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Las Penélopes






Recogiendo por enésima vez los juguetes de mi vástago, intuyo el significado del mito de Penélope, que tejía por el día y destejía por la noche, hecho que interpreto como una metáfora del trabajo doméstico de las mujeres, donde se limpia y se vuelve a ensuciar, donde se cocina día tras día, hasta la vejez, un trabajo que nunca termina, una especie de eterno retorno, un bucle del tiempo que se retroalimenta a sí mismo, un baile de piezas de rompecabezas que nunca terminan de encajar.

En La Odisea, Ulises tarda 20 años en volver a casa. Dicen algunos sociólogos que la cifra de 20 años es crítica y significativa en la convivencia de muchas parejas. En su largo periplo, Ulises permanece siete años con la diosa Calipso y tiene cuatro hijos con ella. Cuando decide abandonarla, la diosa le pregunta quién de las dos es mejor, si Penélope o ella. Ulises le responde: Eres una diosa, eres mejor que ella, pero Penélope es mi vida y mi hogar, frase que me recuerda a otra muy similar que dice Nick Nolte a Barbra Streisand en El príncipe de las mareas:A ti te quiero mucho, pero a ella la quiero más tiempo.

¿Y si Ulises jamás vuelve? La idea de la eterna espera femenina puede parecer muy romántica, pero ya se sabe, el que espera, desespera. ¿Esperar 20 años es un símbolo de fidelidad conyugal (según la wikipedia, así ha sido a lo largo de la historia, aunque ya veo que sólo esperan las mujeres)?¿O es una absoluta estupidez? ¿O una absoluta imposibilidad de elegir otra vida más activa?






El próximo 16 de abril se estrena en España la ultrarromántica Más allá del tiempo, The time’s traveler wife, una revision moderna del mito de Penélope acerca de la larga espera de la protagonista a un marido siempre ausente, y donde ella misma reconoce que no ha tenido otra elección. El marido no puede evitar viajar en el tiempo, no puede controlarlo, y ella le espera toda la vida, aguantando con la máxima serenidad posible, pero muchas veces no lo consigue, sus múltiples desapariciones.

Qué hubiera podido hacer una mujer sola en los tiempos que relata Homero, sino esperar, tejer y destejer ese sudario para el rey Laertes como única forma de repeler a los desagradables pretendientes que la están arruinando comiendo y bebiendo en los salones de palacio. Cuando Ulises llega por fin, bajo la apariencia de un mendigo, ella no le reconoce y le pone una prueba. Dice a todos que Ulises debe descansar y que los sirvientes bajen la cama a una de las estancias de la planta baja de la casa. Él le dice que esa cama no se puede mover, porque una de sus patas es un tronco de olivo que él mismo plantó. Penélope abre los ojos y la diosa Atenea regala a los amantes la noche más larga del año.

Buscando información sobre el mito de la fiel esposa, descubro en la red Las Penélopes, una red social nacida en Francia con el objetivo de favorecer la visibilidad de las mujeres. Esta red social ayuda a formar grupos de mujeres que tejen, desde las mujeres de las favelas de Brasil, que reciclan ropa para venderla posteriormente, hasta un grupo de mujeres árabes en Francia que también cosen y venden sus productos. Los diferentes grupos de mujeres intercambian ideas y experiencias por medio del uso de las nuevas tecnologías, intentando sacar a la luz el trabajo femenino, un trabajo muchas veces oculto, como si no existiera. Esta red es una iniciativa muy loable, porque como dice la escritora Soledad Puértolas, a las mujeres no es que se nos discrimine, es que parecemos invisibles.

Las mujeres tejemos. Tejemos, y esperamos. Descubro el libro Coser y cantar, de Whitney Otto, donde ocho mujeres se reúnen gracias a la costura, y mientras tejen hablan sobre lo divino y lo humano. Cuando era adolescente ayudaba a coser zapatos a la madre de una amiga, en el pueblo, y hablábamos también de mil cosas distintas mientras cosíamos. Pienso que los pescadores también tejen sus redes y mientras lo hacen, invocan a los peces que van a pescar, y es como si los atrayeran con su mente hacia las redes.

Mientras tanto, Penélope cose y descose un sudario eterno más allá de las estrellas, y en cada puntada construye un camino de recuerdos para que Ulises no olvide y encuentre el camino de vuelta a casa.




2 comentarios:

Marita

Hola Carmen, mientras leía el blog que está estupendo, recordaba otra película en que las mujeres se juntan a tejer, bordar y recordar, Recuerdos de Amores Pasados con Wynona Rider, una de esas pelis lacrimógenas pero en que la sabiduría de las mayores hace recapacitar a los más jóvenes. Siempre las mujeres nos juntamos para hacer algo, aunque sea para pasear y hablar.
Y hablando de grupos de mujeres tejedoras, hay un grupo en Uruguay que ha trascendido fronteras y es la empresa Manos del Uruguay, en la que tejedoras de todo el país aportan su trabajo manual y se juntan para trabajar....no sé si ellas esperan a Ulises...pero si que llevan el pan de todos los días a su casa con su trabajo. Un beso

Carmen

Hola, Marita, gracias por lo de estupendo, me encanta! No conozco la peli que citas de Wynona Rider, pero sí, hay películas maravillosas sobre la amistad femenina, entre generaciones, sobre cómo las mujeres mayores nos ayudan a las jóvenes con sus sabios consejos. Y se me ha olvidado incluir en el post "Como agua para chocolate", donde la protagonista cose una manta eterna para protegerse del frío que le provoca el no tener al amor de su vida consigo.

No, yo creo que las tejedoras de hoy en día no esperan a Ulises, sino que construyen un futuro con sus propias manos, ideas como el comercio justo o economía solidaria llevadas a la práctica benefician a las mujeres, a las familias y por lo tanto, a la sociedad.

Gracias, Marita, por tus palabras. Un beso

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