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Jugar con la realidad





Es lo que tiene el mal tiempo. Que propicia la lectura. En estos días de vacaciones hemos estado en una casa de campo y mi amiga Celia y yo aprovechábamos como lagartos los escasos días de sol que han habido tendidas en nuestras hamacas. El resto del tiempo no ha parado de llover. Este fin de semana han muerto Mari Trini y Corín Tellado. De la primera pongo "Amores" en el blog. De la segunda pienso que todas las autoras de chick lits deben andar santiguándose por las esquinas ante la muerte de la iniciadora del género de la novela romántica.

Miranda July


El Babelia del viernes, porque Sábado Santo no hubo periódicos, venía con dos regalos nada envenenados: un estupendo artículo sobre la artista americana Miranda July y un texto de Nuria Barrios sobre cómo explicar la muerte a los niños, un tema que inevitablemente tarde o temprano tiene que abordar cualquier padre o madre. Leyendo a la Barrios, me pregunto quién es esta chica que escribe como Dios y que me da unas sugerencias fantásticas sobre libros para niños. Me llama la atención un libro, El domador de sueños, que va sobre un hombre que puede soñar con lo que quiera y al final los demás le encargan que les sueñe unas vidas completamente nuevas. Buscando en la red descubro que esta escritora es toda una doctora en filosofía con varias novelas a sus espaldas y decido que la Barrios es un talento a seguir.

Miranda July busca a través de su obra plástica y su web la interactividad con su público, pero también hace cine y escribe, porque un día eligió no elegir, no dedicarse a sólo una cosa. Ahora Seix Barral publica en España su libro de relatos, Nadie es más de aquí que tú, donde demuestra que también es una muy buena escritora. El caso de Miranda July me llama poderosamente la atención, porque me recuerda a Sophie Calle, artista francesa que Paul Auster y Enrique Vila-Matas convierten en personaje en varios de sus textos. Sophie Calle, como Miranda July, busca traspasar el terreno del arte y modificar la realidad buscando que otras personas complementen su obra.

Cuenta Enrique Vila-Matas que Sophie recibió un e-mail de ruptura de su pareja de entonces, en la que su amante se despedía con un lacónico "cuídate" (Prenez soin de vous). Sophie Calle se sintió herida, incapaz de procesar la ruptura ella sola y decidió enviar el citado e-mail a 107 mujeres para que lo comentaran. ¿El resultado? Una obra conjunta en la que Sophie Calle aprende de la mirada de los otros. En este caso, de las otras.

Sophie Calle


En estas vacaciones, mi amiga Celia me propone que juguemos un poco con la realidad. Yo quería enviar un e-mail a otra amiga, pero no teníamos Internet, y compruebo que desconozco su dirección completa, de la que sólo sé el nombre de la calle y la ciudad. Mi amiga me sugiere que escriba como dirección Nombre de mi Amiga, Mamá de (nombre de sus dos hijos pequeños), para probar si la postal es capaz de llegar a su destino. Eso es jugar con la realidad, ver si el cartero es capaz de superar una dirección postal tan poco ortodoxa, y si realmente conoce a la gente que vive en una calle determinada. Al final Internet funcionó y no envié la postal: pero me sigo preguntando qué habría pasado en realidad.

En cambio, dice Almodóvar en su blog que está leyendo Dietario Voluble de Vila-Matas, escritor que entra y sale de la ficción como Pedro por su casa, y concluye el cineasta diciendo que jamás hay que mezclar realidad y ficción. La afirmación de Almodóvar me sorprende, porque a lo mejor tiene razón, pero yo de algún modo también deseo cruzar esa frontera, y trascender lo escrito para arañar bocados de realidad. A diferencia de Miranda July y Sophie Calle, siento cierto pudor en convertir a los demás en personajes, pero también pienso que todos los escritores siempre se han inspirado en las personas que les rodean a la hora de escribir, sin interactividad y sin permisos por escrito. Como dice Joyce Carol Oates, no es cuestión de inventar, es cuestión de imaginar.

Termino este post sin conclusiones, porque me parece que esto de aprensar la realidad es un juego sin fin, en el que creo que nadie puede poner un punto y final a ninguna historia. Las obras literarias trascienden a los artistas y los lectores complementan esa obra con sus pensamientos, sus comentarios, sus cartas a los autores, el boca a boca que siempre funciona. Es un juego infinito.

Gracias, un saludo;D

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