Buscar

La tía Marga





La tía Marga

Forewer - Fotolia.com


Estoy desayunando en un bar del barrio un café con leche y una tostada con mantequilla, porque en casa no había ni una pizca de pan, y yo sin mi tostada de las mañanas no soy nadie.

De repente me quedo embobada mirando a una señora que entra en el bar. Lleva una pequeña maleta con ruedas, y abandona su elegante abrigo sobre la silla, y mirando al camarero, dice:

- Un té con limón, por favor.

Observo que no para de sonreír mientras remueve con su cucharilla el azúcar dentro del té. Con un aire cosmopolita, la señora luce una media melena corta ondulada, rubia, y lleva un precioso traje chaqueta, estructurado en pliegues, de fino paño gris, una pequeña pamela, y un collar ceñido al cuello de pequeñas cuentas rojas a juego con sus finos y rojos labios. Lo mejor de todo es que no desentona con el ambiente, es como si el bar hubiera estado esperando durante mucho tiempo este toque de prestigio inesperado. El hombre detrás de la barra la mira encantado, y está encantado desde un punto de vista profesional. Ella se siente absolutamente cómoda, disfruta con un rayo de sol que le acaricia la cara, que le molesta levemente en los ojos, y ladea un poco la cara para evitarlo. Observo la maleta que está al lado de su mesita. Estamos en un bar antiguo; las mesas tienen velitas y finísimos mantelitos de encaje protegidos por un cristal, que dan ganas de romperlo de un certero puñetazo, justo en el centro del círculo transparente, y llevárselos.

Ella me pide el periódico de la casa, que está en mi mesa, y se lo paso. Con esta excusa comenzamos a hablar. Al minuto me cuenta que está esperando a su sobrina Marga, y yo caigo en la cuenta que está hablando de mi Marga, porque las dos se parecen mucho. Le cuento que Marga es mi compañera de piso y entonces la tía de mi amiga, que también se llama así, me cuenta que acaba de llegar de un viaje por toda Europa, visitando a los amigos, y que tiene muchas ganas de encontrarse de nuevo con la familia.

De pronto aparece mi amiga, se muestra sorprendida con que su tía y yo ya nos hayamos conocido y subimos al ático. La tía Marga regala a su sobrina un libro sobre moda y fotografía, uno de esos libros tan bien editados, tan gordos, con un papel tan grueso, que cuestan un pastón.

- No sabía que estaba aquí esta chica tan encantadora, si no también le hubiera traído algo.

Suena el timbre y la tía Marga nos dice:

- Debe ser el taxi.
Mi compañera de piso me dice que vayamos a la terraza y miremos a la calle para ver el espectáculo. ¿Qué espectáculo?, me pregunto yo. Enseguida resuelvo mis dudas porque el taxista empieza a bajar un sinfín de maletas y paquetes. Pero no veas todo lo que está bajando. Marga se ríe de la cara de paleta que pongo. Y me cuenta que esto no es nada, que en la exclusiva urbanización en Ibiza donde su tía tiene un apartamento, hay una vecina de Kuwait que viene todos los veranos, y está loca por las compras. Los vecinos han llegado a ver hasta cinco taxis cargados con cosas de El Corte Inglés llegando a la puerta de la urbanización. Que los kuwaitíes, que son un montón, tienen en propiedad un bloque de apartamentos, que sólo usan el mes de agosto, y que la kuwaití forofa de los grandes almacenes es la única mujer que sale a la calle, “ignoramos por qué”, pero que el resto de las mujeres se pasa todo el mes de agosto en el balcón, con el velo puesto, mirando cómo sus niños y sus maridos se bañan en la piscina.

La tía Marga fue modelo en los años 70, conserva la magnífica figura, viste totalmente adecuada a su edad, y llama la atención por donde va. Lo compruebo hoy mismo cuando bajamos a la calle a comprar varias revistas. Adquiero de golpe, y sin tomar pastilla alguna, la condición de invisibilidad. De hecho gente que nunca me saluda hoy me saluda efusivamente pero sin mirarme a la cara, porque sólo la miran a ella. Vaya. Sólo soy un vehículo, un paso necesario, burocrático, para acceder a la diosa.

Le digo a las dos si mañana me acompañan a una Máster Class sobre Web 2.0, pero la tía Marga me dice que se va esta misma noche. Marga se niega en redondo:

- Ah, no, no me apetece asistir a una reunión de locos por la Red. Bastante tengo con aguantarte a ti.
- Por favor, Marga, es la primera Máster Class a la que acudo en esta ciudad. En Madrid hice varios amigos bloggers, pero aquí todavía no conozco a nadie de la blogosfera local. Como en el periódico no nos dejan escribir sobre bloggers, pues la verdad tampoco me he esforzado mucho en buscarlos. Y los ponentes son buenísimos, a ésos sí que los he visto un par de veces en Madrid.

Al final, Marga accede:

- Bueno, de acuerdo, puede estar interesante. Voy contigo si luego nos vamos de compras, que tengo que renovar un poco el fondo de armario.
- Eso está hecho.

Me despido de la tía Marga y me voy al periódico. Cómo no, le pregunto a Jorge si puedo escribir un artículo sobre la clase de mañana:

- Lucía, a ver cuándo te enteras que a los medios no nos interesan los blogs, que son la competencia.
- Pero bueno, el periódico digital tiene una plataforma de blogs de colaboradores.
- Tú lo has dicho, tenemos blogs en la versión online del periódico, porque los usuarios demandan ese tipo de servicios, pero no escribimos nada de eso en el periódico que llega a los quioscos. Encima no les vamos a hacer publicidad. Lucía, estos temas se hacen en contadas ocasiones, y se escogen con pinzas, para no parecer unos retrógrados.
- Entonces, ¿lo escribo o no?
- No.

Aaaaarrrggg. Qué rabia me dan estas cosas.




To be continued


0 comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails