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Llamando a Elena


Vamos, Elena. Ring, ring. Vamos, coge el teléfono. Elenaaaaaaa

- ¿Sí?
- ¡Elena! Hooola. Soy Lola. Cómo va todo. Oye, mira que estamos pensando Fernando y yo ir en Semana Santa a ese camping tan chulo que estuviste el verano pasado… Qué, ¿me lo recomiendas?
- Uf, no sé qué decirte. Depende de lo que entiendas por un verano ideal.
- Oye, una pregunta, Elena. Que quiero cocinar una receta hindú que me he pillado en internet, tú que entiendes de esto, ¿por qué siempre ponen las recetas con esa letra tan pequeña para imprimir? ¿Es que las abuelas no se conectan o qué? Qué opinas.
- Pues hija, nunca me había preocupado el tema. Por ahora tengo buena vista.
- Oye, el camping…
- ¿Sí?
- Tiene acceso directo a la playa, ¿verdad?
- Mira, la playa es pequeña, ridícula, no tiene casi profundidad y te tienes que bañar agachado. Perfecta para abuelos y niños pero para Mario y para mí fue ¡humillante! Jaja Además, en esa playa escuché por primera vez a un violador contando la hazaña a un amigo, tan contento. Bueno, los dos amigos tan contentos. Se me quedó una cara de póker que no veas, pero conecté la antena y no se me escapó ni una. Cuando Mario y yo, alucinados, nos levantamos para irnos, le miré a la cara, Mario fue incapaz, unos breves segundos. Quería saber qué cara tiene un violador. Y la verdad es que sí le cuadraba la cara.
- Qué me estás diciendo.
- Sí, la gente es un poco bruta por allí.
- Pues no voy.
- Pues no vayas. Pero si ya me lo decía la madre catalana de una amiga mía cuando éramos pequeñas: Noies, vosaltres, cap amunt, cap amunt, que cap abaix, res de res. Pero mira, estuvo interesante, viví muchas anécdotas. Todo el camping son casitas y hay que limpiar mucho porque las casitas tienen jardín y las hojas de los árboles y las flores se caen constantemente. Eran las once de la mañana y vi a dos mujeres limpiar afanosamente su casita, con una cara de mala leche, de mala baba, que no veas.
- Uy, por qué la cara de mala leche.
- Porque ellos estaban durmiendo. ¿Entiendes? Ésas son sus vacaciones. Sus maridos y sus hijos duermen hasta bien entrada la mañana y ellas DEBEN limpiar la casa, preparar la comida, qué van a hacer, si no ganan un duro. No les queda más remedio que tragar.
- Uf, qué mal rollo. ¿Pero conociste gente?
- Sí, claro, gente maja también, por supuesto. Pero es que el primer día una vecina alemana me dio dos euros porque mi hija pequeña decidió regalarle un libro que no le gustaba a su amiguita alemana. Yo intentando explicarle a la teutónica las bondades de regalar porque sí, sin pedir nada a cambio, y la tía va y me da dos euros.
- ¿Y no se los tiraste a la cara en ese mismo momento?
- No. Eso fue el primer día y todavía me quedaban otros quince días de vernos las caras.
- Pues ya me has dado la pista definitiva. No voy. Voy a mirar un camping por Gerona… um, ¿y el sur de Francia?
- Ah, no sé, no he estado. ¿Cómo está Fernando?
- Ummm, increíble, Elena, contentísimo, ya se ha echao p'al arte y va lanzado. Nos merecemos unas vacaciones en abril. Queremos iniciarnos en el sexo tántrico.
- Qué me dices. Me muero de la envidia.
- Pues propónselo a Mario.
- ¿Mario? ¿Qué me estás diciendo? ¿Estás hablando de mi marido? Cariño, el alto ejecutivo aparece por casa cada tres semanas y lo estoy llevando todo yo sola, la editorial, los tres niños, ya sabes que me ayuda Consuelo, claro. ¿Pero no oyes los gritos de las tres fieras? ¡Es que no puedo ni hablar! Si le hablo de sexo tántrico a Mario, se va a creer que me he vuelto loca. Además, siempre estamos demasiado cansados.
- Bueno, Elena, ya pasará todo esto.
- Sí, señora, ya pasará. Como lo sabes jaja
- Buenooooo, pues ya te llamaré contándote las novedades sobre mi Fernando.
- Jaja eso espero.
- Besos
- Me muero de ganas de verte. ¿Qué tal si aparco los niños el lunes en la escuela y nos tomamos un café rápido?
- Hecho.
- Hasta el lunes, pues.

Hasta el lunes.






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