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Antonio





Puerto Marina de noche
Nos vamos los dos juntos de la fiesta y yo sigo a Antonio por la pasarela, encaramada a los tacones que he vuelto a recuperar. Una vez dentro, constato que su embarcación está toda recubierta de madera, pero está lejos de ser un yate de diseño. En realidad hay tanta madera que el yate parece una cabaña del Tirol (acuática), aunque el conjunto no llega a ser hortera, ni mucho menos. De repente, veo una estantería llena de libros y me pregunto si he tenido la santa suerte de que además de estar buenísimo, Antonio sea un intelectual. Mientras él prepara dos copas en la cocina me dedico a curiosear. Qué ven mis ojos. El Kindle de Amazon. Este chico me tiene intrigadísima con su afán por la lectura. Pero echo un vistazo a los libros y me doy cuenta que en su mayoría son libros de navegación y de la práctica de deportes náuticos, temas que no me interesan especialmente. Para mi desilusión no encuentro ningún libro de Stendhal ni de nadie que se le parezca.

Me doy la vuelta y veo que Antonio se ha tumbado en el gran sofá con la camisa entreabierta. No sé si es que está ligeramente mareado o me está provocando directamente. Porque esto es provocación. No puedo evitar mirarle durante unos minutos, y encuentro tremendamente sexy esta contención. Creo que nunca he visto una piel tan hermosa. De repente, él me mira fijamente y creo que voy a desfallecer. Qué diablos: A la mierda Stendhal. Me tiro encima de él con el mejor salto del tigre que he practicado jamás. Él se ríe muy seguro de sí mismo y me recibe con los brazos abiertos.

Antonio es muy cariñoso conmigo y paso la mejor noche de mi vida junto a él. Me siento una diosa del sexo. Una diosa del amor. Me duermo abrazada a él pensando que qué importa que esto se convierta en algo fugaz, es tan intenso que creo que no lo olvidaré jamás.

Al día siguiente, Antonio me despierta y me trae el desayuno a la cama. Son más de las doce y me siento súper energética.

- Tengo una sorpresa para ti.
- ¿Sí?
- He llamado a una clínica de belleza para que nos den un masaje relajante en cubierta. ¿Te apetece? Voy a buscarte un albornoz.

Me acabo de enamorar.

Salimos a cubierta y aquí están las dos masajistas con las camillas preparadas. La que me toca a mí me unta generosamente con esencias y me hace volar. Cuando terminamos, Antonio me dice que tiene varias cosas que hacer, y entiendo que ha llegado el momento de despedirse. No hablamos de volvernos a ver, pero yo interiormente deseo que sea así y que pronto haya otra fiesta para poder coincidir de nuevo. Camino triunfal por la calle, sintiéndome la mujer más guapa del mundo y llego a casa. Marga me está esperando para que le cuente la noche con todo tipo de detalles.

- Lucía, pareces Thelma después de haber pasado toda la noche con Brad Pitt. ¿Por qué no te has peinado? Ja, ja, la única diferencia es que tu ligue súper rico no tenía nada que robarte. Tía, refulges, ¡estás en una nube! Pero lo siento mucho, querida amiga, pero te tengo que bajar de esa nube ahora mismo.
- ¿Cómooo? ¿Hay algo que yo deba saber?

Le imploro a Marga que tenga piedad, que me deje disfrutar del día, que no en todas las ocasiones una se siente como una luciérnaga llena de energía amorosa. Vamos, hoy me pongo al lado de Sharon Stone y le apago esa bombilla deslumbrante que parece que lleva dentro.

- No, no es grave. Pero no te enamores, Lucía. Ese chico no para de viajar, es un deportista, se pega una vidorra, su padre es el propietario de un montón de gasolineras de la provincia, que es el que realmente financia todo esto, y ha sido una casualidad que atracara el yate aquí, porque no lo esperábamos hasta septiembre. La semana que viene se va a las islas Seychelles.

¿La semana que viene? No creo que pueda soportarlo. Aunque yo ya he sentido esta noche que mi maravilloso rollo tenía fecha de caducidad. Antonio no me ha demostrado ningún sentimiento más allá de la amabilidad y el lujo que me rodeaba no parecía real, sino de película. Todo era fugaz. Todo estaba a punto de desaparecer. Aun así, le comento a Marga que me gustaría verle antes de que se marche.

- ¿Es posible que haya otra fiesta pronto, Marga?
- Es posible.

Marga hace gestiones con las amigas enviando varios SMS, para ver si alguna sabe qué va a hacer Antonio los próximos días. Por el momento, estas gestiones resultan infructuosas. Me doy una larga ducha, y bajo el agua recuerdo la noche. La piel se me eriza. Pase lo que pase, bendigo mi buena suerte.

To be continued

Lucía Scoop

La casa de Marga®


Geena Davis as the great Thelma

2 comentarios:

Timoteo Estevez

interesante saludos desde república dominicana.. bonito tu blog... abrazos!!!

Carmen

Muchas gracias, un gran abrazo para ti también!

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