Buscar

Huir de los depredadores





Estoy releyendo un libro que leí hace mucho tiempo, Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, un compendio de cuentos y mitos sobre la femeneidad y la necesidad de toda mujer de expandir al máximo el ser libre que lleva dentro. Entre otros, repasa los mitos de Sherezade, que consigue evitar su propia ejecución durante mil y una noches, contando una historia diferente cada noche, y consigue sobrevivir. Como dice esta escritora, “sólo mediante la astucia una chica deja de ser ingenua y se convierte en mujer”. A través del mito de Barba Azul, Clarissa Pinkola avisa de la necesidad de protegerse de los depredadores. Los depredadores no son sólo los violadores en serie, los depredadores pueden ser: El que no quiere que avances en tu carrera. El que necesita sentirse superior simplemente por una cuestión de género. El que, hagas lo que hagas, nunca será suficiente. El que no te deja ver a las amigas. El que jamás te deja salir sola por la noche. El que espera sea más importante prepararle la cena antes que terminar el último capítulo de tu libro (¿para qué están las latas? O mejor, dile… ¡ponte a cocinar, hombre!)

Mujeres que corren con los lobos

Los depredadores existen, en todas partes, este libro se refiere sobre todo a los varones, pero los hay en los dos sexos, y hay que huir de ellos como de la peste. Según esta autora, conectar con tu lado salvaje y auténtico es tu obligación. O sea, sé tú misma, y olvida los cantos de sirena de una sociedad que quiere dibujarte un traje de represión que ríete de los miriñaques del siglo XIX. Como dice un amigo mío: “Ni en mi mente ni en mi cuerpo manda el gobierno”.

Entre las mujeres, las depredadoras se convierten en madres neuróticas y obsesivas. Es muy significativo que hoy en día todavía le digan a una: Ay, qué bien, has tenido una niña, son más cariñosas, te cuidará de mayor (¡!) Madres que se empeñan en que sus hijas parezcan modelos de alta costura y las presionan para alejarse de su auténtico Yo, adoptando actitudes pasivas que si Dios no lo remedia, le provocarán sus buenas crisis nerviosas en la mediana edad, si no antes. Convertirse en una dama adaptada a la sociedad, puede llevar consigo un alto precio psicológico a pagar. Y no serlo, también. Cuidado con esas abejas reinas que pretenden poner un corsé de esclavitud a las demás mujeres que no siguen las normas.

Buscando en la red ejemplos famosos de madre depredadora y/o mujer castradora profundizo en el caso de Hildegart Rodríguez, una niña prodigio de la II República que fue concebida por su madre feminista, despótica y autoritaria para crear “a la mujer del futuro“. A los 19 años Hildegart ya se escribía con H.G. Wells y con Havelock Ellis, de quien era traductora. Su madre le negó cualquier relación amorosa y cuando Hildegart quiso levantar el vuelo por sí misma, y atender sola sus cada vez más relevantes compromisos internacionales, la mató de cuatro tiros. Otra madre terrible es la de la película mexicana Como agua para chocolate, donde su personaje decide que la menor de sus hijas no se casará nunca, para así cuidarla toda la vida, decisión que recuerda enormemente otro tipo de madre represora más cercano, la Bernarda Alba de Federico García Lorca. Recuerdo otro caso de madre terrible que me impactó, la progenitora de la actriz Frances Farmer. También despótica y autoritaria, la desequilibró emocionalmente desde niña, y la empujó a cometer todas las barbaridades que luego hizo Frances, que hicieron que su madre la persiguiera aún más.


Frances Farmer
A pesar de sí misma, Frances Farmer se convirtió en una estrella. Su declive comenzó cuando escribió un pequeño relato “Dios se muere”, en el que simplemente manifestaba su propio descubrimiento de la inexistencia de Dios. Fue acusada de atea y comunista por la sociedad de entonces. Aunque siempre he pensado que simplemente Frances Farmer padecía lo que yo llamo una “sinceridad suicida”, una sinceridad que uno suele abandonar en la vida adulta, pero que caracteriza sobre todo a los niños (y los actores son grandes niños, ¿quién sino ellos pueden contarnos la verdad?). Esta sinceridad le acarreó muchos problemas, pero, si tenía que callar, enfermaba.

Buscando información sobre la historia de Frances Farmer, descubro esta canción de Nirvana que desconocía: Frances Farmer will have her revenge on Seattle, y dice la letra: Ella volverá como el fuego, para quemar a los embusteros, y dejar una manta de cenizas en el suelo.



La fuerza interior es intuitiva, apasionada e indómita. Una fuerza que regala a las mujeres la certeza de estar haciendo lo correcto. No permitas que ninguna puerta la cierre. (Clarissa Pinkola Estés)





0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts with Thumbnails