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El largo retiro de Maitena





Primero dijo un año, luego fueron dos. En realidad, ya son siete. Maitena, la genial autora de cómics argentina, (¿qué tiene ese país que da tan buenos viñetistas?), vive su retiro dorado en Uruguay, alejada de los frenéticos pinceles.




Maitena nos ha hecho reírnos de nosotras mismas, de las demás mujeres, de los hombres, y de todo bicho viviente, y la risa cicatriza todas las heridas. Porque Maitena también sabe de heridas, sabe de horas y horas entregada al trabajo durante años y simplemente ha dicho basta. No será la primera ni la última en abandonarlo todo en la cumbre del éxito. Ahora es una sabática de lujo, pero los comienzos de Maitena fueron difíciles, cuando dibujaba cómics eróticos para revistas de adultos, y criaba ella sola a dos hijos y lo sacaba todo adelante. Ella misma dice de su retiro voluntario: “Lo dejé todo. Descubrí que con lo que tengo puedo vestirme durante toda la próxima década. No necesito nada que no sean personas”.

Llegó un momento en que Maitena no quería contar ya las mismas cosas, comunicar de la misma forma y estos años sabáticos son absolutamente necesarios en profesiones tan esclavizantes como las artísticas, una esclavitud maravillosa pero que puede destrozar a cualquiera: estar dieciocho horas dibujando, o escribiendo, o rodando, o lo que fuere. James Cameron se tomó doce años de descanso entre Titanic y Avatar. Él mismo lo decía, (muerto de la risa, naturalmente): “He tenido el año sabático mejor pagado del mundo”.


El impacto que provocó su viñeta La estatua de la Libertad, a tenor de los atentados del 11-S, sorprendió a la misma Maitena, y se dio cuenta por primera vez que como artista, tenía la capacidad de conmover a los demás, “y que lo que importa es los riesgos que tomes en tu trabajo, no tanto lo bien que dibujes”. Confiesa haber dejado en este retiro dorado sus tres grandes adicciones, todo a la vez: el cigarrillo, el alcohol y el trabajo. Sí, todo workaholic se merece descansar.

No me extraña que esta genial, divertida, entrañable e incisiva diseccionadora de la psicología femenina se haya lanzado a escribir. A escribir, escribir, como una novelista, sin dibujos. Libre de ataduras, de compromisos, Maitena se ha lanzado a hacer algo que no sabía hacer, tarea ésta de escribir en la que se confiesa totalmente autodidacta, pero que reconoce de nuevo “la hermosa sensación de estar aprendiendo”. Con ese talentazo, seguro que hay algo muy bueno en el horno.

El caso de Maitena me recuerda el del escritor francés Pascal Quignard, del que no puedo evitar reproducir sus propias palabras:

Cuando escribo una novela me siento como un ciervo que se aleja y busca la paz en el corazón del bosque. Hoy parece difícil comprender eso, pero hay un placer muy intenso en el gesto de marchar, de alejarse de cierta cotidianeidad. Hace 13 años que dejé la seguridad de un trabajo y corté con el mundo editorial. Los primeros meses, el primer año, es extraño: no tienes citas, comidas, cenas, entrevistas organizadas. Nadie te llama. Hay una cierta forma de venganza, que es lógica, porque si tú has querido alejarte, los demás sienten eso con cierta agresividad. La sociedad tiende a comportarse de manera mafiosa. En el siglo XVII, un comerciante o un magistrado, cuando cumplía los 50, tenía derecho a consagrar el resto de su vida a Dios. Ahora la obsesión es mantener los vínculos sociales hasta el último minuto, entretener a los jubilados o hacerles trabajar de nuevo. No te dejan escapar hacia una relación más vertical, como la que podían buscar los eremitas o quienes se refugiaban en un convento. Eso permite tener una mirada distinta sobre lo que es tener una vida plena, sobre lo que es la felicidad. Creo que una de las cosas más tristes, más siniestras que le pueden ocurrir a uno es tener que simular alegría y felicidad todo el tiempo, como esas personas que viven de salir en la pequeña pantalla: me suicidaría si tuviese como oficio el ser feliz por obligación. ¡Qué suplicio!

Gracias, Maitena, por haber inspirado tantas conversaciones entre amigas, tantas risas. Sí, realmente tú eres de las que sabe conmover. À bientôt!





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