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¡Sono una paparazza!





Hoy tengo una rueda de prensa estupenda, de las que me gustan a mí: hotel increíble y aperitivo de órdago con artistas y autoridades, porque hoy se presenta la obra de teatro (que se estrena en el único teatro de esta ciudad de provincias) Mucho ruido y pocas nueces, y es todo un acontecimiento que Petula Glamour haga un papel clásico, abandone temporalmente su carrera cinematográfica y se meta en una gira de quince ciudades. Nadie entiende sus motivos, porque parece ser una actriz bastante superficial, aunque decido ser justa y pensar que quizás los medios ofrezcan una imagen distorsionada de su persona. Bueno, en realidad pienso: ésta es su oportunidad de demostrarnos que no es una tonta de remate.

Me suena el móvil y alucino. Es María, mi amiga de Madrid, la que trabaja en la revista Corazón para Ti, con la que hace meses que no hablo:

- ¿Lucía? Holaaaaa, ¿Cómo te va?
- ¡Muy bien, María, estoy muy contenta en mi nuevo periódico! ¿Y tú? Ahora me voy a una rueda de prensa con Petula Glamour y luego nos darán un aperitivo que para qué, el hotel Palace Holding destaca precisamente en eso.
- De eso quería yo precisamente hablarte.
- ¿Ein?
- ¿Pero no te has enterado? Se rumorea que Petula Glamour se ha enrollado con el protagonista de la obra, ese tío bueno, Sabih Torres, ¿no lo sabes que se acaba de separar? Lucía: llévate la cámara. Si consigues fotos de esos dos juntos en alguna situación comprometida, me haces el favor de mi vida y por supuesto te llevas una comisión muy considerable.
- ¿Cómo que están enrollados? No tenía ni puta idea, a ver dónde los voy a pillar yo a éstos. Si sólo los voy a ver en la rueda de prensa, sentados el uno junto al otro. Te llamo más tarde a ver cómo va todo.

Llego al hotel y veo el estupendo banquete que están preparando los camareros en uno de los salones, y cuando veo las patitas de unas langostas asomando por encima de los bordes de varias de las fuentes, pido por favor que ése sea el salón destinado para nosotros después del encuentro con director y actores.

No llevo ni dos minutos sentada en la sala de prensa, lo justo para saludar a todos los colegas, cuando aparecen los actores y el director de la obra. Petula Glamour está estupenda y sí, me fijo que cuando habla el primer actor, ella le mira con embeleso. De todas formas, esta foto no vale.

Durante la rueda de prensa alucino con que Petula Glamour se haya podido aprender el complicado texto de Shakespeare, sujeto que evita cuidadosamente mencionar durante todo su discurso, con lo que se nota escandalosamente que no sabe nada sobre él.

La estrella de cine es ella, aunque Sabih Torres, actor teatral, ya empieza a destacar. Él es un poco narcisista. De tan guapo que es se ha quedado ahí, en la superficie, incapaz de atravesar su propia epidermis para llegar a su alma, material de trabajo imprescindible para los actores. La verdad es que los veo y parecen uno hecho para el otro, los dos instalados en la autoadoración de sí mismos, con esa clase de belleza que bloquea el verbo y sólo es vanidad. Pienso en Bradbury, y en su frase: el ego mata la creatividad.

Marilyn Monroe


No quiero ser injusta, pero comienzo a advertir que Petula Glamour sufre el síndrome de Marilyn Monroe, que quizás hubiera podido cultivar su cerebro más a fondo, de hecho siempre llevaba libros en la maleta, pero sus mayores energías se centraron en mostrar, de una forma esplendorosa, su cuerpo.

La rueda de prensa acaba, los actores desaparecen y decido que llamaré a María para decirle que no he obtenido ninguna foto. Nunca he valido para telerreportera, no valgo para perseguir a los famosos ni para ser una periodista de sucesos, que en eso parece que consiste el periodismo de hoy en día. Si es que no se puede poner la televisión: estoy de la sección de los muertos hasta las narices.

Qué rabia. El salón que nos toca para el tentempié no es el de las langostas, pero no me puedo quejar. Los actores comparten el aperitivo con nosotros, estos dos siguen mirándose arrobados y veo que los demás no se dan cuenta, aunque igual la única que tiene la información privilegiada soy yo. Y me acuerdo de los tres tipos de rumor: el especializado, el que saben muy pocos compañeros, el general, el que sabe toda la prensa pero nadie publica, y el universal, que lo sabe todo el mundo. El rumor de María es del primer tipo porque como digo aquí nadie se percata de las miradas.

Yo no les quito la vista de encima, pero de pronto, la pareja desaparece. Primero él, y a los pocos segundos ella. Tengo una intuición y decido largarme de aquí, total ya me he puesto morada a todo, y hoy no tengo ni que cocinar, porque ya he comido. Salgo del hotel sin saber qué hacer y pienso que he hecho una tontería imaginándome que me los iba a encontrar. Probablemente ya estarán disfrutando de su amor en una de las habitaciones del hotel. Pero: oh, milagro.

Sigo con mi buena intuición, y voy andando presurosa hacia el enorme párking, donde está el coche de Marga que conduzco hoy por primera vez. De repente, los veo: ellos están allí, jugando a perseguirse entre los coches. Me meto en el coche precipitadamente, intento bajar los cristales para sacar buenas fotos pero sólo consigo apretar todos los botones y de pronto empieza a sonar Shakira a todo trapo y rezo a todos los santos para poder bajar el volumen. Increíblemente, lo consigo, levanto la cabeza, y ellos siguen ahí, con sus demostraciones de cariño. Soy la única periodista en todo el párking. Palpo nerviosa mi cámara digital dentro del bolso y la saco a toda prisa, pongo el zoom a tope y empiezo a echar fotos como una loca. De pronto siento una emoción increíble, una descarga de adrenalina que sólo se puede curar apretando el botón de la cámara enloquecidamente. ¡Sono una paparazza! No sé ni lo que estoy fotografiando. Estoy tan nerviosa que no puedo echar ni una foto más. Veo que se meten en un coche, salen del párking y me tiro al suelo para que no me vean.

Cuando ya se han ido, logro recobrar la compostura y miro las imágenes, por si hay alguna que valga la pena. Dios. Ahí está, el mejor morreo de la historia, ¡lo tengo!

Llamo a María, que se muere de la emoción y le envío las fotografías desde el periódico, y además no siento ningún escrúpulo por ello. Esa información no cabe en el periódico y mi amiga María me va a pagar una pasta. Lo único que le pido a María es no firmar las fotos. Me dice que en dos días estará la revista en el quiosco. Qué emoción.

To be continued

Lucía Scoop








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