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Esclavos del scoop





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Hace un tiempo me enteré por las noticias del caso de una periodista muerta en un accidente de tráfico cuando iba de una ciudad andaluza a otra en busca de un scoop (primicia informativa) del corazón. El juez le dio la razón a la familia, (que la periodista trabajaba en unas condiciones infrahumanas, de auténtica explotación) y ésta recibió lo que para mí es una muy pobre indemnización que no llega a los 90.000 euros.

El caso de esta periodista es el pan nuestro de cada día. Los periodistas de base en este país trabajan mucho y muy duro, a cambio de un sueldo mísero. El vocablo mileurista ni siquiera les representa. Muchos no llegan a cobrar esos 1000 euros por un trabajo que les ocupa de once a doce horas diarias. Cuanto más jefe eres, peor. Cobras más pero eres el primero en llegar a la redacción y el último en irte. Es una profesión absolutamente vocacional en la que los divorcios están a la orden del día por la imposibilidad de mantener una vida familiar normal. Hay abuso de drogas y alcohol “para mantener el ritmo”.

Los periodistas, sobre todo los de la prensa local, no escriben noticias, escriben morcillas de texto. No tienes tiempo para contrastar la información ni de recurrir a varias fuentes como sería lo apropiado para redactar eficazmente la noticia. El saberte explotado y mal pagado no ayuda mucho a realizar un buen trabajo. Además, es una de las profesiones más sexistas que existen: las mujeres cobran mucho menos que los hombres y es muy difícil para ellas llegar a desempeñar puestos ejecutivos, lo cual desalienta bastante y muchas tiran la toalla. Aunque lo de tirar la toalla para las mujeres no es exclusivo de esta profesión, porque por todas partes están peor pagadas.

Esta profesión está muy idealizada, -hasta el mismo Supermán es periodista-, sobre todo por los que no están en el ajo. Creen que conoces personas interesantísimas, (lo cual no es del todo falso, aunque llega un momento en que no te compensa económicamente), y que alcanzas un alto grado de satisfacción en tu quehacer diario. Todos los periodistas comienzan su carrera laboral con mucha ilusión, sobre todo después de que en la carrera te han comido el tarro con la ética y la pasión por el periodismo. Cuando llegas al mundo del trabajo, descubres que la ética brilla por su ausencia y poco a poco te vas hartando del servilismo con que los medios atienden a sus patrocinadores políticos y económicos. Llega un momento en que muchas veces no quieres ni firmar tus textos para no pringarte con esa servidumbre de los medios.

Hace unos años leí un libro escrito por dos periodistas jóvenes que muy significativamente se llamaba Corta-pega, porque eso es lo que hacen muchos periodistas sobre todo cuando el tiempo aprieta. Hay que rellenar la página, no da tiempo a escribir, así que te dedicas a copiar y pegar los textos que te van llegando de las agencias de información. Como se ve, un trabajo altamente “creativo” y enriquecedor.

En época de elecciones, todos los partidos políticos te invitan a magníficos restaurantes con el fin de que informes positivamente sobre sus propuestas. Pasados los años, lo único que deseas es estar en tu casa comiéndote un huevo frito. Muchos periodistas de medios consiguen escapar hacia los gabinetes de comunicación que por lo menos te garantizan un horario de ocho a tres.

¿Qué hace entonces que un periodista siga siendo periodista después de varios años en la profesión? Lo primero, desde luego, es que no sabes hacer otra cosa. Y lo segundo es que, aunque te estén ninguneando y explotando, sientes una auténtica pasión por tu profesión y sigues ahí esperando que las cosas cambien algún día. Que un día puedas escribir buenos artículos, y que realmente tu trabajo influya de algún modo en la sociedad en la que estás inmerso.

Quién sabe, quizás algún día los periodistas sean valorados por lo que son, los historiadores del presente, y puedan desarrollar su trabajo dignamente. Si ese día llega, todos lo notaremos, porque tendremos entre las manos un auténtico periódico y no un boletín oficial del estado, que es lo que parecen muchos medios locales hoy en día.

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