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El Viejo en el lago



A muchos kilómetros del tren detenido, en el Exterior, los miembros de la Asociación estaban desolados. Estaba claro que todas aquellas desgracias que estaban sucediendo en la Ciudad Subterránea debían tener su origen en un plan preestablecido. Y pagarían caro el no haber pensado jamás que aquella masa informe que habitaba bajo la tierra podría rebelarse y escapar algún día. Y con ellos también desaparecerían todos sus beneficios libres de impuestos…

Todos los interfonos de la Ciudad Subterránea recibieron al mismo tiempo el comunicado: Adelante. Era la señal. El Viejo había conseguido neutralizar el Ordenador Central. Rápidamente todos los trenes de la ciudad se pusieron en marcha. James cogió del brazo a Julia Turbine.

- No tenga miedo. Soy un amigo. Nos vamos todos juntos de aquí.

En ese momento Julia se dio cuenta que su cara no era la del loco sanguinario que ella había imaginado en aquella situación desesperada, un tren detenido en medio de la nada, rodeada de desconocidos con tanto miedo como ella, después de lo que parecían horas encerrados en un túnel. Pero, simplemente, el rostro de James era un rostro que reflejaba valentía y fiereza. Julia no entendía nada y menos aún cuando empezó a ver que el tren paraba en todas las estaciones y que recogía regueros y regueros de gente. Hombres, mujeres y niños, todos sonrientes, a los cuales el Ejército del Viejo ya había informado de la buena nueva.

- Qué… ¿qué significa esto? - preguntó Julia.
- Significa que se acabó la Ciudad Subterránea.

Miles y miles de hombres huían de sus casas, de las fábricas. Los niños salían de las escuelas corriendo alborozados hacia los trenes salvadores. Al principio todo había sido confusión, aquellos hombres con metralletas daban órdenes atropelladas y confusas: Deprisa, deprisa, nos vamos al Exterior. Julia sólo empezó a creer en aquello cuando vio que uno de los hombres armados abrazaba a una mujer llorosa y emocionada, y le decía:

- He vuelto a por ti. ¿Ves cómo he vuelto?

La llanura de la Esfera Dorada se llenó rápidamente de toda la gente que los trenes descargaban con celeridad. De pronto, un clamor profundo inundó las gargantas de todos. En medio de la atmósfera gris y pesada de la Ciudad Subterránea, la Esfera Dorada, como una flor luminosa en primavera, se abría lentamente, invitando a todos a transgredirla.

Cuando Julia Turbine vio el sol por primera vez en su vida, pensó que no podía haber nada más hermoso en este mundo. En una de las barcas de los cientos que rodeaban la Esfera en el lago, estaba el Viejo, agotado y pletórico.

- Gracias, James. Me has traído a mi hija.

Y se fue corriendo a abrazarla. Y ella le reconoció por el abrazo.

Fin



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