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Periodismo de investigación







Aquí estoy, en la Redacción, escribiendo. Son las 9 de la noche y estoy terminando mi artículo a toda prisa porque parece que hay suerte y me voy a casita a cenar. La gente se va después a tomar una copa, pero yo lo que tengo ganas es de pillar la cama. Pero las mejores esperanzas se pueden destruir en un segundo porque de repente oigo un ruido atronador que me deja petrificada en la silla del ordenador. Es la voz del Director.


- Lucía, dónde está Lucía, y Nico, ¿dónde está este chico?

Qué pasa ahora.

- Lucía, vete ahora mismo para las 8000 viviendas que acaba de haber una reyerta entre familias y hay un muerto y todo. Venga, que acaba de llamar la policía, mueve el culo. ¿Dónde está Nico?
- Pues creo que se acaba de ir a casa.
- Pues ya lo estás llamando y os largáis pitando para allá, toma, llévate el fax que ha mandado la policía y así te documentas por el camino.
- ¡Pero si yo nunca he visto ningún muerto!
- Pues ya va siendo hora, Lucía. Un buen periodista debe estar preparado para todo.

En el periódico no tenemos periodista de sucesos. La mayoría de estas noticias las cubrimos con agencias y cuando la cosa se pone importante, pues ya vamos los desgraciados de Local. Yo ya me he comido varios juicios y al principio no me enteraba de nada, y menudo mal rollo me da ver a los detenidos y sus familias, que se ponen en los pasillos y te ponen una cara de mala ostia que no veas, pues no saben qué versión vas a dar. Pero una cosa es comerte un juicio y otra ver un cadáver. Yo no he visto un muerto en mi vida y no me apetece romper esa trayectoria precisamente esta noche. Qué pasa, casi le grito al director, a qué se debe este cambio editorial.


- Bueno, Lucía, vamos a hacer un poco de periodismo propio, un poco de investigación. Te vas, hablas con la policía, con los vecinos y luego te sigues el caso en los medios y los tribunales. Yo no lo veo tan difícil.

No, no es que a los de Arriba les haya dado por fomentar la investigación, con muchas reuniones previas y estudios de mercado para modificar la línea editorial, sino que mi director decide de un momento para otro que no nos vendría mal un poco de investigación, y aquí estoy yo para satisfacer sus necesidades más inmediatas.

Llamo a Nico, que tiene coche, le explico la movida y se viene al periódico a recogerme. Cuando llegamos me creo que estoy en The Wire, la mejor serie de la historia: mogollón de policía, personal sanitario, cordón de seguridad y varios compañeros de la prensa haciendo lo mismo que yo. De repente veo a Nicole, y alucino con que va vestida de punta en blanco, y que le ha pedido expresamente a su jefe venir a cubrir la noticia. Esta tía es muy heavy. Y me encuentro, cómo no, con Susana Robledo, la insolidaria, la megastar de las noticias de sucesos, que tiene la mejor agenda de contactos judiciales de la ciudad, pero que jamás te pasará un puto teléfono ni moverá un dedo para que asciendas en esta profesión. Ha llegado a lo más alto en la prensa de esta ciudad precisamente moviéndose entre hombres, e ignorando a las mujeres. Paso de ella y me quedo mirando al comisario. Por suerte, el cadáver está allá, a lo lejos, cubierto por una sábana blanca que espero a nadie le dé por descubrir.





El comisario cumple todos los tópicos y es clavado a Harvey Keitel. Pero cómo se puede ser tan guapo y tan hombre. De repente, todo desaparece a mi alrededor y sólo pienso en delinquir para que me detenga. Ya está: saltaré la barrera de seguridad y le levantaré la sábana al muerto, alguien tiene que hacerlo. Ay, Lucía, para, para de pensar, de imaginar, que pareces Joyce Carol Oates.

El comisario contesta a todas mis preguntas, no sé si advirtiendo cómo se bambolea el bloc de notas debido al temblor de mi mano izquierda. Decido que aquí ya tengo todo el pescado vendido, y me voy a ver qué piensan los vecinos de todo esto. Las vecinas gordas están apiñadas como cerditos en la puerta del bloque, sin parar de cotillear y con clara intención de no subirse a sus casas hasta que no termine el follón. Me toca preguntarles qué relación tenían con el muerto, y me doy cuenta que se saben de memoria la vida del muerto, de su mujer y de varios parientes más bien lejanos. Esto es un pueblito y todos están en la boca de todos, y en un pis-pas ponen a la mujer del muerto de puta para arriba, porque había abandonado al marido huyendo de los malos tratos, y mira lo que le ha pasado al pobre hombre. ¡Pero si le pegaba muy poco! Pobre hombre, si tenía un problema con el alcohol.

Ah, el pobrecito es él.


Decido que todo sea por la patria e irme al periódico a escribir el mejor artículo de mi vida. No importa que salga a las dos de la madrugada, mañana me voy con Marga de excursión, y celebraré mi bautizo en el periodismo de investigación, aunque no sé si llegaré a celebrar la primera comunión, porque igual a mi director se le pasa igual que le vino este súbito deseo por los cambios editoriales.


2 comentarios:

José Julio

Mi enhorabuena por este texto y por todo el blog. Me alegra siempre leerlo.
Un cordial saludo.
JJP

Carmen

Gracias. A mí me alegra también esa alegría suya, porque en cierto modo es una emoción, la de la alegría, que intento transmitir con mi blog. Le digo la verdad: cuando escribí este texto, me acordé de usted, porque pensé que le gustaría, al estar tan relacionado con el periodismo. Gracias, como siempre, por venir. Un cordial saludo.

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