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Odiadores profesionales







Escribe hoy Elvira Lindo sobre su amigo escritor Eduardo Jordá, que escribió un artículo en el que cuestionaba la vigencia del mundo de Miguel Delibes en nuestro mundo actual, recién muerto el escritor, y dijo de Valladolid que era “una ciudad triste”. Pues surgió en la Red una ola de fervor patrio que ya reúne a seis mil miembros y que se dedican a insultar y a enviar e-mails amenazantes a este escritor. Como muy bien dice esta escritora, es el clic del odio el que se ha puesto en acción. Y pone el ejemplo de si nos atreveríamos ahora a condenar a Machado si escribiera a día de hoy estos versos: “Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora” o a tantos autores que aman y detestan a la vez sus ciudades, como le pasa a Enrique Vila-Matas con Barcelona, a Coetzee con Ciudad del Cabo, a Paul Auster con Nueva York. Y lo escriben. ¿Por qué no? Todo esto me parece un localismo rastrero. Eso sí, lleno de odio.

Coincidencia de las coincidencias, en el mismo periódico conozco el caso de la chica superdotada acosada en diversos colegios, que fue a pedir ayuda a la Defensora del Pueblo Riojano y alguien de la institución colgó en Internet todos sus datos personales, todo su historial de acoso escolar, datos que evitaron que una conocida entidad bancaria le diera una beca de estudios, siendo una de las mejores candidatas. Ahora un juez dice que la institución no tuvo intención de hacer daño, y el caso se ha archivado.

Uno de sus profesores lo narra muy bien: “Al destacar en los estudios, Cristina ha provocado diferentes reacciones, de crítica, envidia e incluso, agresiones físicas”. Lo que no hace sino ilustrar que el mal endémico de este país es el de la envidia, un país lleno de gente que se cree que la vida es un videojuego, en el que hay que hundir al contrario. (¿Se sentirían felices si esa persona se suicidara, por ejemplo? ¿Alguien que no pudiera tolerar el acoso?). Me parece que el caso de Cristina es la punta del iceberg, y el acoso escolar un grave problema provocado por unos padres sin autoridad: unos padres a los que no les importa que sus hijos sean unos acosadores. Por algo será, ¿no llevarán ellos mismos el acoso en sus entrañas?. ¿Nos extraña que haya fugas de cerebros en este país? Porque en muchos ambientes, en colegios con directores débiles o que pasan de todo, como en el caso de la chica riojana, se castiga el talento, y la diferencia, desde la infancia.

Y no sólo en la infancia. Recuerdo el caso de un escritor muy famoso, al que no voy a mencionar, que tuvo que dejar la enseñanza porque ganó un premio literario muy importante y el equipo directivo, muerto de la envidia, se dedicó a hacerle la vida imposible.

La gente con mala leche ha encontrado en las redes sociales un medio ideal para organizarse en atacar al otro. Siguiendo con el ejemplo de la enseñanza, vemos a diario en los medios que hay alumnos contra compañeros, alumnos contra profesores. En este país la calumnia tiene muchos adeptos. Antes, si le faltabas el respeto a un profesor, ya la tenías liada en casa. Ahora, son los mismos padres (no todos, ni mucho menos, pero sí una mayoría preocupante) los que socavan la autoridad del profesor. Pero vamos, que se presentan en el centro escolar a cantarle las cuarenta al insolente profesor: pero éste qué le ha hecho a mi niño. Si yo fuera profesora (Dios me libre) seguro que me gustaría decirle a los padres, aunque sé que no podría: Tu niño es un joputa, del pais de joputalandia, porque no tiene cultura, porque viene de una familia que no ha leído un libro jamás y que no tiene ninguna intención de hacerlo. Y seguiría diciéndoles, aunque seguro que a estas alturas ya no me entenderían: En los libros se puede aprender que los alumnos siempre han respetado a los profesores a lo largo de la historia de la humanidad, que ese respeto es la columna vertebral de la sociedad. Si permitimos que los jóvenes falten el respeto a los profesores, a sus propios compañeros, estamos jugando con fuego: no nos extrañe que llegue pronto el día que dejen de respetarnos a nosotros también, si es que no lo hacen ya.

Por suerte, Cristina, nuestra chica superdotada, ha encontrado una nueva universidad en otra ciudad (siempre es el acosado el que tiene que huir, Einstein también las pasó canutas en su infancia por ser superdotado, huyendo de colegio en colegio, y sin ir más lejos, recordemos otro tipo de acoso, el caso de Nevenka Fernández, acosada sexualmente por un tipo del PP, y que años después todavía tiene que vivir en el extranjero si quiere trabajar. Él, por supuesto, vive tan campante en España, aceptado y apoyado por su medio natural).

