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Teruel culinario y belleza femenina







Hacía tiempo que no etiquetaba un post en la categoría de “Viajes”, pero este puente del Pilar en Teruel ha sido muy especial. Mi bautismo real en la experiencia de los parques temáticos, por ejemplo. Porque ahora me doy cuenta que la deliciosa visita a un poblado del oeste almeriense con zoo incorporado, tranquila, sin colas, sin estrés, no es lo más común.

Salgo horrorizada de Dinópolis (Teruel) y confirmo una vez más por qué siempre he odiado las aglomeraciones. Tengo una conocida que siempre presume de todas sus visitas a todos los parques temáticos de toda España. Ella cree que no voy porque no tengo dinero y yo me siento confiada y tranquila en esa-su creencia. Y me cuenta: “Sí, lo pasamos muy bien, eso sí, una hora de cola en cada sitio” y yo me carcajeo y me digo: ¿ésa es tu idea de pasarlo bien? Anda que no es grande el mundo para los niños, una pradera llena de amapolas, un mar embravecido, una granja de animales, una tarde preparando una pizza, o galletas, o un bizcocho de limón. Déjate de parques temáticos… otra expresión más de la necesidad de los humanos de “estar en la rueda”. La rueda social.



En Teruel y Segorbe también me doy cuenta de algo muy importante: que soy una alicantina grosera que nunca saluda, porque en estas tierras todo el mundo dice buenos días o buenas tardes, que aproveche, e incluso, muy a menudo, “que le vaya bien”. Al segundo día aprendo la lección y saludo a todo el mundo.

En el parador de Teruel, redescubro el placer de comer bien. Una familiar me advierte que un cliente del buffet está desayunando con vino, y pienso “qué menos“, un estupendo vino de la tierra para acompañar esas sabrosas tartaletas calientes de salchichas, bacon, tortilla. Un desayuno de cazador. O un fabuloso brunch norteamericano, esa mezcla entre breakfast y lunch, ese desayuno-almuerzo de domingo que te pone las pilas para todo el día. A la hora de la comida descubro lo que es una ensalada mudéjar: canónigos, queso de cabra, nueces, bacon y vinagreta de miel. Saboreo un salteado de espinacas tan tierno y jugoso que por fin siento que Popeye me ha convencido para comerlas. De segundo, ternera lechal de 500 gramos que compartimos entre dos.



Pero ahí no acaba el paraíso. Llegamos a la ciudad de Teruel por la tarde, y diluviaba, pero hacía sol, y aparecieron multitud de arcoiris y todos en el grupo pedimos multitud de deseos, uno por cada arcoiris. Por la noche, en la misma ciudad, visitamos un restaurante de tapas, y sentimos placer, casi devoción, al observar que nuestros vecinos de mesa cenan con champán. Todo está delicioso, y comemos unas croquetas tan grandes y sabrosas, que cada una serviría de primer plato único. Probé también el pulpo a la gallega más tierno que he comido en mi vida, y los camareros me rompieron los esquemas con su enorme simpatía, qué auténticos profesionales, no descuidaban la mesa en ningún momento. Se despidieron con su clásico “que vaya muy bien”. Qué buen rollo.

En Segorbe comemos el mejor gazpacho andaluz que he probado nunca y me sirven el solomillo ibérico con mermelada de tomate y virutas de puerro en una especie de pizarra rectangular… Vengo tan encantada de toda esta experiencia culinaria que decido cocinar para este fin de semana alubias de la granja con almejas, atún a la bilbaína, crostinis de langostinos y también prepararé mi primera ensalada mudéjar. Teruel me ha inoculado por la vena el placer de cocinar, placer abandonado durante un largo y agobiante verano en el que nadie ha cocinado.






Durante el viaje, como siempre, leo los periódicos y leo a Elvira Lindo en el suplemento de domingo de El País, y como siempre también, me sorprendo de la coincidencia de los temas tratados, de sus apetencias, de sus gustos, muy parecidos a los míos. Habla de la belleza femenina y de la supuesta competencia entre mujeres, pero Elvira dice “Cómo no mirarla“ (a Kate Moss). Y también dice: “Hay mujeres que no saben estar sentadas al lado de una mujer bella“, y la critican diciendo que es tonta o lo que sea. Y digo yo: qué es eso de la envidia, qué es eso, señoras, esto es cuestión de admirar, imitar, emular. Y la escritora añade que al igual que es vulgar que un hombre no sepa apreciar la belleza masculina, las mujeres también deberíamos obtener placer deleitándonos con la belleza femenina. ¿Pero habrá algo mejor que una amiga guapa? Tu amiga llega al local de turno, se liga a todos los tíos habidos en él y tú te quedas con los descartados, ¿no es fantástico?

Para terminar os pongo una magnífica canción de Carmen Paris, cantante a la que adoro y que nació en Tarragona, pero que nunca olvidó sus orígenes turolenses, una mañica que canta “jotera lo serás tú”.



Gracias, un saludo y hasta pronto:D


2 comentarios:

mera

Muy rico todo, coincido en tu opinión de Elvira Lindo. En lo que escribo, a mi señora le llamo mi Santa en modesto homenaje a su Ilustre Santo y tantas veces inspiración. Mi Santa cuando comento de un bellezón fuera de la tele dice: Jose, Lo de los barcos y los faros te ha machacado el gusto...Recientemente he empezado a alabar las virtudes de los callos. ¿pues no sé que le vés?, es fea y además pedante. Mi Santa queda más contenta y yo encantado.

Carmen

Claro, jaja, tú sí que sabes... sí, conozco a parejas que se lo pasan pipa así, diciendo ésta es fea, ésta no... porque cada uno tiene sus gustos, pero yo tampoco me corto un duro: digo éste está buenísimo o éste es más feo que pegarle a un padre por navidad jaja, sí, y el otro se queda muy a gusto... :D bsos

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