Buscar

Una cena entre amigas







Lom - Fotolia.com
Hoy me voy de cena, qué bien. Así me lo ha dicho Marga: Vente, vente, que esta noche hemos quedado unas profesoras y algunas amigas más.

- Es un restaurante de lujo, te invito a cenar. ¿Te acuerdas de Merche y Laura?
- ¿La filósofa y la socióloga?
- Sí.
- Pues que no les entiendo ni papa cuando se juntan estas dos.

Nos vestimos monísimas y nos vamos hacia el restaurante. Conozco a la mayoría de las chicas y nos saludamos todas efusivamente. De pronto, me quedo mirando la vajilla. Los platos son tan buenos, tan blancos, que me hacen parpadear. No hago más que cogerlos por el borde y estrellarlos todo lo suavemente que puedo contra el bajoplato, esa especie de ensaladera que te ponen debajo, para sopesar su peso e impresionarme con él. Observo los tres cubiertos situados a cada lado del plato, de gruesa plata y deseo que todavía no traigan la comida, para poder seguir admirando la vajilla. Pero oigo a Marga pedir desde el otro lado de la mesa unas almejas japonesas a la marinera, mis preferidas, y ya el despiporre: un par de bogavantes plancha para las ocho que somos. Mis jugos gástricos entran en acción.

Como no somos muchas, horror, me toca sentarme al lado de la filósofa y la socióloga, que encima hace un montón de tiempo que no se ven, y están hablando que casi les falta el aire. No entiendo ni jota lo que están diciendo. La socióloga es la súperjefa del Negociado de Estadística del Ayuntamiento; su sueldo dobla el de Marga, y sólo sale de la ciudad si su destino es un hotel con spa. Merche y Laura empiezan a hablar del behaviorismo, y siguen con la subestructura del pesimismo en El paraíso perdido de Milton. Ya no puedo más y hago amago de largarme a la otra punta de la mesa, donde están Marga y Maribel dándole a las croquetas, y muertas de risa poniendo a parir a todo el equipo directivo del instituto. Se las oye desde aquí y desde varias mesas alrededor. Están hablando de cómo la bedel, toda irreverente, ante el flamante nuevo BMW rojo del señor director, fruto de los suculentos beneficios que le reporta la gestión del comedor, le soltó delante de todo el mundo:

- ¡Te has comprado el coche de los macarras! ¡Coche rojo, coche peligroso!

Estoy a punto de levantarme de la silla para largarme donde verdaderamente está la marcha, pero Laura me hace un gesto con la mano para que me quede y me suelta:

- Está bien, Lucía, hablemos de blogs.

Ah, entonces me quedo.

Me lanzo a explicarles mi último análisis del estado de la blogosfera, tema con el que tengo aburrido a todo el mundo. Me escuchan embelesadas, porque por supuesto que con ese par de cerebros también saben mucho de nuevas tecnologías, y sobre todo les interesa la vertiente social de todo esto, y aportan muchos puntos clave.

Pero qué. El tema de las nuevas tecnologías les lleva a Marshall McLuhan que pronosticó la aldea global y por arte de birlibirloque se ponen a hablar de Umberto Eco y empiezan a discutir sobre la cualidad filosófica de la belleza, con un montón de palabrejos que se me escapan… Así que paso de ellas definitivamente y me voy hacia el otro extremo de la mesa, que como digo es donde está la fiesta esta noche.

Marga y Maribel me dicen que no pueden más con el bogavante. Me las quedo mirando asombrada pensando que cómo tiene que ser tu vida de cómoda para que te hartes de comer bogavante. Ni corta ni perezosa me lo zampo todo en un plis-plas creyendo que mis papilas gustativas están en contacto directo con el paraíso. Comenzamos a planear la noche. Objetivo: ligar. Protesto débilmente:

- ¿Pero yo por qué tengo que ligar? Paso de ligar. Además, me acabo de hartar a alioli.
- Cállate. Pues haznos de señorita de compañía. Además, ya lo sabes, siempre te quedas ahí atrás, como quien no quiere la cosa, tímida y sencilla, y al final te quedas con el chico más encantador del grupo. Vaya con la mosquita muerta.

Y añade Maribel:

- Ah, yo pienso que el que sean más o menos encantadores me importa bien poco. Yo como Carla Bruni, me vuelven loca los chicos con poder.

Sorprendida, les pregunto:

- ¿Es que dónde nos vamos esta noche que nos vamos a encontrar ese poderío de tíos?
- Al yate de una conocida, que está varado en el Club de Regatas.
- Nena, vas a flipar.

To be continued




2 comentarios:

Miguel

Ah, pero el bogavante se come? yo creí que eso era una leyenda...

Me gusta el bolg (si, acabo de juzgar todo el blog por la dos últimas entradas), un saludo.

Carmen

Ja,ja, bueno, en la ficción todo es posible. De hecho, La casa de Marga se podría llamar "oda al marisco", siempre que puedo pongo a las dos amigas protagonistas a comer gambas jaja quien tiene hambre sueña rollos... Bueno, espero que te guste también el resto del blog!
Un saludo:D

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails