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Acéptame






Clara se sienta en el banco de la parada de autobús a esperar a su hijo que viene del colegio. Va vestida discretamente: vaqueros, camiseta blanca y zapatillas, pero aún así puede sentir el cotidiano escrutinio visual con gesto de desagrado por parte de algunas madres, actitud que se repite prácticamente a diario. Su hijo va a un colegio público, pero da la casualidad que la parada del autobús está situada en la puerta de un colegio privado, uno de los más baratos, pero donde los niños llevan uniforme y son los descendientes de familias de clase media venidas a menos por la crisis, pero que se resisten denodadamente a enviar a sus vástagos a un colegio público, porque tienen la esperanza de que su niño haga muy buenas relaciones con otros niños de otras familias más pudientes.

Como siempre, Clara enchufa Radio Macuto y escucha las conversaciones que se producen a su alrededor. Decide en este momento que ya que tiene el suplicio diario de oír bastantes tonterías, que quizás escuchando pueda aprender algo más sobre la condición humana. Ya había observado que estas madres de colegio privado van siempre muy ocupadas. A lo largo de varios meses constató que había muchos festivales a lo largo del curso, y que ellas se preocupaban verdaderamente y empleaban semanas en coser los trajes de sus hijos, en organizarlo todo, y también criticaban sin piedad a las madres que se escaqueaban y no colaboraban en hacer flores de papel que decoraran el escenario.

De repente, dos madres se sientan al lado de Clara en el banco de la parada. Las dos están con sus niños y una de ellas les da la merienda y les hace caso. Pero la otra aprieta una bolsa de El Corte Inglés situada en su regazo con ansiedad. Sin poder esperar más, abre la bolsa y extrae de ella un chaleco rosa de invierno.

- Míralo, Mary, ¿no es precioso? Ay, pero hija, tengo que ir a cambiarlo porque le viene pequeño. Es de Carolina Herrera Children, ah, a mí me gusta todo lo de Carolina Herrera. Me he comprado este otoño dos jerseys de esa marca, ¿te lo dije?

Clara observa con placer que la otra madre, lejos de escucharla, sigue atendiendo a los niños y permanece en silencio. Ve que baja la mirada al suelo y enseguida comprende que ella no compra ropa de Carolina Herrera. Pero es sólo un segundo, y rápidamente sube la mirada y adopta una expresión de dignidad. Clara piensa que si El Corte Inglés sabrá cuanto drama provoca, ahora que hasta las marujas de pro no tienen dinero y se sienten humilladas por tener que ir a Zara o al mercadillo.

La otra vuelve a insistir, ya desalentada y con un puntito de desesperación.

- Pero, ¡míralo bien, míralo bien! Qué bien está cosido, qué patronaje. Tócalo, mira que suave.

A la otra no le queda ya más remedio que tocar la prenda y alabar el buen tacto de su tela levemente satinada.

Clara piensa para sus adentros:

Que no, que no te ha dicho “míralo bien”. En realidad te está diciendo “Puedo comprarlo. Acéptame“.

3 comentarios:

mera

Demoledor.

mera

Demoledor.

Carmen

jaja, lo es, mera? viniendo de ti un halago, sí, bueno, todos tenemos momentos demoledores de realidad, a mí me ha encantado eso de que estuviste escuchando a miembros de la real academia...eso sí es demoledor, gente muy inteligente con ese nivel de exclusión social, ya veo que eres de los míos, con el radio macuto siempre enchufado jeje. Es que se aprende mucho. Un abrazo, mera, gracias por comentar

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