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Lara Wilkes


La maquilladora pegaba saltitos emocionada alrededor de la silla de Lara.

-¡Oh, señora! Es usted bellísima, mucho más de lo que se ve en las revistas. ¿Cómo consigue este pelo tan suave, este cutis tan divino?

Lara hizo un ademán nervioso con la mano.

- Oh, por favor, qué sarta de tonterías. - Y condescendiente replicó - Ya sabrá por su profesión de las maravillas en belleza que ofrecen las tecnologías actuales, todas al alcance de la mano por un puñado de dinero. El dinero es la única diferencia entre una tía buena y una tía espectacular. Haga el favor, no balbucee y termine pronto.
- Oh, no, sí, señora. Perdone si la he molestado. ¡Es usted un ídolo para muchas mujeres! Sólo quería expresarle mi admiración.
- Bien, bien. ¡Tomás!

Su fiel mano derecha no tardó ni un segundo en reflejarse en el espejo, detrás de ella.

- Haz el favor y dile a Bernardo que o me trae las preguntas ya, o me voy a casa con este horror de maquillaje.
- Bernardo está en producción, señora, y no se le puede molestar.
-Bien, ¡quíteme esto! - Lara se arrancó la bata azul y la puso en manos de la boquiabierta maquilladora - ¡Si sólo queda media hora para salir al aire! Voy a verle, acompáñame, Tomás.

El viejo Tomás se reía mucho camino de producción, detrás de Lara, después de haber visto prorrumpir en sollozos a la afable señorita.

- ¡Oh, Betty, ha sido horrible, horrible!

Lara se cansó de golpear la puerta. Nada, que no le abrían.

- Bueno, esto ya es el acabose. ¡Bernardo, me voy!

Bernardo abrió la puerta.

- Lara, por favor, mira que eres cría... Entra. - Lara se sentó a su lado- Tenemos que esperar a que termine la transmisión desde Estados Unidos, ¡no todos los días llega un nuevo presidente a la Casa Blanca!
- Sí, sí, pero a mí dame ya el cuestionario, que me interesa mucho más.
- Tómalo y empápate. No te preocupes, nada sobre tus conexiones con el narcotráfico ni de cómo te libraste de tu marido heredando toda su fortuna.

Bernardo se reía a carcajadas.

- ¡Qué vieja zorra! Te las sabes todas, querida. Has progresado mucho, de periodista de base a escritora con fama internacional. Todo lo puede el dinero, ¿eh?
- Ten cuidado, Bernardo. Ésas son unas acusaciones muy fuertes y puede que te tengas que tragar tus palabras. ¿Acaso opinas que lo que escribo es basura, Bernardo?
- Oh, no. Claro que con 20 redactores detrás yo escribiría Lo que el viento se llevó unas mil veces. ¿No te parece?
- De 20 redactores nada. Cinco, y lingüistas. La única artista soy yo.
- Bueno, bueno. Ve al plató. Lola está deseando conocerte.

Atravesó los cables tendidos en el suelo entre los aplausos y vítores del público. Lola la esperaba con los brazos abiertos.

- No te pongas nerviosa, Lara. Permite que Adela te dé un poco de polvos. ¿Cómo estás? Tardaremos unos diez minutos en salir en antena.
- Bien, ¿y tú?
- ¿Yo? ¡Estupenda! ¿Pero es que no lo ves? ¡Mi querido amigo el doctor Suárez me ha quitado veinte años de encima!
- Pues no sé cómo llevas el pelo tan recogido, se te van a ver las grapas detrás de las orejas.
- Qué borde eres, hija, claro, como tú todavía eres joven te ríes de las viejas. Ya te tocará, Lara Wilkes.

El regidor gritó "¡Atentas, dos minutos para entrar!". Lara miró furtivamente su reloj: eran casi las seis. Qué perfección en los planes. Se relajó. Ahora nadie, nunca jamás, la podría relacionar con la muerte de Vallejo. Esa escoria iba a desaparecer de la faz de la tierra y ella, por fin, se sentiría vengada, por M., como debió ser entonces. Miró por encima el cuestionario y vio que las primeras preguntas correspondían a su última obra, Mi esclavo, así que no había que preocuparse. También estaba la de siempre: para cuándo el Pulitzer. Qué pesados...

De pronto, ¿cómo? Maldita sea. M. entraba por la puerta del plató de la mano de su hijo. Dios mío, algo había salido mal... M. estaba preocupado.

"Oh, espero que este idiota no me haya puesto la policía en los talones".

Lara. Una novela inacabada.

Fragmento II

Continuará

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