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Horrores catódicos



vishnukumar sivaraman - Fotolia.com

Vaya por delante que yo no veo la tele a menudo, y en eso no soy nada original. Internet va creciendo gracias en parte a audiencias arrebatadas a la televisión, entre las que me incluyo. A veces lo que veo no me gusta nada o lo que me gustaría lo ponen a horas imposibles: no pretendo explicar las razones, pero conmigo el late-night no tiene nada que hacer. Por las mañanas, observo que la cosa está pavorosa y me doy cuenta que da igual la cadena que ponga, porque todo es TelePantoja o Telebelénesteban, que deben ser sin duda las mujeres más populares de España, y no quieres ni plantearte los motivos porque eso habla muy mal de la población de este país.

Hoy decido dejarme llevar por el aparato catódico, me pongo a hacer zapping y me lanzo a componer un estudio mediático casero. De repente sale en pantalla una tía muy joven, muy conservadora en su forma de vestir, que dice que ha encontrado el amor, un novio feo que le triplica la edad pero que es increíblemente millonario. Da tantas explicaciones que se nota a la legua que todo es mentira. Pienso que eso ya lo dice Felipe González, que él sabe muy bien que las chicas de veinte años no se enamoran de los viejos, que él nunca se ha creído que una jovencita pudiera enamorarse de él. Increíblemente, esta tía cree estar enamorada, y se lo pasa estupendo mintiéndose a sí misma con absoluta maestría y perfección. A continuación sale un anuncio de Corporación Dermoestética: una mujer que ha probado todos los tratamientos estéticos y quirúrgicos de esta corporación pasea por el aeropuerto provocando la envidia de otras dos mujeres, que yo veo igualmente guapas. Hay que ver lo que vende la competencia entre mujeres, pero me parece un recurso vil.

Compruebo que sigue sin haber hombres en los anuncios de detergentes, y pestañeo de estupefacción con un anuncio de mujeres emocionadas porque han encontrado el limpiahogar de su vida. Pero lo mejor de todo es la imagen de una de ellas que está agachada al lado de la bañera, sufriendo verdaderamente, observando fijamente suciedades que ya no sabe ni cómo quitar. La imagen es toda una metáfora. Agachada al lado de su bañera y agachada en la vida: todo el mundo pisotea al que se agacha para limpiar. Después, vemos la felicidad que alcanza esta mujer cuando logra limpiar la suciedad con el maravilloso producto. ¿Ése es el mensaje de la publicidad de este país? ¿Las mujeres somos idiotas limpiabaños? Me cabreo un poco y empiezo a percatarme porqué casi nunca veo la televisión: porque no soporto ciertos mensajes agresivos y denigrantes.

El honor perdido de Katharina Blum

Comprendo que debo apagar cuanto antes el aparato no sin antes ver a una maltratada, que sale ¡a cara descubierta!, en un reality-show, cuando su marido aún no ha cumplido su amenaza de matarla, pero ahora tendrá más motivos (estos tíos se motivan rápido). No puedo evitar recordar un libro que leí en la facultad, El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll, en el que la protagonista acaba de un disparo con la vida del periodista que está destrozando su vida, inventando hechos y hundiéndola en el fango. Viendo a la maltratada firmando su sentencia de muerte a la vista de todos, pienso que el libro tiene una vigencia enorme hoy en día porque refleja cómo los medios pueden hundir la reputación de una persona, incluso con su consentimiento, y esa reputación es difícilmente recuperable, aún ganando el caso en los tribunales. Porque las maledicencias perduran durante años en la mente de la opinión pública.

Los americanos, en su empeño por poner nombre a todo, llaman TV idiots a todos lo que están locos por aparecer en la tele como sea, en Gran Hermano, O.T., o en un reality show donde cuentas las miserias de tu vida a cambio de un bocadillo y poco más. Luego, las consecuencias pueden ser funestas. Todo el barrio se entera de que le pusiste los cuernos a tu marido y ya no te fían en la tienda, o las vecinas te retiran el saludo. Incluso me acuerdo del caso de un hombre que fue a un concurso,- las expectativas eran altas en su entorno social-, no ganó nada y se pilló una depresión. Fellini decía que cuando veía la televisión creía que vivía en un mundo de subnormales y Woody Allen siempre dice que le encanta la tele, porque así la apaga y se pone a leer un libro. Si es que esto es como dicen los nativos de algunas tribus indias, que aseguran que las fotografías roban el alma. Me parece que una cámara de televisión, mal utilizada, también puede hacerlo.


Saludos para todos:D

5 comentarios:

Cucho

Jo, cuanta razón tienes. De todas formas yo soy de los que piensan que la televisión no crea nada, sino que sencillamente va siempre por detrás de la sociedad que refleja. Somos así de palurdos, qué se le va a hacer. Como dice con mucha guasa por no llorar un amigo mío, vivimos en la dictadura de los catetos.

Ahora que se puede comentar en los periódicos on-line y aparece el listado de las diez noticias más leidas se aprecia el panorama: con la que está cayendo a nivel mundial, siempre tienen que ver con asuntos truculentos, sexo casposo de famosillos, Belén Esteban o similares. Los comentarios son para llorar... son de una sociedad de analfabetos funcionales -lo de las faltas de ortografía ya es lo de manos- permanentemente cabreada que cree que tiene todos los derechos y ninguna obligación.

Tenemos lo que nos merecemos, baste como ejemplo (otro más) el nivelazo de políticos que nos maneja a uno y otro lado... rastreros, bajunos, ineptos, ignorantes, egoístas crea-problemas, un primor de cenutrios, vaya.

