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Llamando a Elena VI



- ¿Elena?
- No. Soy su hija favorita. ¿Vais a tardar mucho?
- ¿Qué?
- Estoy esperando que llame mi novio. ¿Eres Lucía?

Elena le arranca el auricular a su hija favorita con cierta violencia.

- Carmen, vamos a hablar diez minutos. Déjanos en paz. Arrástrate al ordenador y comunica con tu novio con Facebook o con Twenty, mucho mejor, lo propio de tu edad. Hoooola, Lucía. A ver si voy a tener que poner dos líneas, se me ha enamorado la moza.
- Qué bonito.
- Quia. Ya me avisaron todas las amigas cuando me quejaba que no podía dormir cuando era un bebé: tú no tienes problemas, verás cuando venga la adolescencia. Efectivamente.

Silencio.

- Bueno, qué tal el fin de semana, Lucía. Qué has hecho.
- Viajar. Sola.
- Ah, qué envidia, sola. No te quiero ni contar el último viaje con los tres fieras a Port Aventura. Es que ni puedo coger el volante de lo nerviosa que me pongo. Conduce Mario. Es que no paran: ponme el DVD, dame la merienda, que le voy a dar una leche a mi hermano…
- Sí, no es lo habitual que las mujeres conduzcan, ya lo veo que no hay mujeres en la carretera, y no veas cómo te mira el personal en el área de servicio cuando entras sola a pedirte la coca-cola. Aunque yo también tengo ganas de que me lleven, y descansar de conducir...
- Cómo no te van a mirar, con lo buena que estás.
- Ah, pues no, a todo hay quien gane. Había dos niñas de unos diecisiete años que eran todo piernas y tacones, y no veas lo revolucionados que estaban los hombres en el local.
- Ah, eso es alegría.
- Pues sí. Pero… yo creo que todo esto tiene un matiz sociológico. Ellos son mayoría también en la gasolinera.
- Pues es verdad. ¿Por qué?
- Porque ellos tienen la propiedad de los coches, por qué va a ser. Ya sabes que hace poco me he mudado…
- Sí.
- Bueno, pues eso de ser mujer propietaria no es tan habitual como parece. Funcionarios de todo signo se me quedaban pasmados cuando decía que la propietaria era yo y que quería dar de alta la luz, el agua, en fin, todo.
- Qué me dices. Aunque bueno, es verdad, mi casa está a nombre de Mario.
- Mal.
- Sí, ya lo sé. Oye, léete la entrevista a Viggo Mortensen en Mujer moderna, está genial.
- Ay, qué hombre. Guapo y encima todo un hombre del Renacimiento, escritor, actor, pintor, músico… ummm, si es que no le falta detalle.
- Pues mira, lo que más me ha gustado de la entrevista es cuando dice que uno tiene que aceptar que nunca podrá leer todos los libros que quiere leer ni ver todas las películas que quiere ver… lo mismo con todas las artes. Que nuestro tiempo es limitado.
- Ya, bueno, ése es nuestro problema en Occidente, por no creer en la reencarnación jaja, pero tiene toda la razón del mundo. Me leeré la entrevista.
- Bueno, guapa, creo que mi hija Carmen me va a saltar al cuello de un momento a otro. Su novio está en el extranjero en una feria de dos días, quiere llamarla al fijo y creo que no puede refrenar ya más su amor.
- Te lo repito. Qué bonito.
- Sí, sí. Pa ti. Yo no duermo cuando se van a la discoteca. Además, ¿pero tú sabes las canciones que se llevan en el I-Pod? Lo último, Sexy Bitch, ¿te lo traduzco?
- No es necesario.
- ¿Cómo no me voy a preocupar?
- Jajaja, pero si tú y yo cuando éramos jóvenes nos comíamos la noche… Además, esa canción es súper bailable.
- Déjate de chorradas.
- Ánimo, Elena: también superarás esto.
- A ver, qué remedio… Bueno, voy a colgar, vamos a dejar vía libre al enamorado… Besos, guapa
- Besos mil.


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