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Virginia

marina
Virginia observó desde su estudio de enormes cristaleras al hombre que corría todos los días por la orilla de la playa. Pero este día era diferente. Esta vez el hombre corría agarrado a un bastón, de ésos que esconden un saliente puntiagudo. Virginia reparó de pronto en que llevaba la mano vendada, y cuando vio que los perros corrían tras él, comprendió que quizás ya le había mordido uno y que ese bastón era para apartarlos de su camino. El hombre pasó veloz la casa de Pau Casals y desapareció en el horizonte.

Ese día la playa estaba vacía porque ése era el día en que se casó Lady Di. Virginia no vio la boda por televisión porque tenía trabajo pero más tarde lo lamentó, porque por lo que se ve fue un maravilloso cotorreo de vecinas del inmueble, todas pudientes, comentando muy entusiasmadas los modelos y modelazos de la boda. Por lo que se ve la tía María lloraba desconsolada, de felicidad, cuando Charles y Di se dieron el sí quiero…y una de las vecinas le preguntó entre risas y cargada de ironía que si es que éstos dos eran de la familia, que si por eso lo sentía tanto…

A veces Virginia lamentaba ser una asocial y no sumarse a ese tipo de actos, porque desde siempre la conversación femenina le había interesado. Incluso este tipo de conversación.

La obtención del apartamento con enorme terraza acristalada que se volcaba sobre el mar fue una casualidad. Un cambio de trabajo y residencia fortuitos, y la coincidencia de que su puesto de trabajo como asesora en una galería de arte se radicara en el mismo pueblo en que la rama ricachona de la familia tenía su residencia de verano. Residencia que no usaban más de unos días al año, porque viajaban por Europa toda la estación estival. En invierno tampoco la usaban porque estaban en Baqueira Beret venga de darle al esquí. Y todo ese lujo prestado y conscientemente temporal le encantó, y vivió allí una de las mejores épocas de su vida.

Giró la cabeza y observó las marinas que había estado pintando recientemente. Y específicamente observó el lienzo que se llevaba entre manos, un mar tranquilo y calmo con varios veleros blancos. Y la mañana de la boda de Lady se dedicó en cuerpo y alma a pintar a un hombre que corría por la arena, ya sin bastón, sonriendo y jugando con unos perros, blancos.






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