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Merci, monsieur Larsson





Acabo de terminar de leer Los hombres que no amaban a las mujeres, la primera parte de la trilogía del escritor sueco Stieg Larsson que murió justo antes de alcanzar el éxito, y cuánto me alegro que un personaje como Lisbeth Salander, la protagonista femenina principal, haya triunfado entre los lectores europeos. Lisbeth es una tía sociópata y cargada de rabia, brillante investigadora dispuesta siempre a saltar la línea, enemiga de la policía y consumada hacker.

el escritor sueco Stieg Larsson, autor de Los hombres que no amaban a las mujeres


La novela, desde luego, trata sobre la violencia contra las mujeres. Estamos tan hartos de leerlo que ya no hacemos caso, pero es para helarse la sangre: en Suecia un 46% de mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual. En España, ya sabemos todos que son tres cuartos de lo mismo. Este libro es un aviso a los escritores: después de Lisbeth, no creo que las heroínas literarias que la sigan puedan carecer ya de capacidad y astucia, porque Larsson ha escrito un antes y un después con la osada Salander. No importa quién haya sido el vocero, pero quizás hemos aceptado mejor el personaje de Lisbeth porque lo ha escrito un tío. Los tíos pueden hacer mucho cuando se lo proponen en la cuestión de ayudar a formar una conciencia crítica con la violencia de género. Es fácil y es así: la sociedad los escucha más y mejor.

Lo que hace este libro es plantear una tesis fundamental: ¿Qué pasaría si las mujeres se tomasen la justicia por su mano? Al fin y al cabo no sería algo tan ilícito, ni amoral, siendo como están siendo masacradas de Suecia a Ciudad Juárez, en uno y otro confín del globo. ¿Somos malos los seres humanos cuando a veces oímos en las noticias que una maltratada comprobada y declarada mata a su marido y nos alegramos íntima y secretamente por ello? Lisbeth Salander ha conectado silenciosamente con esa secreta alegría perteneciente al inconsciente colectivo. Y ésa es la clave de su éxito.

A Salander le sienta muy mal que un determinado señor presione a una antigua amante para que aborte, metiéndole la cabeza en la bañera durante horas. No tiene nada personal contra él, pero decide que ésta es otra injusticia de otro típico "cabrón que odia a las mujeres", así que le vacía las cuentas e indica su paradero a su peor enemigo, que a su vez se encarga de hacer justicia por su parte. Es un buen aviso. A los cabrones. Quizás un hecho aíslado que podría haber quedado impune, despierta el instinto justiciero de cualquier investigador buena-persona del mundo y significa el fin de sus fechorías misóginas.

Gracias, señor Larsson, porque su novela es dura, pero destila esperanza, y el mensaje es claro: si el sistema no te ayuda, haz lo que puedas para defenderte. Es tu derecho, mujer. ¿Somos violentas las mujeres? Sí, pero la violencia de Lisbeth Salander, a diferencia de la violencia masculina, sólo se despierta ante las injusticias.

Los hombres que no amaban a las mujeres


Me han dicho que la segunda parte, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, es aún más dura y violenta, que Lisbeth Salander sigue haciendo justicia, se recupera de las heridas del amor y, a la vez, estudia matemáticas. Ya la tengo en casa, aunque aún no he empezado a leerla. Todavía me estoy recuperando de la impresión de la primera, pero sé que me he llevado un regalo, porque Lisbeth es el personaje más lógico y femenino que he leído en años, su fuerza te da fuerza, y sobre todo me ha reconciliado con algunos de mis viejos métodos reporteriles.

Sí, es una hacker, utiliza métodos completamente ilegales pero hay hackers buenos y eso la policía lo sabe muy bien. Estos hackers se meten por ejemplo en chats de pedófilos, cambian las contraseñas, pueden destruir la página web y entorpecen o anulan la conversación entre criminales. Hace tiempo leí que con esta clase de cracks informáticos, la policía hace la vista gorda muchas veces. Son gente que trabaja en la trinchera, que se arriesga a que lo metan en chirona, pero que en realidad le están haciendo un gran favor a la sociedad.

Sí, creo que seguiré leyendo las aventuras del probable álter ego de Larsson...

