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Un país de vicio





Najwa Nimri

A veces El País Semanal es un auténtico regalo. El del domingo pasado, que leo a ratos sueltos ahora, entresemana, pasará a mi historia personal como uno de los que más he disfrutado en esta vida. Un auténtico placer, un vicio. Y también he recibido algunas y necesarias bofetadas de realidad.

Leo un estremecedor reportaje de Manuel Vicent sobre la violencia en Colombia, sobre la vida de miles de campesinos en la selva, vida que pende de un frágil hilo manipulado por guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes. Las venganzas y las matanzas se suceden. Una campesina cuenta que si una mujer se niega a acostarse con un guerrillero, entonces matan al marido, y la dejan más sola que la una en este mundo hostil. Tantas y tan variadas historias tenebrosas, que ni el mismo Manuel Vicent se atreve a contárnoslas todas.


Leo también con placer un artículo sobre series de televisión femeninas. La televisión está acogiendo el talento de magníficas actrices que han superado la barrera de los 40 años y esto desde luego es un fenómeno muy nuevo(en el cine todavía los 40 son una barrera infranqueable para muchas). Una encuesta dio la clave: en el 45% de los hogares norteamericanos son ellas las que controlan el mando de la tele. Las cadenas han tomado buena nota de este dato y cada vez hay más y mejores personajes femeninos en la televisión, que está resultando el nido perfecto para muchas actrices que ya no interesan al cine (craso error, como en el caso de la magnífica Glenn Close). El público femenino quiere entidad y risas, personajes que luchen por sus familias pero también por sus carreras. Dicho de otro modo, las mujeres han dicho no a que sus personajes preferidos sean simples floreros, “la esposa de” o meras comparsas de los personajes masculinos. El éxito de The good wife, que se refiere a las perfectas esposas que aguantan las infidelidades constantes y públicas de sus maridos (infidelidades inspiradas en los escándalos sexuales de Clinton y un número variado de gobernadores y senadores USA), ha inaugurado un probable cambio de ciclo en la televisión estadounidense. Ha hecho que todas las cadenas de TV USA espabilen y preparen más series con personajes femeninos de bandera, lo cual se ajusta más a la realidad, porque a ver quién no es una mujer de bandera en los tiempos que corren;D



Pero me quedo enganchada sobre todo con la entrevista a Najwa Nimri, cantante, compositora y actriz (y seguro que muchas cosas más), caótica y profunda, complicada, directa y sincera. Lo que algunos llamarían una mujer difícil. Nadja vuelve ahora con su primer disco en castellano El último primate y con papeles secundarios en cinco películas. Confiesa que para ella la música es su primera pasión, la más íntima, con la que disfruta realmente, porque con el cine se siente demasiado expuesta al ojo público. Agradezco enormemente la sinceridad de Najwa. El artículo está convenientemente titulado como Un búnker para Najwa, porque ella misma sueña con un búnker donde componer y tocar música, donde “utilizar el talento de otros y que otros utilicen el mío propio”. Muchas otras mujeres soñamos con espacios únicos e íntimos, en mi caso sueño con un espacio lleno de libros y películas, ajenas al mundo exterior. Me hace gracia que se refiera al terror femenino, esos terrores atávicos tan comunes a todas, pero que ella tiene la valentía, o la tremenda ingenuidad, de reconocer: Me obsesiona un peligro oculto. Siempre veo el gato muerto bajo la mesa. Siempre veo el gato encerrado. Es una constante en mi vida, eso aparece en mi disco: un romance con Satanás, o con Judas. Un estado apocalíptico. Un estado de sitio. Pero también dice que tiene una absoluta fe en que sus papeles protagonistas importantes en el cine llegarán ahora. Ojalá, porque lo hace muy bien.

Me despido del semanal leyendo el artículo de Javier Marías sobre Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, señora que a micrófono (que cree) cerrado puede soltar las mayores barbaridades, desde llamar “hijoputa” a un político en cuestión o denigrar a uno de sus alcaldes diciéndole “¿Pero cómo has podido autorizar esa puta mierda?”, se supone, refiriéndose a una construcción. Nunca había querido yo observar detenidamente el fenómeno de esta señora porque la verdad, evito todo lo que puedo, siquiera levemente, enfadarme a mí misma con estas cosas. Pero este artículo me abre los ojos. La señora tiene toda una cohorte de políticos y técnicos a su disposición, y sus maneras son caciquiles y groseras, fomentando la degradación de la gente a su servicio. Pero no es la única. Este país está lleno de dictadorzuelos patéticos con esbirros patéticos, que podrían ser más felices tirando la toalla y dedicándose a otra cosa, antes que servir a unos señores tan impresentables. Ésta sí que es una mujer difícil.

Gracias, un saludo para todos:D



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