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Adelante, Stanley, adelante






En estos días estoy leyendo los Relatos completos de Virginia Woolf. En el relato "Juntos y separados" no sé por qué me impresiona la frase "Adelante, Stanley, adelante", que son las últimas palabras de Marmion, el poema homónimo de Walter Scott. Unas palabras que la señorita Anning se dice a sí misma como una especie de contraseña para superar su timidez social.

Éste es un libro que tengo que volver a leer. Yo creo que a Virginia Woolf hay que dedicarle unas vacaciones completas, una completa soledad en la que tomar notas, y no estar trabajando, ni criando. Amo a la escritora inglesa y la defiendo a capa y espada, porque fue denostada durante años por muchos, por su personalidad y sus tendencias sexuales, por ser mujer y diferente. Pero esta señora ya hablaba de átomos y de Einstein, cada uno de sus libros son muchos mundos en uno, y siempre estará por delante, da igual que la lea usted dentro de tres siglos. Leo los relatos y veo que hay poco amor en ellos, un amor que se hunde en las rígidas convenciones sociales. Y hay frases que siempre me acompañarán: Se puso los guantes con la sensación de estar poniéndose el cuerpo.

Gracias a otros escritores como José Julio Perlado descubro a Pessoa y también a la hermana de Pessoa, que ni se daba cuenta que vivía con un genio: hay gente que no detectaría ni al mismo Truman Capote escribiendo en la habitación de al lado. Pero Pessoa era afortunado. Uno es afortunado si vive creativamente, si no puedes parar de escribir, porque necesitas desesperadamente explicarte a ti mismo. Cuánto agradezco a Bradbury, Capote, Hemingway, Galeano, Dominique Lapierre y Larry Collins y tantos otros, que hayan intentado explicarse a sí mismos, porque he sido testigo privilegiada de ese tesoro evolutivo.

Conozco a través de Los abrazos rotos, de Almodóvar, una terrible anécdota sobre Arthur Miller. El escritor tuvo junto a Inge Morath un hijo con síndrome de Down, y lo ha mantenido oculto durante años. El hijo acudió a una conferencia del padre, le reveló su identidad y le expresó su orgullo y su agradecimiento por ser quién es. Yo ya sabía que Arthur Miller era un hijo de su madre desde sus tiempos con Marilyn Monroe, a la que no entendió, maltrató y fue incapaz de detectar su talento. Ahora con esta historia me doy cuenta que su segunda esposa, Inge Morath, la madre del niño protagonista de la anécdota y la fotógrafa de Magnum, debió sufrir lo suyo. Me cuenta un familiar que antes eso era de lo más normal, encerrar al hijo disminuido y ocultarlo de la vista de todos. Qué oscura puede llegar a ser una mente humana, calentada al calor de las creencias y prejuicios horribles de la época que le toque. Siempre pusieron a Marilyn como la loca de la pareja, pero parece ser que el tiempo lo va poniendo todo en su sitio.

Preparo con deleite una lista de autores para mi próxima excursión a la librería. Quiero leer a Miranda July, para estremecerme viendo cómo esta escritora rompe las fronteras entre realidad y ficción; la última de Joyce Carol Oates, Mamá, porque tengo ganas de meterme en la cabeza de una escritora que interpreta genialmente tanto a los asesinos como a las víctimas, que sabe hablar de la violencia mejor que cualquier persona violenta. También busco a Coetzee, la gran revelación literaria a nivel mundial, recomendado por Vila-Matas y por mis amigos más lectores. Y busco a Tobias Wolff, precursor del realismo sucio, porque dice que siempre hay que perseguir la honestidad en la literatura. Y a mí la honestidad me atrae como un imán: al final es lo que más vende.

Ágora de Alejandro Amenábar


También decido que quiero ver Ágora, la última de Amenábar, que todo el mundo dice que es un peliculón. La película relata la vida de Hipatía de Alejandría, a la que también hace referencia Eduardo Galeano en su libro Espejos, una bellísima y erudita mujer que hizo muchísimo por expandir la cultura y el saber desde la Biblioteca de Alejandría. La envidia y las malas babas hizo que mucha gente intentara hundir su reputación diciendo que se acostaba con cualquiera, cuando a su escuela de sabiduría acudían alumnos de todo el mundo conocido en la época. Fue ajusticiada en una ejecución horrible. Dice Amenábar que si hubiera rodado esta película en los USA le habrían pedido una historia de amor, un final feliz. Tanto Amenábar como Almodóvar me hacen sentir orgullosa de que estos magníficos cineastas quieran hacer películas de verdad, le planten cara al estereotipado cine USA y se atrevan a decir las cosas de un modo diferente y sorprendente, lejos de caminos trillados.

En estos días escucho mucha música, sigo escribiendo y yo, como la señorita Anning, también me digo a mí misma: Adelante, Stanley, adelante.

Gracias. Un saludo:D









2 comentarios:

j.julio

Muchas gracias, Carmen, por tu referencia a mi persona.
Me alegro que leas a Virginia Woolf. Cuando puedas, lee su Diario, en la edición de Siruela, y encontrarás maravillas como esta:
"Nunca ha estado el jardín tan bonito, todo en llamas incluso ahora; deslumbrando los ojos con rosas y púrpuras y malvas: los claveles en grandes ramos, las rosas iluminadas como lámparas".
(22 septiembre 1929)
Y el 12 de agosto de 1928: "Tomamos el té en unas tazas azul intenso bajo la luz rosada de la gigantesca malva loca".
El acierto de todo esto es que es un Diario, no un cuento ni una novela. Está escrito a vuela pluma, pero con toda la intensidad estética que lleva dentro una gran escritora.
Te animará mucho ese Diario porque verás cómo superó las dificultades: enfermedad, peleas con el servicio, editores, ventas, etc. Era una mujer tenaz y muy adelantada novelísticamente para su tiempo.
Un saludo.
José Julio Perlado

Carmen

Estimado profesor: no dude en que seguiré su consejo y leeré el Diario de Virginia Woolf; descubrí a esta autora a los 18 años y es increíble, porque siempre vuelvo a ella. Ella siempre tiene algo nuevo que decirme en cada etapa de madurez. Me ha gustado mucho lo que me ha dicho de su tenacidad, igual me falla la memoria pero creo que su sobrino Quentin Bell en su biografía no resalta esa cualidad. Pero ahora me doy cuenta que sí, que era una escritora privilegiada que trabajaba mucho. Gracias por recordarme lo importante que es ser constante en esta vida, y gracias por las hermosas frases de Virginia.
Un abrazo

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