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Come, reza, ama, y hazlo todo con mucha intensidad





Estoy leyendo Come, reza, ama, el gift-seller de Elizabeth Gilbert que está arrasando en todo el mundo, gracias en parte a que la novia de América, Julia Roberts, protagoniza la película inspirada en la novela y todos sabemos que esta chica es todo un taquillazo, un puro cuerno de la fortuna para los productores de Hollywood.

Come, reza, ama de Elizabeth Gilbert
Julia Roberts, protagonista de Come, Reza, Ama

El libro es tan fantástico que siento una enorme felicidad de saber que aún me quedan 200 páginas para terminarlo.Me gustaría que fuera un libro infinito, una historia interminable de lo espiritual. Es un libro que me hace carcajearme y pegar saltos de la risa en la cama. Hacía mucho tiempo que no me reía con un libro así.

La escritora decide viajar a Italia en busca del placer, el placer porque sí, el de la buena comida, el de la musicalidad de un idioma como el italiano. A la protagonista le cuesta mucho al principio dejarse llevar por el placer: Elizabeth es una americana adicta al trabajo, directa heredera de ideas calvinistas y puritanas bastante retorcidas sobre el concepto muy básico de “esto no te lo mereces“. Me encanta eso de aprender un idioma por el puro placer de aprenderlo, aunque no le veas ninguna “utilidad práctica” reconocible de inmediato. Paradójicamente, en esa búsqueda del placer la protagonista se decide por el celibato, esa regla que uno siempre quiere romper, pero que ella decide tomar, porque ve claramente que la solución para olvidar un amor desgraciado no está en meterse entre las sábanas de un nuevo joven y saldar la deuda.

Leyendo sobre el arte de la meditación de la mano de Elizabeth Gilbert, me viene a la memoria un divertido artículo de una revista que una amiga me trajo de Londres. Se llamaba “Meditación para escépticos”, y en él la articulista, una escéptica reconvertida con pasión al yoga, cuenta cómo no es necesario creer en un Yo superior para conseguir relajar cuerpo y mente.

Hay muchos libros y películas sobre viajes iniciáticos, como Thelma y Louise, y un libro que siempre me gusta recomendar, el maravilloso El viaje de Teo, de Catherine Clément, donde el protagonista, un adolescente, sufre una grave enfermedad incurable según los médicos. Su tía, que no cree en nada, pero está desesperada porque su sobrino se cure, lleva al niño por un viaje alrededor del mundo para conocer todas las diversas religiones. Leyéndolo, aprendemos qué no haríamos por un hijo, por un sobrino enfermo: recorrer el mundo y ofrecerle todas las estrellas. Es un libro ideal para un adolescente de unos 15 o 17 años: el poder conocer todas las religiones del planeta Tierra de un sopapo, sin moverse del sofá. Y con un discurso meramente documental, sin querer comerle el coco a nadie, pues en realidad está escrito por una tía amorosa que "no cree en nada".

Hablando de sofás, descubro lo que es conocer el mundo viajando de sofá en sofá. En la red está triunfando el movimiento Couchsurfing, con más dos millones de usuarios en todo el mundo, en el que cedes tu sofá a un viajero por 0 euros y tú también puedes alojarte en casa de alguien, en cualquier parte del mundo, por el mismo precio. Además, hay mecanismos de seguridad, los usuarios puntúan la hospitalidad del propietario del sofá, lo que evita malas experiencias. Me estremezco leyendo los buenos testimonios de los viajeros de sofá: cómo en cualquier lugar del mundo, e inesperadamente, no sólo te ofrecen un sofá, sino también compañía y un inmejorable guía turístico de su propia ciudad.

Couchsurfing, dando la vuelta al mundo de sofá en sofá

Analizo mis lecturas pendientes. Se me acumula la faena. Tengo pendiente leer un dominical estupendo sobre que Shakespeare vive en la nueva ficción de la televisión americana, un Babelia sobre la literatura de humor, un género que me gustaría practicar más, porque eso es como ser una buena actriz de comedia: mucho más difícil hacer reír que llorar.

Leo la entrevista maravillosa a Ingrid Betancourt en El País Semanal, en la que por fin nos abre su corazón, y me propongo leer su último libro, No hay silencio que no termine, un libro escrito en una casa en medio de unas montañas nevadas, porque no soporta el verde del paisaje, un verde que le recuerda a la selva. Decidió encerrarse a escribir este libro después de haberse mostrado excesivamente a los medios y de haber sido duramente criticada por haber reclamado seis millones de dólares al estado colombiano por su secuestro. No entiendo por qué la gente se rasga las vestiduras cuando aquí en España también se indemniza a las víctimas del terrorismo. Me pregunto cómo alguien puede odiar a Ingrid Betancourt, que ha vivido en el infierno y ha vuelto para contárnoslo. Aunque yo veo muy claras las razones de ese odio: su inteligencia brillante, de ésas que abren un túnel en la mente de cualquier lector, es un insulto para muchos. La señora es demasiado excepcional, y encima es una niña rica y ciertamente atractiva. A algunos les duele un montón. ¿Verdad, Maruja?

Conocerás al hombre de tus sueños, Woody Allen

Anoto las películas que me gustaría ver, como Conocerás al hombre de tus sueños, título maravilloso por el que miles de cinéfilas le estamos eternamente agradecidas a Woody Allen. Qué listo es el tío Woody. También quiero ver La red social de David Fincher, que narra los orígenes conflictivos de Facebook, según los críticos, candidata a la película del año. Normal que se pelearan los socios cuando todo esto empezó: la cuestión no era un millón de dólares, la cuestión era de miles de millones de dólares en ganancias.

Aún no he acompañado a Elizabeth Gilbert en su viaje hacia India y Bali, y me cosquillea el cuerpo de placer pensando en lo muchísimo que voy a disfrutar esa lectura. También voy a apuntarme en la web donde habitan los mejores sofás del mundo. El mío está cochambroso, después de que mi vástago lo haya pulido a base de rallajos de bolígrafos y manchas de indescifrable origen, pero es muy confortable y cuento con funda y sábanas limpias. No sé por qué, me inquieta aprender sobre lo que los usuarios de esta web llaman con pasión “la generosidad del otro“.

Un interrail de los sofás.

Gracias, un saludo a todos y hasta pronto:D



1 comentarios:

Natalia Cartolini

Gran película y gran libro, "Comer, rezar, amar". Excelentes recomendaciones que das sobre algunos libros, lo tomaré en cuenta :)

Estoy a punto de empezar a leer el ensayo "Una habitación propia" de la inglesa Virginia Woolf y según su sinopsis me parece espectacular.

Saludos

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