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El documental






Vertov


El documental es uno de los “tipos” de cine que más me gustan. Aunque no es un tipo ni un género del cine de ficción. Es cine en sí mismo. En realidad yo, como muchos, estamos un poco hartos de ficción y de que nos lo den todo mascadito, un poco hartos de ritmos trepidantes y estética de videoclip. Por el contrario, muchos estamos hambrientos de silencios, de ritmos lentos, de que nos acaricien los sentidos suavemente, sin violencia.

La realidad atrae como un imán y en ese hecho se han basado las TV movies, un género muy importante en Estados Unidos, y que aquí está dando sus primeros pasos. La TV movie tiene su primer precedente en el docudrama, documental donde el personaje se interpreta a sí mismo, aunque la TV movie tiene la facultad de introducir la ficción en la historia.

El cine Dogma, cuyo precedente más próximo es el cine underground de Nueva York, se parece al cine documental en el escaso uso de medios técnicos y artísticos. En el documental se usa un guión abierto a cambios, porque la realidad te puede llevar a otros derroteros; un personaje que en principio parecía secundario puede convertirse en protagonista por la valía de su testimonio, pero el cine Dogma presume de no usar un guión en absoluto, lo que no es cierto. El movimiento Dogma lanzó su manifiesto y su voto de castidad en 1995. Uno de sus precursores fue Lars Von Trier, director de Bailando en la oscuridad, donde la cantante Björk está genial. Björk recibió buenísimas críticas por el papel de esta obrera casi ciega y dijo que todo eso le parecía muy bien, pero que ella no es actriz, que esto era excepcional, y que jamás volvería a hacer una película. Y lo ha cumplido.




El decálogo Dogma, que fue lanzado como consigna de libertad, es en realidad muy restrictivo. Hay que filmar única y exclusivamente con la cámara al hombro, (con lo que a mí me gustan los travellings), no usar sonido o iluminación a no ser que éstos aparezcan en escena…

Si yo hiciera una primera película, la haría con el mayor artificio posible, aunque es cierto que para eso hay que contar con unos medios generosos. Probaría distintos tamaños de lentes que me presentaran el espacio de distintas maneras, haría maquetas y decorados, procuraría que me compusieran la música más sublime y abusaría de los efectos sonoros. Abusaría también del maquillaje y del uso del vestuario y atrezzo, de los filtros difuminadores que llenan de “glitter” a las actrices. En el montaje, me gustaría no ser lineal y realizar saltos de espacio y tiempo, me gustaría utilizar una iluminación expresionista, dura y contrastada…

En España tenemos magníficos documentalistas: Llorenç Soler realizó un estupendo documental , Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno, -en gran parte un documental de montaje-, que narra cómo Boix consiguió con su cámara fotografiar el horror de los campos de concentración nazi, sacar las fotos fuera del campo, y cómo esas fotos fueron al final pruebas determinantes contra los acusados en el Juicio de Nüremberg. Basilio Martín Patino es uno de los mejores documentalistas españoles y con más trayectoria en la historia de nuestro cine. José Luís Guerín realizó un magnífico documental, “En construcción”, sobre la construcción de un bloque de pisos en Barcelona durante un año retratando las relaciones que los albañiles establecieron con los vecinos, sus conversaciones y su trabajo diario.

A mí me gusta cada vez menos la linealidad, el hecho de que una historia tenga que tener inicio, nudo y desenlace. Cada vez menos los esquemas clásicos importados de la ficción en los que son tan importantes por ejemplo los clímax o hechos culminantes que hacen que la historia vire hacia otro lado. A veces no tiene ni por qué haber una historia, la mera descripción de los hechos puede ser muy placentera de observar.

El cine nació documental, con los hermanos Lumière y otros primeros cineastas, hasta que llegó Méliès, que entusiasmado con los trucos ópticos creó mundos fantásticos enredados con una primigenia ciencia ficción, amarrando definitivamente a los espectadores a las butacas de cine.




Robert Flaherty fue otro de los precursores del documental y una de sus obras más conocidas es Nanouk el esquimal. El documental de Flaherty ya llevaba artificio porque al ser tan pobres los sistemas de iluminación de entonces, partió el iglú por la mitad para poder rodar cómo se desarrollaba la vida de un esquimal dentro de un iglú. Eso es una gran controversia entre los documentalistas, el hecho de si podemos manipular decorados, etc., para presentar la realidad. Los puristas dicen que no.


El documental, poco a poco, ha ido volviendo a los cines después de su confinamiento durante décadas en la televisión, y cada vez es más valorado por muchos cinéfilos. Es un cine tremendamente creativo, con un sinfín de posibilidades… Pues eso, larga vida al documental.





2 comentarios:

José Julio

Muchas gracias, Carmen, por tu estupendo comentario en Mi Siglo sobre las rosas y la poesía. Indudablemente los que escribimos debemos de leer poesía de vez en cuando, pues el poema enseña la contención en la frase y la belleza en la elección de las palabras. No relata una historia a la manera de la prosa y, sin embargo, sí la relata. En pocos versos han de decirse muchas cosas esenciales y comprimidas.

Me alegré mucho de todos tus proyectos y de que la rosa sea para tí un destino. Pienso que quizás has heredado de tu padre la sensibilidad y la estética.
Tienes la soltura y la capacidad de la excelente creadora y de la buena escritora y dirás cosas sin duda muy interesantes a todos los que sean tus lectores.
Cuenta conmigo como lector.
(Hoy leerás en Mi Siglo que te agradezco - junto con otros blogs - la continuidad en la lectura y tu afecto y seguimiento en el tiempo)
Saludos afectuosos.
José Julio Perlado

Carmen

Muchas gracias, profesor, por este comentario. Me abruma usted. La verdad, ojalá las editoriales piensen lo mismo;D
Sí, yo con la poesía mantengo una relación distante, leo poca, y sé que debo leer más, porque la poesía te impacta, te trastoca, en un lapso de tiempo muy pequeño. Uno debe ser muy valiente para leer poesía a menudo, espero alcanzar esa valentía. Es increíble pero con sus palabras de ánimo, veo su imagen de profesor de hace veinte años, animándonos a todos a convertirnos en grandes periodistas. Veinte años después usted me anima a ser una gran escritora. Esté seguro de ello: estoy en el camino. Muchas gracias. Un gran abrazo

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