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Cometer errores





Ciudadano Kane rodeado de periódicos

Leo en la red varias cosas interesantes sobre el hecho de cometer errores cuando lanzas un proyecto empresarial. En varios posts aprendo que el hecho de cometer errores es consustancial al hecho de innovar y que el camino hacia el éxito está empedrado de fracasos.

Leyendo párrafos de libros aquí y allá, entre ellos La Guía del emprendedor: combinaciones transgresoras para crear un negocio único, saco como primera conclusión que en cada crisis hay una oportunidad, oportunidad para reflexionar en qué has fallado y dotarte de recursos para corregir el error o que si vuelves a cometer errores, por lo menos que no sea siempre el mismo;D

La guía del emprendedor, combinaciones transgresoras para crear un negocio único

A lo largo del tiempo, uno aprende que ninguna idea es ridícula y que nunca lo sabrás si no lo intentas. No es difícil tener buenas ideas, el talento no es tan inusual, lo verdaderamente difícil es poseer la inteligencia necesaria para dotarte de los recursos adecuados para gestionar ese talento.

No hay que confundir actividad con logro, y respecto a la gestión de equipos y concreción de objetivos, es muy representativo el caso del emprendedor Bill Gross que creó IdeaLab. Gross ha pasado a la historia de la tecnología como uno de los grandes perdedores del negocio digital, por ser irreflexivo y caótico y por aburrirse rápidamente de los proyectos que emprendía. Aunque lo de ser un perdedor es bastante relativo, porque comenzó vendiendo sus ideas por un millón de dólares y muy poco después creaba proyectos empresariales para los demás por más de mil millones de dólares.

Cuando estudié hace tiempo un master de Empresa, conocí a un economista que me comentó que en el mundo de la empresa pasaban cosas muy curiosas: gente aparentemente desconocedora del mercado en el que se quiere integrar, pero con una gran intuición, y que luego resulta que la empresa funciona estupendamente. Esto es así, me decía, los economistas estamos para asesorar, pero una buena idea no es patrimonio exclusivo de los economistas, para nada. Siempre viene bien asesoramiento empresarial, hay que procurarse ese apoyo, pero si tienes una buena idea, síguela.

Y en estas vicisitudes del emprendedor novato, recuerdo el clarificador caso de Orson Welles cuando llegó a dirigir Ciudadano Kane con sus tiernos 25 años frente a un equipo técnico experimentado y allí mismo les soltó un gran discurso sobre el cine y de qué iba a ir la película. Todo el equipo escuchó expectante durante bastante tiempo, intentando asimilar el mensaje filosófico del film que el director intentaba transmitir, hasta que un técnico le increpó a Welles: Sí, sí, todo eso está muy bien, pero, ¿dónde ponemos la cámara?, y todos estallaron en una sonora carcajada. Welles aprendió la lección y empezó a devorar películas, una tras otra, durante todo el rodaje, para aprender a hacer cine.

Terminado el rodaje, Orson Welles, un inexperto total en la dirección de cine, pero bregado previamente en el teatro y en la radio, terminó poniendo la cámara pero que muy bien puesta. En realidad creó mil posiciones de cámara distintas, y de paso revolucionó la historia de la gramática del cine.

Y tú, ¿dónde vas a poner la cámara?



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