Y agárrate, que las nuevas generaciones vienen con tres pasos atrás dados aceptando (de buena gana) roles sociales que creíamos desterrados o al menos medio superados... por eso venden esos anuncios. Ya sabes que los publicistas no suelen hacer nada sin saber bien donde se meten, lo que venden y el "target" potencial.

Cuando me toque el cupón del viernes salgo corriendo como poco a Nueva Zelanda. Al menos tienen (todavía) bosques y no conozco a nadie, asi que me compraré uno y me pierdo. Ya te aviso.

Carmen

Bueno, lo primero muchas gracias por tu excelente comentario, todavía recuerdo el de Las ciudades: uno de los mejores en tres años de blogging. Sí, claro, la tele refleja la sociedad que tenemos y los publicistas, como tú dices, saben muy bien lo que se hacen a la hora de elaborar un anuncio. Sí, la dictadura de los catetos. Como decía Nietszche, "el problema no es que sean tontos, ignorantes, racistas o conservadores, el problema es que son más", y esto incluye a muchos políticos de baja estofa. El tema es que yo creo que merecemos una mejor televisión, es un medio de comunicación fabuloso que se merecería más cuidados. En fin, menos mal que de vez en cuando echan documentales, algunos programas que valen la pena, Redes en la 2, por ejemplo. Y con el humor del gran wyoming me desintoxico de toda la parcialidad de los telediarios, algunos con verdadera pasión por los sucesos, que eso a la gente también le pone cantidad, la sangre, y de emisoras de radio venenosas. Ah, jaja, ya veo que no eres el único que sueña con largarse a Nueva Zelanda ante tamaño panorama, dicen que uno de los lugares más bellos de la tierra.

Avisa, avisa:D

Cucho

Bueno, ¡gracias a tí! por molestarte en compartir, en serio.

Pues lo de la tele es que es muy fuerte. Yo es que con la comercial no puedo. Hace un montonazo de años que me gasto la pasta en el digital+ porque aunque no sea para tirar cohetes tampoco, al menos tienes cierta escapatoria de la bazofia imperante, y como debo ser uno de los tres o cuatro tíos en este país a los que no le gusta el fútbol (eso me dijo el distribuidor, lo juro) pues me apunté a todo menos a los canales de deporte con lo que siempre hay algo que ver decente.

Las emisoras comerciales viven con la tiranía de las audiencias y estan obligados a tirar carnaza para lograrlo, ya sabes, y la verdad es que en eso no hemos avanzado mucho desde los romanos. Panem et circenses. No cuentes con que mejore jamás... ya sabes, todo lo que puede empeorar, lo hará, es la ley natural.

La verdad es que pagando encuentras cosas; series buenísimas alguna que otra peli y bastantes documentales, pero lo dramático del asunto es ese precísamente... la cultura para el que, además de que le interese, la pueda pagar, y lo mismo con la radio que también se las trae... para eso también hay que pagar vía conexión internet, y así tener "emisoras" sin anuncios y con música que no sean triunfitos, babosos, reggaetones y demás perlas. Bueno, Radio 3 se libra. ¡Viva el iTunes y sus radios! ah, y los torrents, qué carajo, que pa'eso pago...

Bueno, mejor nos lo tomamos a risa ¿no? Como decían Les Luthiers, "Cuuullllltura para todosss, veánla en su horario habitual de las tres de la mañana" ja, ja, no son nadie estos...

Un abrazo

Carmen

Bueno, volvió internet después de las lluvias. Aprovechémonos. Sí, vamos a ver, como consumidora audiovisual, la cuestión es pagar. Pero en un país en el que el 50% de su población es mileurista, no todos pueden hacerlo. Así es que esto es tb una cuestión de élites, a la que no me siento culpable de pertenecer de algún modo, todos buscamos nuestra burbuja, de amigos, imágenes, libros especiales. Pero como mujer me fastidia sobremanera esos mensajes publicitarios que son desvaríos. Según la recientísima Ley del Audiovisual, van a prohibir los anuncios de cirugía estética en horario infantil, porque dicen que perturba su desarrollo mental. Pues yo creo que una niña que está estudiando, o jugando, puede también sentir mucha confusión, sentirse perturbada, si ve a varias mujeres enloquecidas con la limpieza como si eso fuera lo más importante de la vida. Es un mensaje nocivo. Dan ganas de montar en facebook una liga pro-abolición de anuncios de detergentes, jaja, al tiempo.

De nada por lo de compartir. La verdad es que no escribo en el blog por compartir, aunque es bonito que alguien te lea, pero como escritora soy una egoísta redomada y sólo escribo para mí, luego, si gusta, bien y si no, también. Escribo muchas cosas que no publico en el blog, para mí esta exposición pública es sólo la punta del iceberg, pero me encanta porque un blog te obliga a escribir todos los días. Desde luego he conocido gente fantástica con esto del blog, pero también se pueden conocer muchas personas valiosas por otros medios, no hay que sacralizar esto de ningún modo. Para mí lo importante de esto es escribir, siempre, a menudo, todos los días, la madurez me ha vuelto muy cabezota en ese sentido. Otros llaman a esta cabezonería constancia. Ah, yo que sé.

Un abrazo.

Carmen

Quiero matizar mi último comentario. Claro que me gusta que me lean, que me comenten, como dicen los de Amaral el artista busca "aplausos que acompañen a mi alma". Claro que me gustaría triunfar como la coca-cola, ser como la blogger de Bestiaria, ganar premios, dinero, todo eso. Pero en tres años de blogging, con una novela publicada, eso no ha ocurrido. Pero yo sigo amando escribir, no voy a dejar de hacerlo simplemente porque jamás logra subir de 50 suscriptores (mis amados 50 suscriptores). Quiero decir que escribir es una proyección pública, pero sobre todo es una pasión íntima. Un abrazo.

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