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Fiesta en el yate






Akhilesh Sharma - Fotolia.com

Marga, sus amigas y yo abandonamos el restaurante la mar de animadas en dirección al Club de Regatas. Al final me he aprovisionado de un pequeño cepillo de dientes en una máquina del baño, y dadas las expectativas, he sido más que escrupulosa con mi higiene bucal;D. Llegando al puerto vemos el yate iluminado, subimos y rápidamente me doy cuenta que esto está lleno de pijos. Pero ponen los Gnarls Barkley y me voy como loca a la pista de baile, tarareando con frenesí I think you’r crazy, you really think you’re in control. Llevo puesto un traje increíble, de color verde-vegetación, aunque he dejado los tacones de vértigo nada más entrar al yate. Así que voy cómoda y con zapatillas, y comienzo a dar botes y a dar el espectáculo.

Menos mal que no llevo los zuecos puestos como cuando empecé a pisar a todos los amigos de Marga en una pista de discoteca porque me pusieron la canción “La fiesta que tengo la llevo aquí”, de Amparanoia, que no pegaba nada con el ambiente - la mente del disc jockey que se deslizó a otros mundos por un momento - y Marga me agarró del brazo y me dijo en un aparte:

- No me importa que lleves zuecos. Pero no pises a mis amigos.

La canción se acaba, la siguiente selección musical resulta ser mucho menor, y viendo que nadie me agradece el show que yo solita me estoy montando, me voy a cubierta a ver el mar y me conecto sin ningún rubor a mi iPod. Noto que me tocan en el brazo, me giro y aquí está él: el tío más guapo que he visto en mi vida. Pienso que alguien ha apagado la luz y nos hemos puesto todos a soñar. Doy un saltito hacia atrás, de la impresión que me da ver esa magnífica hilera de dientes blancos y esos ojazos azules, a juego con el mar. Pero he aquí que aparece rápidamente la dueña del yate, con varias copas de más, que se tira sin dudarlo encima del hombre-aparición y se pone a morrearlo desaforadamente. Para mi desilusión, él se deja llevar. Para superar mi decepción, decido hacer un esfuerzo por socializarme, y me vuelvo a la pista.

Mi look de hoy es maravilloso: yo misma no me creo que llevo este cortísimo y precioso vestido de lentejuelas verdes. Hoy me he soltado la melena y me está sentando súper bien practicar a fondo la variedad deportiva del levantamiento de vidrio, que es lo que se estila por estos lares.

Y entonces aparece ÉL, vestido de frac, pero con la pajarita desabrochada. Me recuerda al modelo del anuncio del perfume One Million de Paco Rabanne. Ese punto sexy, descuidado, me va a volver loca, este tío no debe tener ni 25 años, y me coge de la mano y empieza a bailar conmigo. Siento que me adora, así de golpe, y me siento feliz y azorada. Lo que más me gusta de todo es que me siento súper cómoda, como si lo que estuviera pasando fuera lo más natural del mundo: que un dios hecho carne ponga los ojos en mí. A lo lejos veo a Marga y Maribel alzándome las copas de champaña, deseándome buena suerte. La filósofa y la socióloga siguen enredadas en su segura profunda conversación. Merche, la socióloga, que como todas sabemos tiene un marido fabuloso, muestra una absoluta fidelidad y respeto a su propia personalidad, y contesta con un graznido cada vez que alguien le pide de bailar.

I want to break free from your lies: el espíritu de Freddie Mercury me inunda, por un momento me suelto de la mano de mi pretendiente, y me hago la reina de la pista. Que se note que he estudiado seis años de ballet clásico y danza contemporánea, y que nadie me gana en el ritmo discoteca. Marga siempre me aplaude esa cualidad, la de saber bailar, y me dice que es muy sexy porque los tíos suponen que si sabes mover las caderas bailando también las sabes mover en otras situaciones mucho más íntimas. Algo que me perturba porque nunca lo había pensado. Pero antes de que termine la canción, ya está otra vez mi pretendiente, en el borde la pista, mirándome fijamente, encantado. Este tío sabe que voy a ser suya esta noche.

Antonio, que así se llama, me acompaña por toda la fiesta. Ya no me suelta. Me cuesta hacer un aparte y confesar a Marga y a Maribel:

- ¿Pero cómo me voy a ligar a este tío? Es demasiado guapo.
- Y tu estás de vicio esta noche, pareces Penélope Cruz.

Con el subidón de autoestima que llevo encima decido yo también empezar a tocarle, a acariciarle. De repente, me coge de la mano y me dice que nos vayamos a su yate. Ni que decir tiene que ni me despido de las amigas y le sigo a través de la fiesta.

To be continued

Lucía Scoop


2 comentarios:

Deprisa

¿Y qué pasaría en el yate? ¿Habrá movimiento de caderas jejeje?

Siempre queremos detalles frívolos...malditas mentes perversas.

Un saludo.

Carmen

Ja,ja,ja, sí, siempre queremos los detalles, da igual que estés leyendo un cómic que Romeo y Julieta directamente del inglés. En fin, qué te puedo decir, ¡sorpresa! en una situación así tan estupenda puede pasar cualquier cosa:D Coming soon;D

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