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Navidad





árbol de Navidad



Marga es una adelantada en todo. Yo diría que es una visionaria. Cuando la veo aparecer con una inmensa caja que (presumo) contiene un gigantesco árbol de Navidad, se me cae el alma a los pies. Pero eso no es todo. También trae otra enorme caja y comienza a sacar adornos y luminosos que ya me lo imagino: esto va a parecer una verbena, y lo mejor de todo es que la cosa va a durar un mes.

- Ché, Marga, entiendo lo de Silvia, porque tiene una niña pequeña y ya me dijo el otro día que ya han montado el belén y todo, y que la niña ha puesto a los reyes magos mirando al río, para que puedan ver los peces, pero nosotras…
- ¿Por qué dices ché? ¿Eres argentina o valenciana?
- Se me ha pegado. Ché.
- Anda, calla, calla. Ayúdame con los adornos.

Y se sale a la terraza con una gran ristra de luminosos. Sorteo el jacuzzi y la sigo. Efectivamente. Va poner la larga hilera a lo largo de toda la barandilla de la terraza, para que se vea bien desde fuera. Pero los luminosos resultan ser muy bonitos, porque están compuesto de pequeñas bombillas que emiten una luz dorada, cálida y… Vale, Marga, me gusta. Es alegre.

Y empieza a sacar veletas luminosas, pero varias y en varios modelos diferentes, una pijada que se ha pillado en una tienda de decoración de diseño y las coloca estratégicamente por toda la terraza. Hoy el viento va hacia el Norte y me pregunto qué habrá detrás del viento norte. Vuelvo a la realidad y veo que ya se ha vuelto para adentro y ahora va colgando cosas por las puertas.

El enorme árbol artificial de Navidad que ha comprado Marga descansa en su caja hasta que nos decidamos a montarlo. Me parece que no va a ser esta noche. Porque hay que estudiar para montarlo: dos folios de instrucciones me parece excesivo.

Llaman a la puerta. Es Silvia.

- Hola, pasa y no te asustes. Marga está en pleno furor navideño, no voy a poder dormir en un mes con el resplandor de la terraza. Me va a tocar cerrarme la persiana a cal y canto.
- Dejaos de pamplinas navideñas, aquí vengo con la peonza, el infame aparato que aún no he logrado dominar.

Nos vamos a la terraza para no estropearle el parquet a Marga y aquí llevamos nuestros buenos diez minutos intentando que el aparato rule y no lo conseguimos. De repente aparece Marga:

-¡Silvia! ¿Qué te parece cómo está quedando la decoración?
- Muy bonito, Marga, pero mira, yo mañana tengo que conseguir que esa peonza gire o seré la peor madre del mundo.
- Trae para acá.

Y de pronto, Marga lía perfectamente la cuerda y la lanza, en un gesto como si recogiera el aire, y la peonza empieza a girar que no veas. ¡Pero Marga!

- Ay, ignorantes, tengo un montón de sobrinos y hemos hecho campeonatos y todo. Bueno, os tengo una sorpresa preparada, a ver qué os parece: fiesta informal para celebrar la decoración. He llamado a Sara, estará al caer.

Ole, ole, ¡fiesta!. Voy a ponerme los tacones. Esto hay que celebrarlo.

En la habitación miro fijamente mis estilettos rojos adquiridos con el consejo de Marga en una second-hand shop, y me recreo apreciando su buen diseño. Pienso: no puedo creer que me hayan costado tan baratos. Ahora ya no importa su precio, supe que eran míos en el mismo instante en que me los probé, porque esa joya preciosa ya estaba en mis pies, formaba parte de mi armario y de mi mente. De pronto, me da por visualizar muchas situaciones en las me siento hermosa y elegante encaramada a las alturas de mis zapatos, aprovechando esa capacidad de la ropa de provocar ensoñaciones asociadas a su belleza.

Salgo al salón tan felicísima con mis zapatos nuevos y en ese mismo momento llega Sara. Sara se ha revelado como una genial adquisición para el grupo. A Sara ya la llamamos Sarita, porque Marga y yo la vemos con el mismo morro, el mismo atractivo de juventud y la misma actitud ante la vida que Sara Montiel. En todo. Esta chica se come la vida a dentelladas y donde pone el ojo pone la bala: no hay hombre que se le resista, aunque muchas veces dudamos entre morirnos de envidia o preocuparnos seriamente cuando corre grave peligro mental con sus piruetas emocionales.

Ando dándole vueltas a lo de montar el árbol, que ya le voy pillando el mecanismo: hay que colocar ramita a ramita de un árbol de dos metros. Mañana ya tenemos actividad programada Marga y yo. Ah, sí, y llamo a Clara, la niña de Silvia, para que ponga las ramas de abajo. Mejor se lo digo a todos los vecinos y lo hacemos entre todos. Empiezo a agobiarme y oigo un revuelo en la cocina.

