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Bob Esponja, nos vas a matar





Calamardo pintando un cuadro
Irremediable es para mí hablar de Bob Esponja, esa serie de televisión estadounidense para niños, que merced a su increíble productividad, tiene enganchado a mi vástago al tótem electrónico, y a mí con la cabeza hecha un bombo. Observo que esto es la gallina de los huevos de oro, y que no piensan parar. No sé por qué imagino a un gran equipo, 200, 300 personas, dibujando día y noche, aunque todavía no he podido contrastar este dato. ¿Cuántos capítulos echan al día? Un montón. Ocho temporadas llevan ya según la Wikipedia, y es una serie que ha creado un merchandising apabullante, aunque aún no he logrado encontrar el peluche de Calamardo.

Leo en la Wikipedia que en realidad Bob Esponja transmite mensajes con doble sentido, que los niños no captan pero los adultos sí. Pues conmigo están totalmente perdidos: Es tal la saturación, el bombardeo diario en la televisión, que no me presto a captar ciertas sutilezas lingüísticas. Patricio y compañía ya me están haciendo mirar con furor en diversas páginas web los precios de los auriculares inalámbricos, por cierto, altos, con los que pienso armar a mi vástago para que vea la televisión en el salón, y yo pueda trabajar tranquilamente en el despacho. Renuncio lógicamente a realizar ciertas prácticas sacrílegas, más comunes de lo que creemos, como la de encerrar al niño para que no moleste en su habitación con su tele, su consola y su ordenador. No, no quiero un hikikomori en mi casa. No renuncio que algún día le guste ver Página 2 conmigo, el estupendo programa de libros que echan en la segunda cadena de TVE los domingos. No cerremos puertas, ni creemos fronteras, quiero seguir pensando que a mi vástago le puede interesar cocinar, leer, coser, compartir conmigo momentos de relax en el salón.

Gracias a estos dibujos americanos mi infante plantea la pregunta del millón: Mamá, ¿qué es un universo paralelo?, y acto seguido me formula la siguiente cuestión, y me la lanza a la cara sin anestesia: ¿Qué es una dimensión alternativa?, lo dicen en Hello Kitty. No sé cómo contestarle a éstas y otras preguntas sin adentrarme en los terrenos del pensamiento mágico, un reino maravilloso donde aún habita mi descendiente. Demasiado joven para decirle la verdad: que algunos científicos aseguran que en otra dimensión los nazis ganaron la II Guerra Mundial. O que en otra dimensión, ya nos relacionamos con inteligencias extraterrestres. Vamos a dejarlo estar. Por ahora.

Es de agradecer que los autores actuales de dibujos animados informen a los niños de los últimos, y fascinantes, descubrimientos científicos, esto para mí es revolucionario, y agradezco también a los dibujantes de Código Lyoko que estén formando a la infancia en las nuevas tecnologías, pero también digo que desde que llegó la tele digital, esto es un desastre. Qué tiempos aquellos en que le decías a tu vástago: Cariño, hay dibujos de cinco a seis, luego, búscate la vida. Y no se echaba nada de menos: uno se ponía a dibujar, o a jugar con sus juguetes. Es lo que yo me pregunto: ¿Cómo que dibujos a todas horas? Esto es de locos.


Alicia en el país de las maravillas
En cambio, según mi vástago, Alicia no pasa en realidad a otra dimensión. El país de las maravillas está aquí, con nosotros, en nuestra realidad, y el que no lo sabe ver, es que está completamente ciego. Mi vástago me recomienda que siempre hay que seguir al conejo blanco, y no olvidaré su recomendación en cuanto tenga la suerte de ver uno. Para mí, Alicia es como Matrix, película y trilogía comparten la característica de poder ser visionadas muchas veces, porque siempre aprenderás algo nuevo y siempre te quedarás con la sensación de que te has perdido algo. Ese algo es lo que las hace obras inmortales.

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