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Por fin, vienen curvas






Ahora sí que parece que es en serio, que algo se mueve y que muchos medios están saludando una nueva era en la concepción femenina de la belleza, marcada hasta ahora por el ritmo infernal de una mesa de operaciones, una masacre consentida, una espiral de locura vacua en un culto equivocado por el cuerpo. A veces pienso que hemos olvidado que nuestro cuerpo es nuestro santuario. Quién puede decir qué es lo perfecto, qué canon de belleza es aceptable. Nadie.

Un estupendo artículo en el New York Times lo dice muy claro: “A Hollywood le costó años crear la mujer perfecta. Ahora quiere que vuelva la mujer de antes”. Los directores de casting de cine y televisión están buscando tipos de mujer más naturales, hartos de que las actrices parezcan drag queens o strippers. Diez años atrás, una actriz sentía que tenía que operarse para conseguir un papel. Ahora, parecer “falsa” puede quitarte oportunidades. Aunque en realidad el artículo apunta también a que está surgiendo un nuevo tipo de hipocresía: los directores de casting reconocen que no tienen nada contra el bótox, pero sí contra “los trabajos mal hechos”.

Esta tiranía de un mal concepto de la belleza ha hecho estragos sobre todo entre las actrices de cierta edad que se “han operado mal”. Hollywood les ha demostrado con crueldad que nadie le da un papel a una mujer operada, a no ser que sea el de interpretar a una mujer operada (y de éstos, curiosamente, hay muy pocos).

Hace unos años fue refrescante ver a una rotunda Sophie Dahl anunciando el perfume Opium, mostrando un cuerpo esplendoroso, muy alejado de delgadeces extremas. Recientemente, otra modelo con curvas, Lizzie Miller, se atrevió a posar para la revista Glamour con todas sus imperfecciones. Esas fotos hicieron que miles de mujeres escribieran a la modelo expresándole su agradecimiento por la valentía de mostrarse, tal cual era, ante las cámaras. Una modelo que está triunfando precisamente porque son legión las féminas que pueden sentirse identificadas con ella.

Sophie Dahl
Lizzie Miller

Es significativo por ejemplo que el fenómeno de las top models de los años 90 no se haya vuelto a repetir. Las modelos ya son sólo conocidas por su nombre en su entorno laboral, y las mujeres ya no las perciben como modelos tiránicos, e inalcanzables, de belleza. Y un cambio crucial es el hecho de que, desde hace unos años, las marcas cosméticas hayan apostado por ser representadas por actrices y modelos de 40, 50 y 60 años, que se acercan mucho más al público real que es el que efectivamente compra las cremas.

Es reconfortante esta vuelta de la naturalidad. Es reconfortante saber que es muy lícito pedir que nos quieran como somos. Muchas sabemos que sólo Angelina Jolie tiene esos labios, y que cualquier imitación es eso, sólo una burda imitación. Está bien que surjan modelos de mujer con las que nos podemos identificar. Mujeres que demuestran que, aunque no tengas el muslo perfecto, tu ángel interior puede iluminar a la cámara. Justo lo que no se puede operar, suele ser lo mejor de cada uno.

Si la dictadura de la falsedad toca a su fin, o a una importante revisión al menos, alcemos las copas, chicas, que bien sabido es que la auténtica belleza interior es lo que hace relucir a una mujer como un espejo bruñido, y al que le guste el artificio, que lo busque, que lo habrá, pero indícale otra puerta del laberinto: justo la que no llega a tu corazón.


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