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Buscando a Julia


Un ejército de hombres armados hasta los dientes se introducía lenta y sinuosamente en la Ciudad Subterránea, invadiendo los pasadizos, al amparo de la oscuridad. Todos tenían órdenes precisas. Unos debían ocupar las fábricas, otros los trenes, las chabolas. La misión más peligrosa, y más necesaria, consistía en ocupar la Esfera Dorada, desactivar los dispositivos de seguridad y paralizar la ciudad. Tras esto, debían esperar hasta nueva orden.

James corría hacia la estación Roma guiado por uno de los hombres del Viejo, apretando convulsivamente el interfono contra su pecho. No hacía ni una semana de su encuentro con el Viejo en el lago y ahora se veía a sí mismo corriendo por aquella ciudad de pesadilla, preparado para cumplir su misión: coger a las 5’45 el tren N-450 que transportaba a los viajeros más allá de la ciudad, hacia el Norte. Allí debía recorrer vagón tras vagón, con la máxima discreción, hasta localizar a Julia Turbine. Tenía una foto de ella, así que no sería difícil. “En estos momentos el Viejo está luchando con el Ordenador Central, desde el Exterior. Toda la vida intentando acceder a él y por fin lo consiguió”.

James no podía olvidar sus palabras en el lago de la Esfera Dorada. El Viejo le había contado su huída al Exterior, convirtiéndose así en uno de los malditos, de los prófugos. Dedicó su vida a reconocer a los que habían huído como él y convencerles para formar un ejército. También les habló de la necesidad de convertirse en unos maquis de la memoria, para que nadie olvidara; les habló de cómo descubrió la existencia del Señor de la Ciudad Subterránea y sus sucios objetivos, y de cómo era imperioso elaborar un plan para “liberar a nuestra gente“.

James entró a las 5’45 en el tren N-450. Allí estaba Julia Turbine en el vagón número dos. Se sentó. Su compañero debía estar ya en la cabina del conductor. El tren paró en seco. “Todo va bien”, pensó. Allí tuvo la ocasión de asistir a la conversación de los pasajeros, que estaban convencidos de que la detención del tren se debía a una simple avería. Así se les informó. Tanto James como el Viejo sabían que era necesario esperar y callar hasta que el Ordenador Central estuviera totalmente desconectado. James escuchaba atentamente a la mujer que aseguraba que una vez logró escapar al Exterior.

- Allí los trenes son grandes y hermosos. Y atraviesan los llanos, bajo un sol abrasador. Los hombres viajan para conocer nuevos lugares y nuevas gentes. Creo que son felices.

La Esfera Dorada estaba ya rodeada por varios centenares de hombres armados, dispuestos a intervenir fieramente. De todas formas, no podrían hacer nada hasta que el Viejo no diera la orden de ataque.

Continuará




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