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Estupor y temblores





Estupor y Temblores de Amélie Nothomb
Este estupendo titular no es mío, es el título de un excelente libro de Amélie Nothomb, escritora belga que contó su experiencia como becaria en una gran empresa japonesa. Una experiencia, quiero pensar que exagerada, en la que se narra el proceso de degradación de una trabajadora europea con formación de alto nivel, que de dirigir un departamento pasa a hacer fotocopias, recados y café, y llega un momento que acaba limpiando los baños de la empresa. Ese proceso de degradación es vivido por la protagonista con un espíritu "zen", intentando "verse desde fuera", aunque yo imagino que aguantó para luego poder narrar lo vivido. La expresión Estupor y temblores se refiere a la actitud que los empleados japoneses deben adoptar ante la presencia del jefe, al igual que los súbditos deben manifestar su temor ante la presencia del Emperador.

También yo de estudiante quería viajar a Japón, e incluso participé en un concurso de redacción cuyo premio consistía en una beca para estudiar en Tokio unos meses. Cuando surgió la oportunidad, la rechacé por precaución, y después de leer el libro de Amélie creo que nunca me lo agradeceré bastante.

En Nueva York conocí a una japonesa, Masako, que no hacía más que repetirme que quería viajar a España, porque le habían llegado noticias de que las chicas españolas hacían top-less en la playa. Me contó su vida como Office Lady o “florero de oficina”, que así llaman en esta sociedad a las empleadas japonesas, y el excesivo servilismo que debía mantener para con sus compañeros y jefes varones. Con decir que los USA le parecían enormemente liberales, apaga y vámonos. Una carrera profesional en Japón es impensable para muchas japonesas que abandonan sus empleos en cuanto contraen matrimonio, por lo que Masako decidió simplemente cambiar de tiesto e instalarse en Nueva York para poder tener un futuro profesional. Le debe ir bien. Nueva York acoge con los brazos abiertos a la gente formada y con idiomas, algo que a muchos americanos se les antoja una tremenda exquisitez, el que alguien hable más de un idioma.

En Estados Unidos, de hecho, y ante el progresivo asentamiento de industrias japonesas en el país, sobre todo relacionadas con el mundo del automóvil, hubo un aumento espectacular de demandas por acoso sexual de empleadas norteamericanas hacia sus empleadores japoneses. Una mayoría de éstos se presentaba en el juicio sin saber de qué se les acusaba, porque esas prácticas de acoso son habituales y permitidas en su país, así que no eran conscientes de haber cometido un delito.

Los japoneses vienen aquí de turismo y cuando van en grupo parece que no ven, ni miran. Muchos sólo ven el mundo que les rodea a través de los sofisticados juegos de lentes de sus cámaras digitales. Sin embargo, una vez tuve la gran suerte de vivir una experiencia muy especial gracias a un grupo de turistas japoneses. Estábamos en la Alhambra de Granada, en el Palacio de Carlos V, y allí, justo en el centro del patio circular, uno de ellos se puso a cantar ópera maravillosamente, contento y entregado, percibiendo emocionalmente el hermoso edificio que nos rodeaba. Nos emocionó a todos nosotros, y me sorprendí a mí misma sintiendo como si una luz me asomara a la cara, consciente de estar viviendo un kairos, "la experiencia del momento oportuno".

Japón fue la vanguardia en implementar normas de calidad muy precisas en el campo de la tecnología, o la electrónica, pero era y es un sistema laboral muy rígido en el que se vive para trabajar. Aquí en Occidente nos llegan ecos de Japón, que parecen de ciencia-ficción, y nos admiramos. Por ejemplo, el desarrollo que están teniendo en robótica, pero también sentimos admiración por su increíble historia, el paso de un sistema feudal a uno contemporáneo en muy pocas décadas, y porque es cierto que ese país se ha hecho a sí mismo a fuerza de trabajo. Adoro el sushi, los jardines, los bonsais y los adornos florales. Esa civilización tiene algo misterioso que nos hace soñar…pero también me parece una sociedad muy dura en la que vivir; ya en el metro las mujeres van en vagones separados para que no les metan mano, deporte favorito de muchos japoneses. Me encantaría viajar a Japón de vacaciones, pero me produciría pereza vivir allí, por ahora me quedaré admirando el cine, la tecnología, la comida y la literatura japonesas, aquí, en casita, que como decía mi amiga Masako, es un país tan liberal. Pues menos mal;D

Niguiris y sushi

2 comentarios:

mera

Las sociedades tan rígidas igual general éxito que frustración. Lo dificil es que generen una sensación de libertad.
Un abrazo, Carmen.

Carmen

Queda dicho. Y muy bien dicho. Un abrazo, Mera

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