Gracias. Un saludo

10 comentarios:

Jose

Lo de estudiar matemáticas es un punto a su favor, pero lo de utilizar la violencia para mi que no.
Es lo mismo que la llegada de las mujeres a la cuspide en el trabajo. Si, ahora chillan, hablan de futbol, sueltan tacos y dicen "por mis cojones" pero más que ser más papistas que el papa lo que necesitamos es una visión femenina. Y esta nunca ha sido violenta, afortunadamente.
Como pase lo mismo con las futuras lideres mundiales (Jorja Bush, María Ahmadineyad , etc..) lo llevamos claro.
El mundo lo que necesita es Justicia (lo del Amor ya es utopia)

Carmen

Bueno, lo primero es que yo jamás he dicho "por mis cojones" en mi puesto de trabajo. Sí, necesitamos justicia, pero no la hay. Yo no estoy hablando de violencia gratuita, claro que no me gusta la violencia, pero las mujeres no deben esperar pasivas a que las exterminen. Y, de todas formas, la violencia es mayoritariamente masculina: eso es lo que hay que criticar.

antonio

Creo que haceis una anecdota de la literatura.
En la vida real si hay violencia y es de verdad de esa que salpica a la camisa.

Carmen

Tengo tanto respeto por la literatura que creo que jamás haría una anécdota de ella. Y aunque no en nuestras propias carnes, sí conocemos la violencia en la vida real: basta poner cualquier telediario. Simplemente digo que en un mundo violento como éste (donde siempre los mismos atacan a las mismas) el personaje de Salander es liberador para cualquier mujer, no sé si eso un tío lo puede entender. Y creo que la novela es polémica por eso, porque cambia los papeles. Así que supongo que me ha salido un post también polémico. En fin, qué puedo decir, somos miles de lectoras encantadas. Aunque a mí me gustaría oír en las noticias que los mecanismos de justicia funcionan. Sólo entonces un personaje como Lisbeth carecería de sentido. Gracias por venir.

Rosa

La inteligencia es la capacidad de adaptacion pero no la de resignación. Yo la entiendo en su versión más transformadora, qué es la que nos distingue, por encima de todas las cosas, de los animales, bién por casualidad, por inspiración o fruto de una sesuda sesión de reflexión. El caso es que los hechos más violentos y traumáticos son los que despues son analizados, son origen de grandes corrientes de pensamientos y genialidades que transforman realidades.
Ojalá no hayan Lisbeths por ahí sueltas, con la ficción ya es suficiente y además ya conmueve y remueve suficientes consciencias. Es un método menos lesivo. Y ya que la noñería de las buenas palabritas no funciona...pues que le vamos hacer.

Carmen

Hola, Rosa, qué bueno verte por aquí. No creo que haya muchas Lisbeths por ahí, tienes razón sobre que a lo mejor la literatura puede remover más conciencias que una Lisbeth auténtica. A mí no me gustaría saber que alguien está arriesgando su vida (una neira femenina)por defenderme a mí o a cualquier otra. Pero, mira, después de siglos de discriminación, si me entero que hay una Lisbeth, le monto un club de fans. Gracias por tu comentario, me ha encantado. Tienes razón en que nunca hay que dejar que a uno/a las cosas se le vayan de las manos. Es sólo literatura, pero qué maravilla. Muchos besos.

Anónimo

Estupendo post, Carmen. Yo también estoy leyendo estas novelas y me entra un subidón cuando aparece Salander, todo un personaje, que se convertirá pronto en un clásico. El autor bien podía estar orgulloso de su obra (¡qué pena que haya muerto tan joven!)Estoy entusiasmada y eso que no soy una fans de la novela negra.
Por cierto, me alegro de que hayas regresado de tus vacaciones. A mí aún me queda un poco.
Saludos.
Olga.

Paula y Manuel

Buenas, muy buen blog! Felicitaciones!!!

Te invito a que visites nuestro blog y que luego consideres darnos tu voto en la sección SOLIDARIOS.
Damos de comer a los jóvenes que viven en la calle y el premio redundaría en beneficio de ellos.
Gracias por tu valioso tiempo!!!

Paula y Manuel
www.elmacarronsolidario.blogspot.com

Carmen

Gracias a vosotros por realizar un trabajo tan necesario. Gracias, un saludo.

Carmen

Olga, sí es todo un subidón leer lo que es Lisbeth Salander. Y una pena absoluta que el autor haya muerto, porque estoy segura que ahora estaría haciendo jugosísimas declaraciones en miles de medios contra la violencia de género. Sí, ya estoy de vuelta. Saludos para ti también.

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