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Ay, señor Larsson






El protagonista de Millenium en la redacción de la revista del mismo nombre

A mí la trilogía Millenium se me antoja una bomba de relojería con efecto retardado, con retranca, una estela alargada, una hazaña literaria, como dice Vargas Llosa, que el tiempo todavía no nos ha permitido tener una conciencia real de su gran influencia en la literatura, un efecto que se prevé no se apagará en mucho tiempo. Larsson ha contribuido a modificar la conciencia de millones de personas respecto a la violencia de género, ese aspecto sangrante de nuestra realidad y sobre el que el autor nos obliga a enfrentarnos, porque leyéndole no hay escondite posible. Larsson puso el dedo en nuestra llaga y ésta todavía nos escuece.

Ahora sale este libro escrito por uno de sus mejores amigos, o uno de sus mejores enemigos, y surgen las críticas. El libro se presenta con intención de presentar las oscuridades del escritor.

Para mí, Larsson se ha convertido en un monstruo literario de tal calibre, que los críticos, los que quieren hundir el mito, se han puesto en acción. Como decía Jonathan Swift: Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él. El amigo Kurdo Baksi tiene a mi parecer una relación amor-odio con Larsson, y no hay que leerle al pie de la letra, sino sacar pistas, conocer a este autor que bordeó varias veces el peligro en el desempeño de su trabajo, arriesgando su propia vida en múltiples ocasiones. No dudo que fuera una persona conflictiva en muchos sentidos. Los más críticos hacen burla o comentario de la supuestamente frágil estabilidad mental del señor Larsson, aspecto éste que si creas una obra maestra, para mí carece de importancia. Qué me importa a mí la estabilidad mental de auténticos visionarios que ruedan Avatar, Blade Runner, Thelma y Louise, Ágora, Contact, 2001; que escriben Los Miserables, Orlando, La vieja sirena, el Quijote o Romeo y Julieta. A mí lo que me importa es que estos autores me hacen soñar, y viajar a otros parajes de la imaginación humana. Locos son otros, mucho más dañinos, y no éstos.

Son los escritores, los artistas, los que nos cuentan la verdad. Es su obligación ser honestos consigo mismos en un mundo dominado por engaños y por falsas apariencias. Cuando uno se pone a leer, o a escribir, busca verdad, honestidad, y como dice Antonio Muñoz Molina, hay que tener el detector de palabrería bien activado. Y en Millenium no hay palabrería, sino puñetazos de verdad a diestro y siniestro.


La indomable Lisbeth Salander
Leyendo un extracto de Mi amigo Stieg Larsson, descubro el verdadero origen de Millenium y de la extraordinaria Lisbeth Salander, auténtico álter ego del escritor sueco. El autor del libro censura a Larsson porque éste presenció, a la edad de 15 años, la violación de una amiga suya a cargo de tres amigos comunes, en un camping, en el verano de 1969, y no hizo nada para defenderla. Esa violación le torturó durante varios días con sus noches respectivas, y al final se arrastró a los pies de la chica, pidiéndole perdón. La chica le dijo, llena de amargura: Nunca te perdonaré. Veo que el amigo-autor le critica por esto y me pregunto qué hubiera hecho cualquiera de nosotros en esa situación, a esa edad, en la que se puede tener un concepto erróneo de la lealtad masculina, en un contexto difícil, en una Suecia realmente machista, ¿enfrentarnos con los tres violadores a riesgo de sufrir una paliza? No pretendo justificarle, pero cuantos verdaderos cómplices de violencias varias luego no han hecho nada ni han escrito nada de nada para remediar lo irremediable.

No me cambio por el pellejo de Larsson en esa situación de pesadilla ni por un solo segundo. Sólo sé que este acontecimiento fue el detonante, el leivmotiv de Larsson en su propia misión vital y apasionada de hacer justicia con las mujeres. Despertó en él el instinto de la búsqueda de la verdad, y ahí está Millenium. De algún modo el escritor hizo justicia con su amiga creando a Lisbeth, una sociópata justiciera, libre e inteligente, consecuencia natural y directa de una sociedad que está enferma.

Sigo lamentando a día de hoy que Larsson tomara 20 cafés diarios para dar vida a Lisbeth. Creo que todos hemos perdido una gran oportunidad de conocerle más profundamente. Espero que haya abierto con Millenium una gran estela literaria, y sigan saliendo a la luz más hombres, más escritores, más cineastas, como él y otros muchos: esos hombres que realmente aman a las mujeres. Merci, monsieur Larsson.

Espero también que ella ya le haya perdonado. Si no es así, nadie, jamás, podrá culparla por ello.







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