Oigo las voces de Silvia y Sara y corro rauda hacia el lar del hogar y les pregunto que qué les pasa y por qué están muertas de la risa las dos. En cambio Marga está muy seria fumándose un cigarro:

- Sara ha traído dos bueyes de mar. Los bichos están vivos, dentro de una bolsa de plástico dentro de la nevera.
- ¡Ya verás, ya verás qué buenos!- brama Sara- Ha ido mi padre al hipermercado y mira lo que me ha regalado.
- ¿Cómo que vivos?- les suelto yo- ¿y cuanto tiempo los pensáis dejar ahí?
- Esto es facilísimo, para la cena los hervimos con agua y ya está.
- Pero quedan dos horas para la cena. Y esos bichos están sufriendo.

Y ya Silvia me para en seco:

- Oye, Lucía, el marisco nace vivo, la carne de vaca que te comes también perteneció a un animal vivo, aunque tú la veas en su bandeja de supermercado y te dé igual. No te preocupes: a los bichos les falta muy poco para morir.

Marga y yo nos vamos al salón, porque no queremos ver nada de esto, aunque, fijo, luego nos lo comeremos todo tan ricamente. Aquellas siguen muertas de risa y viene Sara como una exhalación hacia el salón y se nos planta en jarras frente al sofá:

- Entonces, majas, par de cobardes, ¿qué vais a hacer si os venís al mejor asador de mi pueblo, donde echan las angulas vivas a la plancha, que no veas cómo se retuercen? Hay gente que se pide mesa especial cerca de la plancha para verlo.

Salto inmediatamente:

- Porque los de tu pueblo son más brutos que un arado.

Y Marga añade:

- Por lo menos haced lo que hago yo, que es lo que me dice que haga mi pescadera: mete el bicho en el congelador para que se muera de frío y te lo comes al día siguiente. También es duro, pero más rápido. Lo vuestro es crueldad.
- Ya veréis qué buenísimos están. Si ya los vamos a echar al agua, tranquilas, tranquilas.

Marga y yo decidimos continuar en el salón para no asistir a la agonía de los bichos, por lo menos suponemos rápida, en agua hirviendo. Pasan los minutos y no hacemos más que gritar a Silvia y Sara:

-¿Está ya?¿Habéis terminado?
- Noooooo…

Y nada, esto no termina nunca. Hasta que a Marga se le han hinchado las narices y se ha ido para la cocina y la oigo gritar claramente:

- ¡Dios mío! ¡el agua esta fría!¡ habéis echado los bichos en agua fría! ¡ los vais a matar lentamente!
- Anda que no sois exageradas vosotras dos.

Cuando los bichos llegan por fin a la mesa, pues qué queréis que os diga: están buenísimos. Carne blanca, blanda, suave.

Absolute Mascarada




A los postres, Marga aparece con una botella de Vodka Absolut, Absolute Mascarada, decorada por 3000 lentejuelas rojas. La mesa me parece un festín: chocolates de Valor, que en realidad son chupitos: de agua de valencia, piña colada, mojito. Marga nos dice que son cocktails de autor y Sara, Silvia y yo nos lanzamos como locas a probar todas las variedades.

Sara nos regala unas bragas rojas para Nochevieja, para que entremos en el 2009 con inmejorable pie, y nos dice muy seria que hay que estrenarlas y que nos las pongamos en la cabeza, que sirven para pensar mejor, jeje. A estas alturas de la fiesta, todas nos ponemos las bragas en la cabeza y nos hacemos fotos como locas, ¡fotos que jamás colgaré en mi perfil de Facebook!

La noche se lo merece y me dedico a hacer de disc-jockey. Como el ambiente está caldeado y ya hemos hablado de todo, decido poner algo acorde con esta noche. Algo subversivo y divertido. Pongo el Outside de George Michael, y todas berreamos: “I’m think I’m done with the sofaaaaa, I’m think I’m done with the kitchen table, baby…”; y sigo la marcha con McNamara, que me encanta, y con Tonino Carotone, para que todas nos riamos un poco del amor esta noche.

Fabio McNamara




Mis amigas bailan todo lo que pongo con pasión. Miro a mi alrededor y, efectivamente, esto parece una verbena con tanto luminoso. Pero qué más da, hoy todo es hermoso, y veo a Marga tan ilusionada con la Navidad, que mañana le voy a montar el árbol en un pis-pas, aunque tenga que movilizar a todo el vecindario para conseguir mi objetivo.

Eso es todo. ¡Feliz Navidad!

Lucía Scoop






2 comentarios:

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can u leave ur phone number to me???

魔兽世界中文网

I thought I was a relatively smart people who read your work I know that I am not!

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