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Reuniones, bancos del tiempo y depres femeninas






Banco del tiempo

Leo en El País un interesante artículo sobre el excesivo afán por las reuniones que tienen muchos jefes tanto en la empresa pública como en la privada, y el mucho dinero que pierden las corporaciones en reuniones que no llegan a nada. El artículo no lo dice, pero esto del ansia por las reuniones es una cosa muy masculina, que a lo largo de mi vida profesional he podido constatar. Las mujeres, por regla general, odiamos las reuniones no productivas, (en cambio las productivas son el motor del conocimiento en grupo) en las que por un mal sentido de la cordialidad sus integrantes se pasan preguntándose durante media hora o más, qué tal les va.

He conocido muchas ejecutivas y todas sufrían mi misma enfermedad: rentabilizar el tiempo al máximo, para poder hacer más cosas. Incluso quedar en Second Life me parece una pérdida de tiempo si no se va al grano directamente. Las mujeres pensamos que si algo se puede solucionar por e-mail, no es necesario reunirse. Ellos ansían tomarse la copa después de la reunión. Nosotras, en cambio, ansiamos llegar a casa y preparar la cena. Nuestro tiempo es oro, y no estamos para perderlo. La mayoría de las reuniones de dos horas se podrían resolver en media hora. Me pregunto por qué muchos varones sienten la necesidad de verse las caras continuamente, en un acto que yo califico de pavoneo, porque es una oportunidad inmejorable de explicarse los unos a los otros lo bien que les va, de felicitarse entre ellos como gallos de corral. Los que no son así, son los que sufren las reuniones igual que nosotras.

Curiosamente, reflexionando sobre este mal de la reunionitis, escucho en la radio la existencia de un Banco de tiempo entre mujeres que me parece una excelente idea, un intercambio de favores mutuo: yo cuido a tu niño y tú me riegas las plantas cuando me voy de vacaciones, por ejemplo. Buscando en la red descubro que hay bancos de tiempo para hombres y mujeres repartidos por toda la geografía española. Y me acuerdo ahora de la relevancia del tiempo en Momo, de Michael Ende. En el libro, los hombres grises roban el tiempo a los hombres y mujeres del mundo, tiempo que fuman liado en sus grandes puros. Momo lucha junto a su inseparable tortuga por devolver el tiempo a las hombres, y comprendes leyendo sus aventuras que es un acto de cordura organizar el tiempo real y productivamente, y no malgastarlo en trabajos innecesarios.

Momo y su tortuga

Lo del banco del tiempo me parece un muy buen remedio al que acogerse si se alarga una reunión hasta el paroxismo. Algunos directivos se creen que son Fidel Castro, que nuestro tiempo es suyo, y que tienen derecho a torturar a los demás, haciéndoles pasar calor o hambre durante horas, convocando a los trabajadores en días de fiesta o a altas horas de la noche, y un largo etcétera.

También leo hoy en El País un artículo sobre que las mujeres se deprimen más que los hombres, algo que a mí me parece obvio, pero el texto apunta sobre todo a causas biológicas y tangencialmente a las sociales, cuando yo creo que éstas últimas son determinantes. Cómo no va a deprimir que cueste muchísimo, pero muchísimo más, obtener un buen trabajo si eres mujer. Que si lo consigues, te paguen menos o te despidan en cuanto te quedas embarazada. Cuando la supervivencia de uno se ve amenazada… pues maldita la gracia. También deprime ver que en España hay dos millones de maltratadores y saber que hay muchas mujeres en peligro. Nos creemos que no conocemos a esa gente, pero no es verdad, son conocidos nuestros, generalmente miembros integrados perfectamente en la sociedad. Deprime ver que una es objeto de posible violencia mucho más fácilmente que los varones, porque al fin y al cabo, de lo que estamos hablando es de nuestra santa integridad.

Ése que te mira por la calle… (y todos miran, demasiado, hay cierta insolencia en ello) ¿de qué va?. Luego dicen que las mujeres somos muy cuidadosas… A ver... Ya lo decía José Bono, que quiso hacer pública una lista de maltratadores, y se le echaron encima, que él conocía a senadores muy respetables que maltrataban a sus esposas. Simplemente, cuanta más alta es la clase social, más sofisticado es el tipo de maltrato.

José bono

Contra la depre, chicas, chute de autoestima. Aceptar que somos más pobres que ellos, pero más capaces de reunir, y aquí sí vale la pena decir reunir, nuestro tiempo, sagrado, lleno de cosas grandes y pequeñas que disfrutar. Siempre he pensado que lo de expandir el tiempo, lo de cristalizarlo en mil detalles, es algo femenino, es lo femenino que hay en nosotros.

Saludos y gracias a todos:D

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