A Cristina le caen los dieces en los exámenes así, como perlas de rosario. Y es querida por todos, porque por fin está entre sus semejantes. Cuando leí el artículo sobre ella, hoy mismo, sentí un regusto de placer pensando qué tal llevarían eso sus antiguos acosadores, que Cristina sea superdotada, (un 173 de cociente intelectual cuando la media es de 100), y que vaya a vivir una vida mucho más intensa que la suya propia, que consiste simplemente en destruir el trabajo de los demás y no hacer nada por el suyo propio.

Qué podemos esperar de un país que nunca ha creado empleo real, que se carga una generación de jóvenes tras otra, de crisis en crisis, y tiro porque me toca, desde la del 92 hasta la de ahora. Conseguir un puesto de trabajo cualificado y valorado se convierte en algo realmente difícil para los jóvenes. El talento es considerado como algo menor, si no como un gran problema, y donde la capacidad de medrar de cada uno, por medio de primos, amigos, etc. es lo único que cuenta. Gente que no se dedica a hacer nada, que no sabe nada. La enfermedad del ignorante es que ignora su propia ignorancia, decía Amos Bronson, pero este tipo de ignorante ataca todo lo que se mueve, a todo el que destaque.

Le deseo a Cristina y a muchos otros como ella, una gran vida. Una vida de ésas, de las grandes, de las que enferman a los pobres de espíritu. Que tengan un éxito merecido, acorde a su talento y al empeño que pongan en ello. Porque no han hecho ningún daño a nadie, nunca merecieron el acoso, su único delito es haber sido manifiestamente superiores a los miembros pertenecientes a un entorno pobre, mísero y raquítico. Porque, como decían Vanessa Williams o el mismísimo Frank Sinatra, “el éxito personal es la mejor venganza, la más dulce”. Y sin mover un dedo por hacer daño a nadie.





6 comentarios:

Anónimo

Qué curiosidad que trates todos estos temas a la vez. Yo soy de Valladolid, amante de la obra de Delibes, y soy superdotada. Supongo que soy una de tantos de ese grupo que denominan "fuga de cerebros". Vivo en Estados Unidos. Estoy al tanto del acoso que en mi ciudad se está haciendo al escritor Eduardo Jordá. Mis propios amigos de allá me comentaron la noticia para movilizarme. Leí el artículo en cuestión donde decía que valladolid es una "ciudad triste" y no me quedó otra que darle la razón. Para mí así lo fue durante toda mi infancia. Con los años he acabado viviendo en el extranjero en países donde he sido inmensamente mucho más feliz, donde no sólo no me han puesto la zancadilla constantemente sino que han valorado mi talento. Donde me han dejado vivir en paz. A Delibes no le hubiera gustado constatar que Valladolid ha sido, es y lamentablemente todo parece indicar que seguirá siendo, una ciudad de intransigentes y de gente con la mente muy cerrada. Eso es lo que le hace triste.

Carmen

Querida anónima: no puedo por menos sino agradecerte, con el corazón en la mano, este comentario. No, no es curioso tratar todos estos temas a la vez, porque el tema es el mismo: el acoso a personas. Conozco los Estados Unidos, viví allí un año y sí, lo importante es que se le reconozca a uno el talento y que no nos pongan la zancadilla. Para mí es una hermosa casualidad tu historia, una superdotada de Valladolid que vive en los usa, si es que te doy toda la razón. Mientras tanto, la gente inteligente de por aquí sorteamos las zancadillas como podemos, en mi caso, soy escritora y... No sé si conoces la película y libro "La elegancia del erizo" sobre una portera superdotada y su vecina superdotada de once años, le dice: "usted ha encontrado el escondite perfecto", y vive rodeada de libros y nadie lo sabe. Es una manera de protegerse tan buena como cualquier otra.

Querida anónima: no sólo es Valladolid, no sólo es Valladolid... ¡Gracias, te deseo lo mejor!

Anónimo

Bueno que mal... desahuciado esta quien tiene que marchar a vivir una cultura diferente.... Ya lo dijo mi queridismo Leon Gieco... Las Raices, el lugar de donde uno proviene dice mucho de uno mismo.... Saludos Personas ojala puedan ser felices escapando de su herencia...:)

Carmen

no, si felices somos, y mucho, escribiendo, investigando, leyendo, los infelices son los que envidian eso. Por ser listo hay que protegerse? En España sí, y eso no es nada nuevo. Pero gracias por tus deseos igualmente. somos inmensamente felices, pero que no se sepa, jeje. Carmen. Autora del blog.

mera

Pues claro mi admirada señora, solo queda seguir luchando, pues arrancar lenguas aún es delito, aunque sean viperinas.

Carmen

No es mi propósito arrancar lenguas, sólo digo que aquí sólo hay dos elecciones: el exilio exterior o interior. A mí no me ha quedado más remedio, por salud, que elegir el interior. Veremos qué sale de esto. Un beso y gracias por tu comentario.

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