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Hombres y mujeres






Para qué negármelo más. Adoro a Elvira Lindo y a su marido, Antonio Muñoz Molina, escritores andaluces los dos, cada uno en lo suyo imbatibles. Leo la columna de Elvira pulcramente todos los domingos en El País. ¿Por qué? Porque esta señora me pone en el mundo, escribe cosas con las que “nosotras, que no somos como las demás”(1), nos podemos sentir identificadas. En su artículo Hombres y mujeres reconoce que cuando era niña soñaba que era un niño, porque percibía que ellos recibían un trato muchísimo mejor. Me encantó saber que yo no era la única niña en el mundo que soñaba que era un niño, y no te obligaban a poner la mesa, y veían tan requetebién que te dedicaras a matar gatos con los colegas. Es un hombre, déjale. Y lo que alucino con Elvira es la coincidencia en los deseos infantiles: quiero tener los mismos derechos y ser reforzada con el mismo nivel de autoestima que ellos. Sí, señora.



Y sí, Elvira, somos muchos los que formamos esa mayoría silenciosa que decidió no unirse al duelo universal por Michael Jackson, esa locura popular de baja estofa. De hecho, yo me sentí mucho más dolida por la muerte de Farrah Fawcet Majors, que ocurrió el mismo día, pero qué quieres que te diga, a mí Los Ángeles de Charlie me ponen mucho más.




Y es verdad, Elvira, que a nosotras no nos dejaban, nos cantaban incluso: “Una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar”, o limpiar, o lavar, uf, un montón de cosas. Pero llega la madurez y decides que la vida doméstica no te va a esclavizar, que vas a hacer lo que te dé la gana, escribir, vivir, soñar, bailar, y al que no colabore, puerta. Y me alegra ver que tú también has detectado lo evidente: que el mundo está lleno de hombres que aman a las mujeres, como el mismo Chéjov, que se sienten cómodos en un mundo machirulo que se derrumba, porque ellos también vivieron en su infancia el excesivo peso sobre sus hombros de la hombría que se les exigía. Esos hombres, como tú dices, “que están a nuestro lado”.

Leo muchas cosas más sobre temas de la mujer. Artículos que siguen abriéndome los ojos, y me duele aceptar que sólo tengo una vida, que lucharé todo lo que pueda por ayudar a contribuir a cambiar las condiciones de vida de las mujeres en el mundo, pero veo con horror que es una gran guerra perdida, que no me queda tiempo. El 99% de la riqueza mundial pertenece a propietarios varones. Ellos dominan el mundo y qué mundo tenemos: las mujeres son masacradas en Ciudad Juárez e Hispanoamérica con total impunidad, esclavizadas sexualmente en Tailandia y miles de horrores más que todos conocemos. Como decía Larsson en el primer tomo de su trilogía: las putas le gustan a todo el mundo, y nadie hace nada por ayudarlas, ningún juez, ningun fiscal, ningún policía, nadie hace nada por cambiar el sistema.

Leo sobre los consejos de Maruja Torres a las feministas que se reunieron en Granada recientemente y se quejan de la poca cobertura de los medios sobre el evento. Y el consejo de esta escritora es desternillante: estas cosas hay que defenderlas en pelotas, en bola picada. La única manera de llamar la atención. Bueno, todo sea por la causa, ahí está Angelina Jolie, provocando a media humanidad, y ganando mucho dinero que invierte en mejorar las condiciones de vida de niños y mujeres del mundo. ¿Habrá que seguir su estela? Ah, qué dilema.

También leo sobre el revuelo que ha provocado un artículo de Enrique Lynch en el País que dice que la violencia de género se produce porque hay un feminismo de revancha, y por lo que se ve, según este escritor, los hombres se sienten acosados por las feministas y por eso se les van las manos como aspas de molino y venga, una pulsión por dar tortas. Por lo menos, tanto Elvira Lindo como lectoras y escritoras de todo signo han hablado de machismo y mordaza: según Lynch, las mujeres no debemos insistir tanto en la conquista de nuestras libertades, porque luego pasa lo que pasa, que te ponen el ojo morado.

Pero qué dice este señor. De qué nos vamos a tomar revancha las mujeres. No hay manera. De qué.

(1) Título de un libro de Lucía Etxebarría

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