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Llamando a Elena II


- Hola, Elena. Nunca llamas.
- Tengo tres hijos, guapa, sabes que siempre me acuerdo de ti, pero de verdad, que no doy abasto. Acabo de planchar una decena de camisas para Mario.
- Bueno, pero eso lo haces una vez al mes.
- Ya, pero jode igualmente.
- Oye, ¿te puedo contar una cosa que ando rumiando?
- Jaja, ¡adelante! A ver qué me cuenta mi escritora preferida…
- Oye, ¿Éstos de Google no serán Dios? A ver si aquí estamos buscando la divinidad al fondo del acelerador de partículas europeo, el inicio mismo del Big-Bang, temblando a la vez que el artefacto se nos pueda engullir el planeta... ¡y no nos estamos dando cuenta que en realidad estos chicos de California son los elegidos en la tierra!
- ¿Pero por qué dices eso, Lola?
- Vale. Te lo cuento. Fernando y yo hemos pasado el fin de semana en una casa preciosa de unos amigos.
- ¿Y?
- Tía, que la casa está en el culo del mundo, te lo juro, en un paraje casi desconocido y está fotografiado por Google. Pero vamos, que si un día no barres la puerta de tu casa, pues ya sabes, esto es quedar como un guarro estelar. Hay gente que ha dicho que ha visto el coche de Google. ¿Es una leyenda urbana, Elena? ¿Tú lo has visto?

(Silencio sepulcral a los dos lados de la línea. Elena suspira profundamente)

- Ay, Lola, menos mal que luego todo eso lo escribes y así te salen las novelas, como churros, una detrás de otra. Ahora, como editora tuya que soy, te lo recomiendo, no te pases de adelantada. ¿Qué tal va la novela de ciencia-ficción?
- Pues, Elena, muy bien. Cómo que no me pase de adelantada, como alguna vez cuele, rompemos el mercado. Las comparaciones son odiosas, pero ya lo sabes, Kubrick, por ejemplo, cada vez que hacía una película, lo hacía con la intención de romper el género y vamos, no tenía ninguna piedad con el espectador: si no lo entiendes, vas y te apañas. Estudia como yo.
- Ya, pero si te doy toda la razón. ¿Pero qué hago yo con una novela de ciencia-ficción feminista? ¿No se supone que el género se agotará porque la misma realidad ya supera con creces todo lo que se pueda escribir sobre ese tema?
- Tú confía en mí. En serio.
- Ya, si ya me sé el cuento, los autores sois los que más confiáis en vuestra propia obra, lo que os honra. Pero somos una pequeña editorial, Lola, tú también podrías echar una mano, al fin y al cabo somos amigas toda la vida, ¿qué tal un libro de cocina? Te encanta cocinar y a mí me harías el gran favor de mi vida: eso lo podría vender muy bien.
- Ah, pues eso, también. Por qué no.
- Tú no tienes hijos, Lola, haz el favor de emplearte a fondo, ya sabes que lo mío con la pintura está postergado hasta que estos tres vayan a la universidad, preferentemente a Harvard o La Sorbona, o sea, ¡bien lejos!
- Jaja
- Bueno. Te doy la buena noticia. Me apunto al gimnasio contigo y así nos vemos dos días a la semana. O me pongo a hacer deporte, o esto no hay quien lo lleve.
- ¡Genial!
- ¿Vas a escribir el libro de cocina?
- Sí, por ti.
- Esa tía ahí.
- Jaja hasta pronto, Elena.

Hasta pronto, Lola.

;D

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