempre me ha gustado la gran literatura en letra impresa y aunque dicen que el libro electrónico supondrá pronto un 10% del mercado editorial, yo prefiero que los medios se complementen.

No me imagino subiendo una montaña con un reproductor de lectura electrónico, pero sí con un libro en la mochila. Y me gusta cómo el libro se hace viejo porque está sobado, leído, incluso con acotaciones en los márgenes. Debo ser una antigua.

El caso es que bucear en Internet es básico para mi trabajo de investigación. ¿No es maravilloso? Estás escribiendo sobre un escritor, tecleas su nombre en Google y ahí empieza una gran aventura que te puede llevar a querer conocer más a ese escritor, culminando este hermoso ritual con una visita a la librería (esos templos de placer) a comprar su última obra. Y sí ,todos lo sabemos, la lectura electrónica es fragmentaria, y nos cansamos rápido de los largos textos, no digamos si éstos no están mínimamente ordenados de un modo digital: negritas, subrayados, listas, etc.

El caso es que los motores de búsqueda están contribuyendo a aumentar nuestra inteligencia exponencialmente. Lo que hace años significaba horas de búsqueda en archivos y hemerotecas, ahora se soluciona en un segundo, o descubres buenas pistas que te llevan al meollo de la cuestión en muy poco tiempo. Dicen los expertos que estamos asistiendo a una reprogramación de nuestro cerebro, un cambio en la forma que tenemos de aprender y asimilar la información, y que quizás esto puede ser no muy bueno, porque esa lectura fragmentada se traslada al papel y yo me doy cuenta que ya no leo los libros como antes, de largo y corrido, sino a ratos sueltos. No me parece un gran avance. No me gustaría perder esa cualidad de zambullirme en esa larguísima y fascinante novela que te tiene varios días con sus noches como traspuesta, buscando ratos en el desayuno, a lo largo del día, quitándole horas de sueño a la noche para leer…Eso es la salsa de la vida.

De hecho, esta lectura fragmentada me provocó un serio conflicto cuando empecé a escribir en la blogosfera con mi primer blog. Comencé a escribir pequeños textos, ahora me doy cuenta que lo que he estado haciendo es colgar mis notas en la red. Lo que tampoco está tan mal porque es un material al que siempre vuelvo.

Lo primero que pensé cuando empecé a escribir un blog fue: ¿Cómo que no puedo escribir largos textos?, y sí puedes, por supuesto, pero está claro que los lectores digitales huyen de los textos largos. Al final me he dado cuenta que me gusta tener un blog, porque me inspira para escribir todos los días, pero hay algo en el formato que chirría. Acostumbrada a leer microposts una tampoco quiere agobiar al lector y se decide por un tiempo a escribir de un modo más digital.

Sinceramente, me quedo con las dos formas de lectura y escritura: la real y la digital. Soy consciente que nunca renunciaré a mi capacidad de investigar la red, pero ya me estoy acercando a los libros de otra forma, mucho más seria. Los tenía un poco abandonados. Los echaba de menos. ¡A por ellos, que las estanterías están llenas de tesoros por descubrir!

Gracias. Un saludo

Ilustración: Caronte

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