Buscar

El lector valiente





Un hombre con un libro

Leo un fantástico artículo de Enrique Vila-Matas sobre la cualidad de ser un buen lector, donde critica también las frases rancias, previsibles y llenas de clichés de los malos escritores. Le leo y es como si pusiera el dedo en la llaga de mis errores gramaticales, de mi impaciencia por resolver una situación o una frase, de mi falta de tiempo crónica, un dedo en la llaga de mis prisas por explicarme a mí misma. Tenga piedad, señor Vila-Matas, de los escritores tardíos, usted mismo fue uno de ellos, un Bartleby que dejó de escribir durante años. Gracias por mencionar la necesaria valentía del lector, la valentía del espectador de cine. Poder ser capaz de sentir, de soñar, permitir gozosamente que le den la vuelta a tu corazón como se la darían a un calcetín. Alejarse consciente y premeditadamente de la definición de Cyril Connolly de los lectores perezosos: Con independencia del talento que inicialmente posean, se condenan a ideas y amistades de segunda mano.

Sí, se necesita valentía para leer a Eduardo Galeano y descubrir las injusticias de este mundo; una terrible curiosidad para que Dominique Lapierre y Larry Collins nos hagan entender a los profanos el maravilloso proceso de división de las células en un laboratorio en Más grandes que el amor; viajar con Jodie Foster hacia las estrellas en Contact; alucinar con 2001 aunque no entiendas nada, el mismo Kubrick lo dijo, que no quería decir nada; amar a Juliette Binoche como la madre soltera de Paris, que recupera la ilusión justo cuando estaba a punto de tirar sus ilusiones por la borda. Hay que ser valiente para ir a ver Ágora, porque la película trata sobre el amor de Amenábar por la astronomía, pero también explica al mundo la injusticia que se cometió contra Hipatía de Alejandría; como en aquella época y en muchas otras se negó a las mujeres el poder expresar su inteligencia.

Jodie Foster en Contact


Sé que disfrutaré con Moon, porque está hecha a la manera de los clásicos de ciencia-ficción, más exactamente es una meta ciencia-ficción, porque la cuestión no es mostrar una explosión de efectos especiales sino mostrar la relación del personaje con el entorno tecnológico, cómo reacciona el ser humano viviendo en el espacio, cómo las grandes preguntas pueden surgir en situaciones extremas, y a lo mejor, obtener alguna respuesta. La película ha sido premiada en Sitges y el director, Duncan Jones, parece haber heredado la genialidad de su padre, David Bowie.

Si lees, tienes que estar dispuesto a que venga alguien a removerte las tripas, a cambiar tu concepción del mundo y hasta de ti mismo; viajar con el autor hacia sí mismo es un acto de amor y valentía recíproca. Es comprender que el verdadero autor se desnuda para ti, no tiene miedo de descubrirte sus miserias, y deja que tú descubras las grandezas.

Arturo Pérez-Reverte, Pertidme tutearos, imbéciles

También debes estar dispuesto a reírte a carcajadas, como me he reído con un artículo de Pérez Reverte de 2007, "Permitidme tutearos, imbéciles", pero que ahora me entero circula por Internet, que brama contra el sistema educativo español, contra los políticos de todo signo y condición. Reverte critica que se ha mermado de cultura a los estudiantes españoles, han quitado el latín, el griego, reducido la filosofía, la historia, y estoy completamente de acuerdo con él en que éste es un país que cree que la cultura es un desfile de Cibeles, y no, que la cosa viene de lejos, como dice él, hemos vivido ya dos mil años de Hispania grecorromana, Calderón, Quevedo, Clarín o Machado. En el artículo Pérez Reverte dice verdades como puños y revela que es un escritor auténticamente apasionado por la cultura y siente como un ultraje que no se la respete. Me río cuando leo "No quiero que acabe el mes sin mentaros a la madre" o "Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuanto más peligro tiene un imbécil que un malvado". Cuando leí su Territorio Comanche, sobre las aventuras de varios periodistas de guerra en las trincheras más activas, pensé que es junto a Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, uno de los libros más desternillantes que conozco. Ah, qué hombre :D

Ahora ha llegado a mis manos un libro que he perseguido años, todos los años que estuvo sin publicarse, la Guía de los lugares imaginarios, y me resisto a la tentación. Es una lectura que no sé por qué retraso, pero creo que es porque sé que me arrastrará como un torbellino. Pero ya me acerco a él y lo hojeo tímidamente. Lo leo a trozos y descubro con ternura que los viajeros de historias fantásticas siempre descubren paraísos llenos de mujeres hermosas, a veces terribles e injustas, e inmensos tesoros enterrados en islas situadas en el límite de la conciencia. Conozco el reino de Meccania, donde hasta la más mínima actividad humana está regulada por el Estado y cuyo Palacio de Justicia promueve justicia con la envidia como único condicionante de decisión. Descubro las Rootabaga Stories, de Carl Sandburg, y me encanto con el país de los alfileres de sombrero o el lago de las olas retumbantes. Ítalo Calvino me habla de las ciudades invisibles... El libro me llama y me dice: atrévete.

Así que, bienvenida, querida y hermosa valentía.

2 comentarios:

Anónimo

Buenísimo. Me ha encantado.
Olga.

Carmen

Muchas gracias, Olga. Muchos besos.

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts with Thumbnails